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Reflexiones personales

¿Es mejor una iglesia grande?

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Como he comentado en alguna ocasión estamos inmersos en un proceso de unir dos congregaciones. Algo ilusionante, pero también un desafío que requiere lo mejor de nosotros. Es, en cierto sentido, lo más parecido a casarse, implica conocerse, ser flexible. El éxito de este camino está garantizado si ambos tenemos la misma meta, y eso es un hecho, somos iglesias con la misma meta en el corazón.

 ¿Es mejor una iglesia grande, o una iglesia pequeña?. Esta es una de las preguntas que en mi contexto denominacional nos hemos estado haciendo durante mucho tiempo. La cuestión es ¿qué es una iglesia grande?, porque lo que en España consideramos una iglesia grande, quizás en Brasil o en Ecuador se considera una congregación pequeña. Personalmente creo que una iglesia se vuelve demasiado grande cuando pierden la visión, dejan de predicar la sana Palabra de Dios, de pastorear y cuidar a los hermanos, de salir con el evangelio de salvación, de dar culto a Dios.

Nuestro lema es: No una iglesia grande, sino una iglesia eficaz. Eso es lo que deseamos, ser más eficaces a nivel ministerial, fortaleciendo ministerios que no podían salir adelante porque los hermanos están ocupando en varias cosas. Buscamos la excelencia, al procurar servir en aquello en lo que hemos sido mejor dotados por el Espíritu Santo. En congregaciones reducidas tenemos a hermanos dando clases de Escuela Dominical, ayudando en tareas de mantenimiento, haciendo de chófer, organizando campamentos, y cuidando células de matrimonios adultos (por poner un ejémplo) quizás hagan todas esas tareas bien, pero el tiempo que les exige quizás no les permite hacer con excelencia algo tan crucial como prepararse una clase de Escuela Dominical.

Los riesgos siguen siendo los mismos: correr de una actividad a otra. Cuando lo necesario es: hacer menos, orar más, pensar más, obrar con sabiduría, escuchar a hermanos que tienen que aportar. Una iglesia de mayor tamaño requiere más y mejor planificación a los responsables, y debemos evitar enredarnos en los detalles que nos hagan olvidar la perspectiva global. Es fundamental crear buenos equipos, formados por siervos, y por personas con carga en ese ministerio. Los  equipos, tal como el apóstol Pablo los concebía nos permiten liberarnos y ser más eficaces.

Y más allá de teorizar (antes de que penséis que soy una especie de experto) os comento que ya nos estamos reuniendo en el mismo local, en Calle Ricardo Ortiz 78, Madrid. Como pastor que vive con temores (siempre me pongo a pensar en las peores situaciones) estoy muy agradecido al Señor por la actitud de los hermanos, su entusiasmo, su responsabilidad, deseos de trabajar. Mil cosas pueden salir mal en un proceso así que está formado por seres humanos caídos, y en todo estamos viendo la mano del Señor. Eso me hace sentir muy pequeño (¡y muy feliz!).

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¿Tenemos pasión?

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Mensaje en una pared  photo 20140514_194846_zpsvwljfw3r.jpg

Cerca de la estación de Metro de Diego de León encontré esta fotocopia. Son, sencillamente, unos versículos escritos a mano y fotocopiados. Me llamó muchísimo la atención, ¿quien lo hizo?, no lo sé, de lo que estoy seguro es que se trata de alguien que ama a Dios, y desea que otros le conozcan. ¿Tengo yo el mismo deseo?, ¿estoy dispuesto a salir de mi zona de comfort para que otros puedan oir de él?.

