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Un corazón abierto a otros

Este capítulo recoge una de las últimas oraciones del Señor Jesús frente a sus discípulos justo antes de entregarse y morir. Un capítulo lleno de ternura y de la preocupación del Señor por los suyos. El Dios creador de todo tomó a unos pocos hombres a su cuidado para que conocieran al Padre y crecieran en unidad con Él. Este ejemplo nos ha dado a nosotros para que también cuidemos de otros para darles a conocer al Padre.

¿Somos creyentes solitarios e individualistas, o somos como una madre para otros?.

Los milagros, la casualidad, Dios.

Hace unos meses en un vídeo de 50 cosas sobre mí, os conté que había sido testigo de un suceso sobrenatural. Nunca pensé que os lo iba a contar, pero, cambié de opinión.

Dejadme que os ponga en antecedentes.

Soy pastor evangélico. Algunos nos llaman pastores bi vocacionales, básicamente porque tengo mi trabajo con el que pago mis facturas, pero tengo una segunda vida en la que estoy involucrado en las vidas de muchas personas. El trabajo de pastor implica muchas cosas, algunas muy felices, pero otras muy tristes, experiencias que te consumen, que te vacían emocionalmente. Y a veces, existen experiencias contadas, donde ves por el rabillo de ojo como lo sobrenatural irrumpe en tu vida.

Hay dos cosas que tenéis que saber sobre el Dios de la Biblia.

La primera es que lo sobrenatural es que viene disfrazado de casualidad. Digámoslo de otra manera, Dios interviene muy a menudo, pero le encanta hacerlo de incógnito, sin que se note que es Él. Para mí esto es lo más maravilloso. Dios es muy caballeroso y discreto, busca hacer el bien, pero no está interesado en llevarse la reputación. Y esto lo he visto muchas veces.

La segunda es que Dios, muchas veces obra in extremis. Cuando la situación es más desesperada, cuando la ayuda no viene y ya casi estás resignado al desastre, en ese momento Dios viene como el séptimo de caballería, como una cuerda que baja del cielo en el momento más crítico.

Y ahora os cuento lo que ocurrió aquel día.

Estaba muy cansado. La vida de un pastor suele serlo. Había trabajado todo el día, y había tenido reuniones y actividades durante la semana, después del trabajo. Lo que menos me apetecía era tomar un taxi e irme al hospital a visitar a un hombre moribundo y su esposa rota de dolor. Lo que menos me apetecía para mi estado de ánimo era ir a aquella escena de muerte, tristeza y despedida.

Pero no sé por qué, hice lo correcto, paré un taxi y me fui rumbo al hospital.

Ahora cambiamos de escena. En el hospital la situación se ha puesto al límite. Antonio, aquel hombre de mi iglesia está a punto de morir, su esposa, Concha, recibe la noticia del médico. Con ella hay un matrimonio de la iglesia que la acompañan. El médico, consciente de la situación dice:

-Si quieren, puedo llamar a un sacerdote.

Para un evangélico, que encima es una minoría religiosa en España, es desesperante eso. Concha responde.

-Nosotros somos cristianos evangélicos, no tenemos sacerdotes, tenemos pastores.

Pero claro, no hay ningún pastor cerca. Así que todos están desolados, Antonio va a morir y no hay un pastor cerca de él que le acompañe.

En ese momento, se abren las puertas del ascensor, y aparezco yo. Lo que yo veo es a Concha y a ese matrimonio que se giran a mí y se quedan con la boca abierta. Justo acaban de decirle al médico que ellos tienen pastores. Justo en ese momento.

La historia no termina a mí. Rápidamente me ponen al día, Antonio va a morir. No sé si habéis asistido a un moribundo. Es terrible. Yo no quiero entrar en esa habitación. Puedo oler la muerte. Prefiero quedarme con la viuda, tomándole la mano y diciéndole palabras de ánimo, cualquier cosa antes de entrar en esa habitación llena de oscuridad. Pero me invitan a pasar. Me piden que pase.