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Cambios

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Qué poco nos gustan los cambios. Incluso cuando son para bien, suelen suponer un esfuerzo adicional.
Durante algo más de catorce años he sido parte de la Iglesia Alfa y Omega, una pequeña congregación, pero una gran familia. Catorce años dan para mucho, hemos visto niños nacer y graduarse de la Escuela Dominical, bautizarse y ser jóvenes responsables. Hemos despedido a hermanos que han ido a reunirse con el Señor. Hemos celebrado bodas, presentaciones de niños, hemos visto conversiones. También hemos visto situaciones muy tristes. Como la vida misma, las alegrías van mezcladas con las penas.
Pero en todo, hemos visto la buena mano de nuestro Dios. No sólo en las situaciones, sino en los mismos hermanos. Siempre recordaré la despedida de la familia Johnson, y cómo con lágrimas en los ojos agradecían el amor que habían recibido.
Hace dos domingos tuvimos un culto muy especial, un culto de Acción de Gracias a Dios por su cuidado y gran amor hacia nosotros. Fue muy emocionante echar la vista atrás.
¿Qué nos espera? nos hemos unido a nuestra iglesia madre con el objeto de ser más eficaces en la tarea que tenemos como administradores del evangelio. Quedan muchos cambios, traslados, reformas, ajustes de ministerios, y podemos estar seguros que igual que en el pasado Dios estuvo con nosotros, así lo estará en los días que han de venir.

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Cómo tener la victoria en medio de dificultades

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Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.

Ap 12.11

Esta mañana leía el capítulo 11 de Apocalipsis, libro que me FASCINA. En medio de una persecución terrible, ¿dónde está el apoyo?. Cuando el nuevo imperio romano renacido se levante, los que tienen el testimonio de Jesucristo y guardan los mandamiento (judíos salvados por la predicación de los 144.000)  sufrirán una terrible persecución, un sistema económico opresivo que excluye a los que no formen parte de la adoración mundial al hijo de Satanás (lo que la Biblia llama el misterio de iniquidad), eso les impedirá optar a un empleo, pagar suministros como luz, ir a comprar a una tienda, tener un vehículo, sanidad, se verán obligados a subsistir viviendo del trueque, fuera de las ciudades, fuera del sistema económico. Además, estará la represión policial y judicial, que pondrá todos los poderosos recursos de un estado totalitario y populista a perseguirlos, detenerlos y encerrarlos y ajusticiarlos.

La forma de vencer una oposición tan grande que te roba el sueño y la paz mental está encerrada en el versículo 11. La sangre del cordero, la victoria que Cristo llevó a cabo en la cruz y bajo la cual estamos seguros, intocables en las promesas eternas. Cristo Jesús efectuó un TRASLADO al salvarnos, no sacó de la potestad de las tinieblas y nos llevó a Su Reino (Col 1.13), podemos ser perseguidos, sufrir todo tipo de pérdida, podemos incluso estar angustiados, pero ¡estamos seguros! porque nuestra salvación ha sido ganada, y no nos puede ser robada. Nuestro testimonio aun en medio de duras pruebas es una victoria sobre el mundo espiritual que desea oirnos maldecir a Dios. El cristiano que sufre y que alaba a Dios está mostrando que la vieja mentira de el Enemigo a Dios (que le amamos por interés) es falsa. Nuestra muerte honra a Dios, si hemos vivido una vida  en la que, a pesar de las pruebas, no hemos dejado de alabar a nuestro buen Salvador.

Estos días tengo en mi memoria a mi amada hermana Isabel María, quien fue a los brazos de su Padre celestial tras una dura enfermedad. Conocí a Isa en la universidad, donde unos pocos estudiantes dábamos testimonio del Señor, y para mí ella mi ejemplo, como cristiana más madura. Ella me decía que no, pero lo cierto es que ella era la que estuvo animando a los novatos y asistiendo a estudios y mesas de literatura. Fueron días de mucha bendición, pese a lo solos que estábamos.

Durante un tiempo luchó con el Señor, la enfermedad de su hijo fue un durísimo golpe. Pero tras unos años, volvió a la comunión de su familia espiritual, más viva que nunca, más animada que nunca, resplandeciendo en ánimo y hambre de Dios. Y fue tras volver a integrase en la familia de la fe cuando le descubren una enfermedad que no dejó de avanzar. Pero siguió luchando. Ahora la lucha se acabó para ella, y está disfrutando del cumplimiento de las promesas por las que se sostuvo toda su vida. Ha vencido, por la sangre del Cordero, por la palabra de su testimonio, y por su vida y muerte, confiando en Aquel que le amó hasta la cruz. Desde aquí quiero recordarla con un profundo cariño.

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Hilos invisibles

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A menudo sale el tema de la justicia de Dios en relación a los que se pierden sin haber oído el evangelio. ¿Qué ocurre con esa buena gente a la que nunca se les predicó el evangelio?.

Lo primero que debo decir es que estamos ante una gran incógnita: el juicio particular de cada persona, con sus detalles y matices es algo que le pertenece a Dios. No sabemos, ni Dios nos da cuenta de por qué y cómo gobierna y juzga Su creación. Pero sí sabemos que Él es justo, y que el único camino al Cielo es Jesucristo, no hay otro, no hay atajos.

También sabemos que Dios ha dejado testimonio de sí mismo por todos lados. La Creación es un testimonio que habla a gritos de la grandeza, sabiduría y poder de un Dios invisible. Según Romanos 1 y 2 el ser humano es responsable y NO TIENE EXCUSA por haber rechazado ese testimonio visible de un Dios invisible.

Tercero, puesto que tenemos un testimonio de Dios, tenemos la responsabilidad y el deber de clamar a Dios, de buscarle. Buscar a Dios no es una opción, es un mandamiento. Además, hay una recompensa en buscar a Dios, puesto que Dios recompensa (galardona) a los que le buscan. Ninguno de los que acude a Él vuelve con las manos vacías, ninguno que le pide el Espíritu Santo recibirá el silencio de Dios.

Creo firmemente que aquel que guiado por el testimonio de la Creación clama a Dios recibirá el evangelio. Dios pondrá en su camino a un creyente. Esta es una de tantas historias que se suman a esos hilos invisibles que Dios mueve para alcanzar a los que le buscan.

Llevaba escasas semanas en Madrid. Estaba desanimado, triste. No entendía el propósito de Dios, ya que había dejado en Sevilla un ministerio (estaba discipulando a dos chicos jóvenes que acababan de creer), y una novia (con la que llevaba días saliendo). Mientras me daba una ducha de autocompasión, leía el magnífico libro de George McDonald “Piensa en tu futuro”.

-Disculpe, ¿el libro que está leyendo es un libro escrito por un creyente?.

Un hombre con acento francés me interpeló.

-Sí, así es- le respondí.

-Gracias, disculpe la interrupción.

El hombre era muy educado y en él ví cierta hambre espiritual, pero ¡había terminado educadamente la conversación y yo no sabía cómo retomarla!, mis reflejos mentales son malísimos.

-¿Se considera usted creyente?- esa fue la única pregunta que se me ocurrió. El hombre se quedó pensativo.

-En mi vida he conocido a creyentes que me han hecho mucho daño, pero también he conocido a creyentes que eran personas buenas que ayudaban a otros. No sabría decirle.

Pude compartirle algo del evangelio, pero la conversación se vio interrumpida porque el señor llegaba a su parada de Metro.

-Ha sido un placer charlar con usted, esta es mi parada.

Deseoso de seguir con la conversación, y casi sin saber qué hacer, le regalé el libro que estaba leyendo. El hombre lo miró en silencio, y me dió las gracias muy sinceramente. Y no lo he vuelto a ver. Quizás lo vea, en circunstancias diferentes, en un mundo muy diferente. Me encantaría conocer cómo siguió su historia, si leyó el libro, si creyó en el Dios de ese jovencito miope y tímido.

Dios puso en el camino de un hombre que tenía preguntas a un creyente. No son cosas casuales, son cosas dirigidas, guiadas, encauzadas por la providencia de Dios, que saca cosas hermosas de historias tristes.

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Una cuestión de énfasis

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Los cristianos evangélicos estamos muy concienciados de algunas causas, dependiendo de dónde te encuentres estas “causas” pueden ser: la agenda homosexual, el aborto, Israel, la separación Iglesia-Estado, que el Estado no financie las operaciones de cambio de sexo, campañas contra el preservativo, contra la pornografía, contra la adopción homosexual.