Antonio está en la cama. Sufre un agudo episodio de enfisema. La gente que muere así no tiene una muerte rápida, es una muerte lenta y agónica. Boquean como peces a los que has sacado del agua. Tiene la espalda completamente arqueada, luchando por sacar todo el aire que pueda, aunque tiene una máscara de oxígeno. Se oye la respiración.

A un lado de la cama está Concha, su esposa, al otro lado estoy yo. Y Concha comienza a despedirse. Es la escena más triste que he visto nunca. Con un amor y una ternura inmensas empieza a decirle:

-Has sido siempre un buen marido, nunca me has gritado y me has tratado bien. Yo quisiera que te quedaras conmigo, pero te tienes que ir.

Aquellas palabras me rompen el alma. Guardamos silencio. Concha me pide que ore. Así que de manera espontánea hablo con Dios. Luego Concha ora. Saco mi Biblia y leo un pasaje reconfortante que habla del amor de Dios por nosotros, un amor tan intenso que ni la muerte nos puede separar de Él.

Van pasando las horas. Las once de la noche. Las doce. No puedo más, me siento un rato. Pero Concha tiene fuerzas sobrehumanas. Sigue de pie, al lado de su marido, mirándolo con ternura.

En algún momento Antonio morirá, así que sigo esperando. Ya no queda nadie con Concha, y no quiero dejarla sola.

Y entonces, a la una de la madrugada, con el hospital entero en silencio, algo ocurrió en aquella habitación. Una presencia luminosa y llena de amor bajo. Aquella presencia era tan real que Concha y yo nos miramos a los ojos. Aquella presencia bañaba todo con un profundo consuelo. No me atrevía a decir nada, pero Concha me dijo.

-Julio, ¿es un ángel?.

-No Concha, es Dios mismo, aquí.

No recuerdo mucho más. Sé que oramos. En mi interior tuve una certeza, Antonio no iba a morir esa noche. Así que se lo dije:

-Concha, Antonio no va a morir hoy, así que ve a descansar.

Le di un beso, y me fui a casa. Antonio no murió aquella noche, ni aquella semana. Murió meses después. Hay experiencias que el tiempo distorsiona, pero eso que viví lo recuerdo con perfecta claridad.

Concha ha muerto este año. En alguna ocasión he contado esta experiencia en público, con Concha presente. Ahora Concha y Antonio están junto, disfrutando de Aquella presencia que nos visitó esa noche. Ambos son creyentes y en sus vidas reconocieron que esa misma presencia nació hace 2000 años en un tugurio pobre, ocupado por la Roma Imperial, esa presencia llamada Jesús de Nazareth, quien se hizo cercano a nosotros y alivió el sufrimiento de muchos. Esta presencia hecho hombre fue a la cruz a cumplir la sentencia judicial en lugar de nosotros, los humanos culpables, para reconciliarnos con Dios, y hacer posible que lo que para mí fue una experiencia puntual, para cada uno sea una experiencia sin fin.

Teología puritana, más necesaria que nunca

 

 

Me preocupa la deriva teológica humanista y consumistas.
La sustitución de la Palabra por la autoridad de hombres.
La ignorancia de la Biblia y de las grandes doctrinas de la Biblia.
Un cristianismo ignorante es un cristianismo débil por que el que no vale la pena vivir.

“Se afirma la gran verdad de que el fin de la vida de todo hombre debería ser glorificar a Dios, lo cual tiene que ver con las tres personas de la Trinidad: Dios el Padre, que nos dio vida; Dios Hijo, que perdió su vida por nosotros; y Dios el Espíritu Santo, que produce vida en nosotros”.

Glorificar a Dios supone cuatro cosas: 1) el aprecio, 2) la adoración, 3) el afecto y 4) la sujeción. Esta es la renta anual que pagamos al Rey del Cielo.

Si es tan terrible oír el rugido del león, ¿qué será cuando él empiece a desgarrar a su presa? “Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre” (Sal 50:12). ¡Ojalá los hombres que continúen pecando pensaran esto! ¿incitaremos al gran Dios a ponerse en contra nuestra? Dios tarda en golpear, pero lo hace con fuerza: “¿Tienes tú un brazo con el de Dios?” (Job 40:9). ¿Puedes dar semejante golpe? Dios es el mejor amigo, pero el peor enemigo: si puede llevar a los hombres a la tumba, ¿cuan lejos podrá lanzarlos? “¿Quien conoce el poder de (su) ira?” (Sal 90:11) ¡Qué necios son los que por un sorbo de placer, se beben todo un mar de ira!. Paracelso habla de una locura que algunos padecen, que les hará morir entre danzas; los pecadores, pues, descienden al Infierno bailando.