Con esto, no estoy diciendo que, con matices, no sean estas campañas legítimas. El problema es una cuestión de énfasis. Parece que olvidamos muchas otras causas. He leído sobre la lucha de los cristianos en Reino Unido a favor del abolicionismo de la esclavitud, una lucha a menudo mal entendida.

Me identifico con la Alianza Evangélica Española, de la cual mi esposa y yo somos miembros, contra la trata de blancas y explotación sexual de las mujeres, o a favor de la infancia, en contra de la explotación infantil por parte de conocidas empresas….. causas nobles, que hacen de este mundo un mundo mejor.

¿Qué hay del maltrato a las mujeres?, ¿qué hay del maltrato a los animales?. Este último tema puede sonar superficial y relativamente menos importante frente al crímen del aborto, pero aun considerándolo en perspectiva, me emocionan las palabras de Dios en el libro de Jonás en las que manifiesta su preocupación por la destrucción de los animales (Jonas 4.11). Ellos son creación de Dios, y aunque su dignidad no es la misma que la dignidad humana, tienen su lugar, ningún cristiano debería ser indiferente a la crueldad con ellos.

La corrupción es otro aspecto en el que la Alianza se ha manifestado, y aunque muchos cristianos no quieren mezclarse con la política, esto es un tema vital para nuestra sociedad, debemos denunciar y trabajar por la honradez en todos los niveles, siendo ejemplo, y siendo agentes activos de un cambio que pasa principalmente por la predicación del evangelio, pero sin descuidar otros medios.

No abogo por ese activismo humanista y moralista. Pero tampoco abogo por una predicación del evangelio aislada de todo.

El evangelio nos ha permitido muchas cosas, sobre todo pensar, y ver las cosas bajo una nueva luz. Y ese nuevo entendimiento no  nos permite estarnos quietos, nos ayuda a ser luz, a ser sal, frente a un mundo que calla, porque ha perdido el Norte, los verdaderos valores. Un mundo que se manifiesta en contra de un condenado a muerte, pero calla ante el río de sangre del aborto. Que lamenta la muerte de las focas, pero calla ante los genocidios africanos.

 

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Recuperando la profecía bíblica

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Estos días estamos estudiando el cap. 24 de Mateo en la iglesia local a la que pertenezco. Es un capítulo eminentemente profético.

La profecía bíblica ha sido abusada por muchas personas, algunos han querido ir más allá de lo que está escrito, proporcionando detalles que el Autor de la Biblia no quiso dar. Otros han querido elevar esos detalles sobre los que no hay consenso a la categoría de doctrina fundamental. Y otros, por una insana obsesión con la profecía, han perdido de visto cuestiones más básicas.

Que la profecía bíblica haya sido abusada no significa que sea una doctrina a evitar. La reacción saludable a los abusos que se han cometido no debe ser la de obviarla, sino la de estudiarla de una manera coherente, contextualizada, conectada con el resto de enseñanzas y con una perspectiva global. La falta de equilibrio y el énfasis doctrinal obsesivo afecta a cualquier parte del cuerpo doctrinal.

Por lo general, en muchas iglesias se habla poco de profecía, lo cual es una pérdida, y más teniendo en cuenta que la oración modelo incluye: “venga a nosotros Tu Reino”. La doctrina de las últimas cosas, la venida de Cristo Jesús, el milenio, el estado eterno, el Juicio universal, forman parte de las bases de nuestra fe, estas enseñanzas son el cumplimiento de las promesas y la conclusión que Génesis dejó abierta.

El efecto que tiene la profecía es MUY saludable en el creyente. Tiene un efecto santificador, 1 Jn 3.2-3 dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.

La “esperanza bienaventurada” Tit 2.13 nos santifica, nos mueve a desear menos aquello que nos distrae de Dios, y a desear este nuevo Reino que Jesucristo implantará en breve. Esta esperanza le da profundidad y gozo a nuestra fe, además de un sentido de urgencia para ser más diligentes en nuestra misión como Hijos de Dios. Esta esperanza hará que los sufrimientos y pesares sean más livianos, al deleitarnos en nuestro encuentro con Cristo Jesús y Su exaltación como Rey y Señor de todo.

Creo que los jóvenes necesitan conocer los tesoros de la profecía Bíblica, para así poner sus ojos en las “cosas de arriba”, y ver la vanidad de este sistema diabólico, que sólo ofrece humo y promesas vacías.

El Señor Jesucristo viene pronto, será una venida precedida de violentas convulsiones, de cataclismos sociales, terrenales y celestiales. Aumentará la maldad y el rechazo a Dios, pero también crecerá la semilla del evangelio con fuerza y pureza. Y la feliz conclusión de esta historia de salvación llegará, el Rey prometido establecerá justicia y juicio, consolará a los suyos, destruirá a los soberbios que se opusieron y su Reino no tendrá fin. ¿Nadie dice Amén?.

 

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La privacidad en internet y los rumores

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Una de las cosas que veo de los jóvenes y de muchos adultos es su incomprensión sobre lo que son las redes sociales. Según algunos de ellos, lo que ocurre en Internet no es real, puedes insultar, extender noticias falsas, subir fotos de índole sexual, o hacer amenazas de muerte. Todo está permitido y no tiene consecuencias, piensan ellos. Hasta que se topan con la realidad, y entonces suele ser demasiado tarde.

En el vídeo una alumna insultó gravemente a una profesora, y un alumno compartió con sus amigos esos insultos. La profesora hizo acopio de sangre fría y comenzó con una lección sobre la privacidad en Internet. La chica que estaba opinando sobre el uso de las redes sociales de pronto tuvo que leer lo que aparecía en la pantalla del móvil de su profesora. Allí aparecían los insultos que ella vertía en Twitter sobre su maestra.
La profesora había pedido que los alumnos grabaran la clase con sus teléfonos y tablets. A continuación le pidió que se disculpara frente a las cámaras, puestos que esos insultos los había hecho públicos.
En mi opinión la profesora dio una lección a la imprudente chica, y además buscó un resarcimiento justo y equitativo, el mal se había hecho online, las disculpas tenían que trasladarse a las redes. Además, habría consecuencias por llamar a la profesora con los calificativos: PERRA Y P*TA. No iba a quedar impune.
Me queda un sentimiento amargo, si esta profesora hubiera actuado igual en España seguramente hubiera abierto los telediarios de las tres de la tarde, la Junta escolar la hubiera expulsado, los padres de la chica la habrían denunciado por haberla “humillado”, y seguramente perdería su trabajo mientras los contertulios de algún programa de noche arremeterían contra la profesora por usar métodos propios de la dictadura y abusar de una menor, etc…
Internet está a punto de convertirse en una jungla, con acosadores que actúan desde el anonimato, y delincuentes que cazan datos que personas imprudentes comparten alegremente desde las redes sociales. Cada vez más gente como ex congresista Anthony Weiner practican el “sexting”, es decir, compartir fotos de desnudos propios por Internet. Algunos intercambian estas fotos con lo que creen que son desconocidos, otros piensan que este tipo de fotos las comparten en la intimidad de una relación, pero el novio rechazado no duda en publicar estas fotos por Facebook y otras redes una vez terminada la relación.
Debemos tener cuidado con los datos que ponemos en bandeja a disposición de todos en la red. Una vez subidos a la red NO HAY PRIVACIDAD, aunque hayas configurado controles de privacidad Facebook y otros han demostrado su inutilidad a la hora de vedar esos datos.
Debemos tener cuidado en hacer fotos de otras personas y subirlas a la red. La foto de tu cuñado con una peluca naranja y un cubata en la mano puede arruinar su reputación. Quizás tu cuñado es abstemio y un tipo serio, pero decidió posar con tan extravagante atuendo y tú decidiste publicarlo.
Hace unos meses vi en las redes sociales las fotos de un obrero del Señor en una velada de su iglesia, vestido de forma estrafalaria, y fuera de contexto, esa foto podría hacerle mucho daño de caer en malas manos. Lo peor es que nadie le pidió permiso para publicar una foto así. Quizás os parezca exagerado, pero no lo es.
He leído incontables emails con noticias sin confirmar, que los cristianos “reenvían” sin saber si son ciertos o burdos chismes. La Biblia nos alerta sobre el falso testimonio y los rumores, pero parece que esto no se aplica al mundo online (creen muchos), y sí, la Biblia se aplica al mundo online. A veces son noticias más o menos inocentes sobre unas excavaciones en las que se pueden ver esqueletos gigantes, ¿no serán estos los Nefilim de Génesis?, ¡eso demuestra que la Biblia es cierta!.  La foto de esos esqueletos gigantes no es más que una foto de un concurso online para aficionados al Photoshop. Los incrédulos aprovechan cosas así para burlarse de nuestra credulidad, razón no les falta, a veces los cristianos más que creyentes somos crédulos.
Otras veces leemos correos con la caída en adulterio del famoso predicador fulano, o de cierta artista “cristiana” que ha abortado. La noticia es tan “jugosa” que ni nos paramos a pensar si es cierta o no, le damos a reenviar, sin tener en cuenta que podemos arruinar la reputación de una persona, y que estamos siendo parte de un miserable chisme.
La información que dejamos en la red, sobre nosotros mismos, o sobre otros, es perdurable, imborrable, y tarde o temprano puede volver a nuestras vidas de la manera más inoportuna.
Reflexiones personales