Si hemos creído que hay un Dios, deberíamos depender tanto de su providencia que no utilizásemos instrumento indirecto alguno; no tendríamos que recurrir al pecado para salir de las dificultades: “¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?” (2 R 1:3) Cuando los hombres recurren a artimañas pecaminosas, ¿no es acaso porque no creen que haya un Dios o que él sea todopoderoso?.

Si Dios es infinito en todas partes, no le limitemos: “Y ponían límite al Santo de Israel” (Sal 78:41 RV1909). Limitar a Dios es confinarle dentro del restringido ámbito de nuestra razón. La razón piensa que Dios debe actuar de una determinada manera o, de lo contrario, el asunto no se llevará a cabo.
Dios escogerá su propia manera de actuar; desconcertará y dejará perpleja a nuestra razón; obrará a través de improbabilidades; y salvará de un modo que, en nuestro parecer, debería haber causado más bien destrucción. Él actúa según su propia naturaleza, como un Dios infinito y “hacedor de maravillas” (Sal 86:10).

El mismo poder que sacó a Cristo del sepulcro y lo llevó al Cielo es el que atrae hacia Dios al pecador (Ef 1:19). En la conversión se emplea más poder que en la creación, ya que, cuando Dios hizo el mundo, no encontró oposición alguna – no tenía nada que lo ayudara, ni tampoco nada que lo estorbara-; pero para convertir a un pecador sí que encuentra oposición.
El mundo fue hecho por los dedos de Dios (Sal 8:3), pero la conversión es obra de su brazo (Lc 1:51). En la creación, Dios sólo h hizo un milagro, diciendo la palabra; pero en la conversión lleva a cabo muchos milagros; el ciego ve, el muerto es resucitado, el sordo oye la voz del Hijo de Dios…

Dios es libre, en su propio corazón, para salvar a uno y no a otro, sin que su justicia se vea en absoluto impugnada o manchada. Si dos hombres te deben dinero, puedes, sin cometer injusticia, perdonar la deuda de uno y exigirla del otro. Si dos malhechores son condenados a muerte, el rey puede perdonar a uno y no al otro: no está siendo injusto si deja a uno sufrir, porque ha transgredido la ley; ni tampoco si salva al otro, porque estará haciendo uso de su prerrogativa como rey.

Dios es tan fiel a sus amenazas como a sus promesas. Para mostrar su verdad, él ha ejecutado sus amenazas y ha permitido que los rayos del juicio cayeran sobre los pecadores en esta vida. Él hirió a Herodes en su acto de orgullo, y ha castigado a blasfemos como Olimpio, obispo arriano que censuró la bendita Trinidad y blasfemó contra ella, e inmediatamente cayeron sobre él rayos del Cielo, y lo fulminaron. Temamos la amenaza para que no tengamos que experimentarla.

No existe tal cosa como el destino ciego, pero sí hay una providencia que guía y gobierna el mundo: “La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella” Pr 16:33.

Tratado de teología, de Thomas Watson

watson_-_tratado_teolog_a1Acabo de terminar el que se ha convertido en uno de mis libros favoritos. Que conste que hice un par de intentos de empezarlo, pero la lectura ha sido de una inmensa bendición para mí. Como diría Spurgeon el aire de los puritanos es más claro, más puro, porque viven más cerca del Cielo, todo en ellos es Biblia, el centro es Cristo y su evangelio. Lejos de los nuevos libros “cristianos” que tienen más que ver con la auto ayuda y el alcanzar tus metas, Thomas Watson, como Ryrie, como Bunyan, como Spurgeon, se ocupan en los grandes temas de la vida cristiana.
He querido recopilar algunas de las citas que fui subrayando en mi lectura. Estoy seguro que una segunda lectura será de mayor bendición aún.