Traduciendo el evangelio

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Es muy difícil abstraernos de nuestra cultura evangélica. Tenemos términos que definen magníficamente lo que queremos decir, y lo hacen con una precisión extraordinaria. El problema es que sólo los entendemos nosotros.

El otro problema es que nos cuesta mucho vivir sin nuestros términos. Por amor a otros tenemos que ser capaces de reflejar la verdad de la inmutable Palabra de Dios a un lenguaje comprensible. Pero hace falta un esfuerzo y una capacidad que no son espontáneos. Por otra parte tenemos que vencer los escrúpulos de algunos de nosotros que ponen estas tradiciones al nivel de la Palabra de Dios. No nos confundamos, no son lo mismos. Si nos mueve la misma compasión por las almas que mueve al Señor Jesucristo, tenemos que salir de nuestros castillos de tradiciones y movernos a los campos blancos, listos para ser segados.

Hacer ese trabajo de “traducción” requiere esfuerzo e intencionalidad. No es algo que surga por sí mismo. Requiere reflexionar, salir de nuestro ethos linguístico y buscar el bien de la otra persona, hacernos comprensibles y cercanos. El predicador y el evangelista son profetas (en el sentido de comunicar la Palabra a las personas, no de traer nuevas revelaciones), tomados de entre el pueblo, y para servir al pueblo, son comunicadores, no académicos. Si su mensaje es rechazado, no es su culpa, pero sí es su culpa si no se esfuerza por hablar de forma comprensible, con ejemplos cercanos.

Estamos muy necesitados de predicadores y evangelistas que conecten la perfecta Palabra de Dios. El sustituto de estos hombres de Dios son los charlatanes, feriantes, mentirosos, habladores de vanidades que hoy ocupan púlpitos y canales de TV. No predican la Palabra, no aman la Palabra, tampoco aman a las personas, las entretienen, les prometen todas las codicias necias que desean, mientras los llevan camino del infierno. Estos son los predicadores de prosperidad, los que “confiesan”, “reclaman”, y ordenan a Dios lo que debe hacer. Sí, ellos conectan con la gente, de la misma manera que la pornografía conecta con los más bajos instintos de las personas.

¿Dónde se aprende a predicar así la Palabra de Dios?. Pastoreando, visitando, evangelizando. Se aprende en células, por medio de estudios bíblicos en los hogares, compartiendo el evangelio con jóvenes no creyentes que han sido educados sin ninguna noción de Dios o transcendencia (que los hay, y cada vez más).