“Se afirma la gran verdad de que el fin de la vida de todo hombre debería ser glorificar a Dios, lo cual tiene que ver con las tres personas de la Trinidad: Dios el Padre, que nos dio vida; Dios Hijo, que perdió su vida por nosotros; y Dios el Espíritu Santo, que produce vida en nosotros”.

Glorificar a Dios supone cuatro cosas: 1) el aprecio, 2) la adoración, 3) el afecto y 4) la sujeción. Esta es la renta anual que pagamos al Rey del Cielo.

La trinidad que ellos adoran son: “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” 1 Jn 2:16. La concupiscencia es un deseo o impulso desordenado que incita al alma a hacer lo malo. Existen la concupiscencia vengativa y la concupiscencia lasciva.

Si es tan terrible oír el rugido del león, ¿qué será cuando él empiece a desgarrar a su presa? “Entended ahora esto, los que os olvidáis de Dios, no sea que os despedace, y no haya quien os libre” (Sal 50:12). ¡Ojalá los hombres que continúen pecando pensaran esto! ¿incitaremos al gran Dios a ponerse en contra nuestra? Dios tarda en golpear, pero lo hace con fuerza: “¿Tienes tú un brazo con el de Dios?” (Job 40:9). ¿Puedes dar semejante golpe? Dios es el mejor amigo, pero el peor enemigo: si puede llevar a los hombres a la tumba, ¿cuan lejos podrá lanzarlos? “¿Quien conoce el poder de (su) ira?” (Sal 90:11) ¡Qué necios son los que por un sorbo de placer, se beben todo un mar de ira!. Paracelso habla de una locura que algunos padecen, que les hará morir entre danzas; los pecadores, pues, descienden al Infierno bailando.

Si hemos creído que hay un Dios, deberíamos depender tanto de su providencia que no utilizásemos instrumento indirecto alguno; no tendríamos que recurrir al pecado para salir de las dificultades: “¿No hay Dios en Israel, que vais a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?” (2 R 1:3) Cuando los hombres recurren a artimañas pecaminosas, ¿no es acaso porque no creen que haya un Dios o que él sea todopoderoso?.

La verdadera agua bendita no es la que rocía el papa, sino aquella que destila de los ojos del arrepentido.

Si Dios es infinito en todas partes, no le limitemos: “Y ponían límite al Santo de Israel” (Sal 78:41 RV1909). Limitar a Dios es confinarle dentro del restringido ámbito de nuestra razón. La razón piensa que Dios debe actuar de una determinada manera o, de lo contrario, el asunto no se llevará a cabo.
Dios escogerá su propia manera de actuar; desconcertará y dejará perpleja a nuestra razón; obrará a través de improbabilidades; y salvará de un modo que, en nuestro parecer, debería haber causado más bien destrucción. Él actúa según su propia naturaleza, como un Dios infinito y “hacedor de maravillas” (Sal 86:10).

El conocimiento de Dios es retentivo: Él jamás olvida nada de lo que sabe. Dios tiene reminiscentia además de intelligentia, y recuerda al igual que comprende. A nosotros se nos escapan muchas cosas de la mente, pero el conocimiento de Dios se prolonga por toda la eternidad. Para él está tan fresco lo que sucedió hace mil años como si se hubiera producido en el último minuto: por eso es perfecto en conocimiento.

La ignorancia es la nodriza de la impiedad.

Él “ve en lo secreto” (Mt 6:4). Al igual que el comerciante anota las deudas en un libro, Dios tiene su diario, donde anota cada pecado. … Absalón enmascara su traición pretendiendo un voto religioso; Judas encubre su envidia de Cristo y su codicia bajo la apariencia de caridad hacia los pobres (cf Jn 12:5). Jehú utiliza la religión para impulsar su ambicioso plan (cf. 2 R 10:16) Pero Dios ve a través de estas hojas de higuera.

La consideración de la omnisciencia divina prevendría muchos pecados.

Sufrir constituye la herencia de los santos, si la Cabeza ha sido coronada de espinas, los pies no andarán por camino de rosas.