Una predicación así es una puerta abierta al poder de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo en los corazones duros de los hombres. Necesitamos predicaciones así.

Aclaraciones 

Como dijo Spurgeon, el modernismo es usar la ideología humanista con vocabulario bíblico, pero el trabajo del predicador es tomar la verdad de la Palabra de Dios en lenguaje que entiendan las gente de este mundo.

La Palabra no cambia, es inmutable, autoritativa, perfecta. El lenguaje sí cambia.

Uno de los logros de la Reforma fue poner la Biblia en lenguas vernáculas.

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¿Deseas ser predicador?

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Uno de los privilegios de ser miembro de iglesias pequeñas, prácticamente desde que el Señor me salvó, es la posibilidad de usar mis dones, ya que la necesidad y los escasos recursos humanos lo hacían necesario.

Todavía recuerdo mis primeras predicaciones en Granada. Aburridas hasta la desesperación. ¡Recuerdo que incluso yo, que estaba predicando, deseaba que se terminara mi predicación!. ¡Y encima eran mensajes muy largos!. Han pasado veinte años desde entonces y he aprendido algunas cosas, muchas de ellas a base de descalabros.

“no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” 1 Tm 3.6 

 
1. ¿Cual es tu motivación?. Uno de los principales problemas del predicador es el orgullo. El diablo se sirve de un ministerio así para despertar deseos de grandeza, estima por las propias opiniones, desprecio por otros, una gran imágen de uno mismo, y ya sabéis, antes del quebrantamiento es la soberbia.

Si eres jóven te animo a estudiar de manera seria, constante y devota la Palabra de Dios, a aprender de otros y a usar tu don. Predica en la calle, en grupos de estudio bíblico, haz obra personal. En definitiva, sé fiel en lo poco. Aquel que desea comenzar por un auditorio y no por ministerios más discretos, no desea predicar, desea contruir su propio reino.

Todos hemos visto en las iglesias este tipo de problema: los que buscan la grandeza, y aún teniendo motivaciones correctas, tienes que luchar contra el corrosivo orgullo. Hay síntomas que nos pueden alarmar: cuando no se acepta la corrección ¡mal asunto!, cuando el hermano va preguntando uno a uno qué les ha parecido el mensaje, si les ha gustado, ¡mal asunto!, cuando el predicador primerizo muestra una gran seguridad en sí mismo (lo cual es distinto de la convicción) puede ser algo preocupante, cuando es colérico, cuando no hay coherencia entre su vida personal y su vida de iglesia (mal testimonio en su familia o en su trabajo), cuando insiste en mantener puntos de vista que otros estudiosos de la Biblia consideran poco claros, todo eso son señales de alarma.

A veces el orgullo se disfraza de falsa espiritualidad, he oído de hermanos que se niegan a estudiar para el mensaje porque afirman con total claridad que lo reciben de Dios en el momento de subir al púlpito, lo cual es como poco una falta de respeto a la Amada del Señor, y como mucho tentar al Señor.

 Mt 6.23 “pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”.

En la obra de Dios importa más lo que somos que lo que decimos. Algunos creen que por tener ideas fabulosas, o incluso un poder enorme en el púlpito son hombres de Dios. Y no lo son. El tipo de persona que eres determina el tipo de predicador que Dios percibe. Que haya conversiones por tus mensajes evangelísticos, o incluso creyentes edificados NO SIGNIFICA NADA si no eres un hombre que vive a la luz de Dios.

Quizás lo que diga os suene extraño, pero mi ayuda más grande a la hora de predicar es el hecho de estar casado con una mujer espiritualmente mayor que yo. Me ayuda a poner los pies en la tierra, a no crecerme en mis afirmaciones, y a recordar que sólo puede cuidar bien de la Esposa de Jesucristo si cuido con amor de mi propia esposa. No estoy diciendo que estar casado sea un requisito para predicar, sino que en mi caso es una ayuda inmensa.