Los malvados hieren las espaldas de los santos, y luego, les ponen vinagre en las heridas; pero Dios anota su crueldad. Los creyentes son parte del cuerpo místico de Cristo, y por cada gota de sangre derramada de un santo, Dios pone en su frasco una gota de ira.

La razón por la que el pecado cometido en un tiempo breve se castiga eternamente es porque cada pecado se comete contra una esencia infinita, y nada más que un castigo eterno puede ser suficiente. ¿Por qué se castiga la traición con la confiscación de bienes y la muerte si no es porque se comete contra la persona del rey, que es sagrada?. Mucho más, entonces, la ofensa contra la corona y la dignidad de Dios tendrá un carácter infame e infinito, y no podrá satisfacerse mas que con el castigo eterno.

Los perversos tienen un gusano que nunca muere (Mr 9:44), y los piadosos una corona incorruptible,

¡Piensa en la eternidad! Annos aeternos in mente habe. Hermanos, cada día estamos viajando hacia la eternidad; y ya sea que durmamos o que velemos, continuamos nuestro viaje.

Si el decreto de Dios es eterno e inmutable, entonces Dios no elige previendo nuestra fe, como sostienen los arminianos: “Pues no habían aún nacido, ni habían aún hecho ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese… se le dijo: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí” (Rm 9:11-13). No somos elegidos por la santidad, sino para la santidad ( Ef 1:14). Si no somos justificados por causa de nuestra fe, mucho menos somos elegidos por ella. En Efesios 2:8, se nos dice que somos justificados por medio de la fe como instrumento, pero no por la fe como causa; y si no somos justificados por causa de la fe, mucho menos es ella la causa de nuestra elección. El decreto de la elección de Dios es eterno e inmutable, por tanto, no depende de una fe prevista: “Creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hch 13:48). No fueron elegidos por haber creído, sino que creyeron por haber sido elegidos.

El mismo poder que sacó a Cristo del sepulcro y lo llevó al Cielo es el que atrae hacia Dios al pecador (Ef 1:19). En la conversión se emplea más poder que en la creación, ya que, cuando Dios hizo el mundo, no encontró oposición alguna – no tenía nada que lo ayudara, ni tampoco nada que lo estorbara-; pero para convertir a un pecador sí que encuentra oposición.
El mundo fue hecho por los dedos de Dios (Sal 8:3), pero la conversión es obra de su brazo (Lc 1:51). En la creación, Dios sólo h hizo un milagro, diciendo la palabra; pero en la conversión lleva a cabo muchos milagros; el ciego ve, el muerto es resucitado, el sordo oye la voz del Hijo de Dios…

El poder de Dios es inagotable; jamás se gasta ni se desperdicia; los hombres debilitan su fuerza cuando la utilizan, pero Dios tiene un manantial inagotable de fuerza en sí mismo (Is 26:4) y, aunque emplee ss flechas contra sus enemigos (Dt 32:23), jamás se consume su fuerza: “No desfallece, ni se fatiga con cansancio” (Is 40:28).

El mejor de los hijos de Dios tiene alguna cosa en sí que merece el Infierno.

Dios es libre, en su propio corazón, para salvar a uno y no a otro, sin que su justicia se vea en absoluto impugnada o manchada. Si dos hombres te deben dinero, puedes, sin cometer injusticia, perdonar la deuda de uno y exigirla del otro. Si dos malhechores son condenados a muerte, el rey puede perdonar a uno y no al otro: no está siendo injusto si deja a uno sufrir, porque ha transgredido la ley; ni tampoco si salva al otro, porque estará haciendo uso de su prerrogativa como rey.

Dios es tan fiel a sus amenazas como a sus promesas. Para mostrar su verdad, él ha ejecutado sus amenazas y ha permitido que los rayos del juicio cayeran sobre los pecadores en esta vida. Él hirió a Herodes en su acto de orgullo, y ha castigado a blasfemos como Olimpio, obispo arriano que censuró la bendita Trinidad y blasfemó contra ella, e inmediatamente cayeron sobre él rayos del Cielo, y lo fulminaron. Temamos la amenaza para que no tengamos que experimentarla.