2. Conocer la Palabra de Dios. Confieso mi necesidad de seguir estudiando y preparándome. Nunca se conoce lo “suficiente” la Palabra de Dios. Es tarea de una vida. Además, la Palabra de Dios no sólo es un libro sublime y transcendente, sino práctico, cercano. Sus doctrinas tocan el hogar, el trabajo, el matrimonio, la pureza personal, el trato con otros. Cuidado con los que dan mensajes tan sublimes que no tienen aplicación posible.

Rm 12.16 “no altivos, sino asociándoos con los humildes”.

3. Amar a las personas y conocerlas. Esto es fundamental. Cuando veo un predicador que no ama a las personas me preocupo. El gran problema de predicadores y pastores es que se terminen relacionando únicamente con personas del liderazgo. A veces esto es obligado, ya que tienen mucho trabajo.

En mi iglesia local casi todos los lideres son líderes bivocacionales (no me gusta demasiado esa palabra, ya que suena a que tenemos un amor dividido), tenemos trabajos, amigos, y vivimos casi toda la semana rodeados de no creyentes. Ser parte de una célula o grupo pequeño también es vital, nos ayuda a estar en contacto con las personas y sus luchas y al hacerlo nos veremos reflejados.

Existe una preocupante tendencia a predicar sobre temas populares o de actualidad, usando la Biblia como una excusa (comienzas leyendo un texto pero terminas hablando de lo que te da la gana). Creo que conocer a las personas te ayudará a predicar fielmente la Palabra en el sentido que la Palabra tiene como destinatario al ser humano. Te ayudará a ser humilde con los humildes, a sanar a los quebrantados, a corregir a los ociosos y a ser paciente con todos. Te ayudará a hacer un sermón humano, con corazón y sentimientos, un sermón encarnado.

4. Oración, tribulación. Decía Lutero que los tres ayudantes del predicador eran “oración, tribulación, estudio”. Nadie está exento de pruebas. De hecho Dios las usa para nuestra santificación, y para nuestra perfeccionamiento en el ministerio.

Dios susurra en el placer, pero grita en el dolor. Si somos capaces de buscar a Dios en nuestras tribulaciones, Él cambiará la sequedad de la prueba en un vergel espiritual. Conozco a predicadores que han sido duramente probados, y del horno de esa prueba han salido hombres nuevos, con un mensaje más poderoso.

Esto choca frontalmente con el mentiroso evangelio de la prosperidad. No hay cosa tan dañina como esa, roba el provecho espiritual de la prueba y añade sufrimientos al que sufre, en lugar de aliviar sus cargas. Los propagandistas de la prosperidad son predicadores vacíos, no tienen nada de Dios, no conocen la Palabra, y, Dios los conoce, muchos de ellos no son más que ladrones, consciente o inconscientemente.

Conclusiones finales. Este post no pretende ser exhaustivo. He aprendido más a mí de lo que yo enseño a otros, he sido más bendecido de lo que seguramente he sido capaz de bendecir a otros. Todo ministerio y don es bendición en primer lugar al que tiene este don, pero con el ministerio de la predicación hay peligros que no hay en otros ministerios. Si no tienes el don entonces no serás de ayuda a la iglesia, si tus motivaciones son incorrectas te harás daño y perjuicio espiritual a tí mismo, si no te cuidas del orgullo serás seducido y tentado por el que quiere dañar a la iglesia. Esto es una advertencia, ten cuidado con lo que deseas y ponte delante del Señor. La mayoría de predicadores que conozco no buscaron ser predicadores, el Señor les abrió las puertas.

Si estás frustrado porque no tienes ocasiones de predicar búscalas fuera de la reunión del Domingo por la mañana, en las calles, hospitales, cárceles, con los jóvenes. Pero si lo que buscas es un determinado tipo de predicación, entonces mejor siéntate con los niños de la escuela dominical y aprende los principios de la vida espiritual, que éramos esclavos del pecado e hijos de condenación, y del gran amor del Salvador.