Al Infierno se va por muchos caminos, y los hombres pueden escoger el que mejor les parezca; peero sólo existe un camino directo al Cielo, a saber, la fe y la santidad.

El apóstol menciona la trinidad del hombre perverso: “Los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Jn 2:16). Los deseos de la carne son el placer; los deseos de los ojos, el dinero; y la vanagloria de la vida, la honraa. ¡Presta atención a esto! Cualquier cosa que deifiques además de a Dios se te convertirá en zarza, y de ella saldrá un fuego que te devorará (Juec 9:15).

Hay dos libros que Dios empleará para juzgar y condenar a los paganos, a saber: el libro de la conciencia- “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones” Rm 2:15- y el libro de la creación: “Las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles… por medio de las cosas hechas” Rm 1:20.

No descansemos nunca hasta que volvamos a reflejar la imagen divina. Ahora llevamos la imagen del diablo, en orgullo, malicia y envidia; busquemos la restauración de la imagen de Dios, que consiste en conocimiento y justicia. La gracia es nuestra mejor hermosura, que nos hace como Dios y como los ángeles. Lo que el sol es para el mundo, la santidad lo es para el alma. Vayamos a Dios para que él repare su imagen en nosotros: “Señor, tú, que me hiciste una vez, hazme de nuevo, el pecado ha borrado tu imagen en mí; ¡dibújala otra vez con el lápiz del Espíritu Santo!”.

No existe tal cosa como el destino ciego, pero sí hay una providencia que guía y gobierna el mundo: “La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella” Pr 16:33.

El decreto determina las cosas que ocurrirán; la providencia de Dios las ordena.

Como bien señalará Agustín: “Estamos en deuda con los hombres perversos, quienes nos hacen bien en contra de su propia voluntad”.

Las cosas que a nosotros nos parecen irregulares, Dios las utiliza para su propia gloria. Supón que estás en una herrería y ves varias clases de herramientas, algunas retorcidas, otras arqueadas… el herrero hace uso de todas ellas para efectuar su trabajo.

Es bueno prestar atención a la Providencia, pero no debemos convertirla en nuestra regla de andar. La Providencia es el diario del cristiano, pero no su Biblia.

El pecado es la única cosa hacia la que Dios siente antipatía. Dios no aborrece a alguien porque sea pobre o despreciado en el mundo… pero lo que despierta la intensa aversión de Dios es el pecado (Jer 44:44) ¿Permitirá Dios que el hombre al que aborrece viva con Él?. Dios jamás meterá una víbora en su seno.

El pecador es la persona que más cosas se niega a sí mismo, ya que su pecado le privará de un sitio en el Cielo.

Llevas un infierno contigo, y contaminas cualquier cosa que haces; tu corazón, como un fondo de lodo, ensucia el agua más pura.. ¡Ah, cuanto debería humillarnos el pecado original! Esa es una de las razones por que Dios ha dejado en nosotros ese pecado: para que los tengamos como un aguijón en nuestro costado que nos humille (2 Co 12:7). Así como el obispo de Alejandría, cuando la gente hubo abrazado el cristianismo, destruyó todos los ídolos de ellos menos uno, para que la vista de esa estatua les hiciera aborrecerse a sí mismos por su idolatría pasada.

Los pecadores quieres ser esclavos, no desean obtener la libertad: besan sus cadenas.

La eternidad será poco para alabarle. A los músicos les gusta interpretar su música en el lugar que más resuela; y a Dios le encanta otorgar sus misericordias allí donde pueda obtener las alabanzas más sonoras. Tú que tienes la recompensa de los ángeles, haz el trabajo de los ángeles. Comienza aquí esa labor de alabanza que esperas llevar a cabo eternamente en el Cielo.

Donde Cristo es Salvador, también es Santificador. “Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1:21).

Tal vez (el incrédulo) tenga más perspicacia para las cosas de este mundo que los creyentes, pero no percibe “lo profundo de Dios” (1 Co 2:10). Un cerdo puede ver una bellota bajo una encina, pero no es capaz de percibir una estrella. Los que son enseñados por Cristo entienden los arcana imperii (secretos de Estado), los misterios del Reino de los Cielos.

No debemos pedir razón de la voluntad divina; es peligroso husmear en el Arca de Dios. Nuestro cometido no es discutir, sino adorar.

El hombre soberbio es la diana a la que Dios dispara, y él nunca yerra el blanco. Arrojó del Cielo al orgulloso Lucifer; derribó de su trono al engreído Nabucodonosor, e hizo que comiera hierba (Dn 4:25). ¡Sé, por tanto, humilde como Cristo!.

Resulta absurdo pensar que Dios justifique a personas y que estas continúen pecando. Si Dios justificara a las personas y no las santificara, estaría justificando a unas personas a las que no podría glorificar. Un Dios santo no puede poner a un pecador en su seno. El metal se refina primero antes de ponerse sobre el mismo el sello del rey; de igual manera, el alma se purifica primero con la santidad antes de que Dios ponga sobre ella el sello de la justificación.

Los piadosos están sellados con un doble sello: el sello de la elección (“Conoce el Señor a los que son suyos”) y el sello de la santificación (“Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”). … Supone una vergüenza tan grande llamarse cristiano y carecer de santidad como ser mayordomo y no tener fidelidad, o decir que se es virgen sin poseer castidad.

La Biblia tiene una virtud transformadora: ilumina la mente y consagra el corazón.

La seguridad nos hará satisfechos aunque poseamos poco en el mundo. El que tiene lo suficiente está contento; el que cuenta con la luz del sol se siente satisfecho, aunque no posea candil alguno.

Latimer dijo: “Cuando estoy sentado a solas, y tengo una seguridad firme con respecto al estado de mi alma, y sé que Dios es mío, soy capaz de reirme de todos los problemas, y nada me atemoriza”.

El pecador no duda de la misericordia divina, y de esta confianza presuntuosa surge cierto tipo de sosiego en su mente. En hebreo, la misma palabra -Kasal- significa tanto confianza como necedad. Ciertamente,la confianza del pecador es locura.

Si nunca has sufrido ni un rasguño a manos de la ley harás bien en dudar de tu paz: Dios vierte el aceite de la paz en los corazones quebrantados.

Permíteme preguntarte: ¿De dónde te viene ese sentimiento de pecado? Nadie puede sentir el pecado si no es por la Gracia. El hombre perverso es insensible: pon una tonelada de peso encima de un hombre muerto y no se quejará; pero el ser sensibles a la corrupción es señal de que tenemos un principio de gracia obrando en nosotros ( Rm 7:21). Lo que está muerto no combate.

Haz con tu corazón como haces con tu reloj de bolsillo: dale cuerda todas las mañanas con la oración; y por las noches comprueba si ha funcionado bien durante todo el día y si los engranajes de tus sentimientos se han movido con presteza en dirección al Cielo. ¡Echa cuentas a menudo contigo mismo! Mantén tu cómputo cabal, ya que esa es la forma de conservar la paz.

Sé humilde. Crisóstomo llama a la humildad la madre de todas las virtudes. Dios permite que un cristiano pobre y humilde se mantenga firme, mientras que otros con más habilidades y con más alto concepto de sí mismos caen en la apostasía. Es más posible que perseveren aquellos a quienes Dios da mayor gracia y… “Dios … da gracia a los humildes” 1 Pe 5:5.

¡Cuida bien tu fe!, protégela y ella te protegerá a tí.

“Para mí el vivir es Cristo”, es decir, “Cristo es mi vida”, lo mismo dice Gregorio de Nisa, o, dicho de otro modo: “mi vida está hecha de Cristo”; así como la vida del hombre perverso está hecha de pecado, la vida de Pablo estaba hecha de Cristo.

El cristiano, como un pájaro que quisiera volar, pero que tiene un cordel atado a sus patas para que no lo haga, se elevaría al Cielo con las alas del deseo, pero el pecado no se lo permite: “No hago el bien que quiero”. Rm 7:9.

La muerte es el funeral de todos nuestros dolores.

Aunque Cristo tiene un mar de ira, sin embargo, no hay en él ni una sola gota de injusticia.