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Reflexiones personales

Consejos para un duelo

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La escena la he vivido varias veces. Siempre en silencio, escuchando, y mordiéndome la lengua para no dar un espectáculo.

 

Es un tanatorio, un cementerio, momento de duelo. El protagonista ha perdido a alguien querido, siempre cercano. Uno nunca termina de acostumbrarse a algo que no es natural: la muerte. No, la muerte no es parte de la vida, no debería serlo, ni es el plan original de Dios. Nos repugna y todos tenemos la sensación de que algo no encaja aquí.

 

Estoy con la persona que ha perdido a un ser querido y se acerca alguien para darle las “condolencias” ¡por llamarlo de alguna manera!. En este mundo individualista y centrado en uno mismo consolar es algo desconocido, implica olvidarte de tí mismo y tus circunstancias y ocuparte de otra persona DISTINTA A TÍ. Pero da igual, en esta sociedad sólo una persona es importante: yo. Y nadie más. Es por eso que uno llega a oir esas abominaciones de palabras que ni siquiera buscan ser reconfortantes.

 

-Sé como te sientes, hace tiempo perdí a mi tía segunda, estaba mayor, y es duro, eso hay que pasarlo.

(¡No me digas que es duro perder a tu tía segunda!, no lo dudo, pero es que esta persona ha perdido a su hijo pequeño, ¡no compares!).

 

-Peor fue lo que me ocurrió a mí, me detectaron un cáncer, ¡a ver cómo te tomas eso!, lo pasé fatal, que te diga mi mujer, al final fue un error de las pruebas. Pero son momentos malos y hay que tragárselos.

(Por supuesto amigo, ¿no se te habrá olvidado que viniste a dar las condolencias a esa mujer por perder a su marido?, ah no, ¡que tú venías buscando que te dieran a tí una palmadita en la espalda!, ya, ya, si te veíamos venir. Por cierto, ¿dónde está el drama de tu historia, en que te dieron un susto que se quedó en nada?, ¡vaya!, pues a esta mujer se le ha muerto el marido, eso sí que es un susto).

 

Ya lo dice Proverbios, es mejor callarse y no pasar por tonto, que abrir la boca y despejar toda duda (paráfrasis libre).  Un consejo: CONSOLAR NO ES DECIRLE AL OTRO QUE TU PENA ES MÁS GRANDE QUE LA SUYA. El escéptico Groucho Marx decía: “Años atrás, trataba de superar a todo el mundo, pero ya no , me percaté que estaba matando la conversación. Cuando siempre tratas de sobresalir, no estás escuchando, estás arruinando la comunicación.”.

 

No obstante el peor de los consuelos lo da el FARISEO RELIGIOSO, ese que piensa que se las sabe todas y que es una autoridad en la materia. Para un fariseo religioso su concepto de curar una herida consiste en echarle alcohol puro a la llaga. La compasión, la empatía, la idea de sufrir y mostrarse vulnerable son sensiblerías, los valores que el ostenta son la superioridad, la insensibilidad al sufrimiento y dar consejos que no le piden.

 

-Venga, venga, no llores, ¡sonríe, que Dios te ama!.

(Porque me enseñaron a no ser vengativo, de no ser así me sentaría a esperar a que te pillaras la mano con la puerta del coche para darte el mismo consejo, y luego añadir: ¿a que ya no te parece tan buen consejo?).

 

-Recomponte, un hijo de Dios no puede entristecerse como los que no creen.

(Cierto, también dice la Biblia que un hijo de Dios debe sufrir con los que sufren).

 

-Oye, no te vengas abajo, espero que no termines culpando al Señor de lo que te pasa.

(Gracias por tu clase de Escuela Dominical, por cierto, ¿alguien te enseño el significado de la palabra “sentido de la oportunidad”).

 

El único sitio que existe para los fariseos en un funeral es el ataúd  Así podrían meditar y sacar provechosas conclusiones.

 

Si estás en una situación así y no sabes que decir, ¡no digas nada!, abraza, llora, o siéntate a su lado. Eso es mejor que cualquier palabra vacía.

Jóvenes Reflexiones personales

La insoportable presión para casarse

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Me casé cuando tenía 27 años. Sinceramente, pensé que me iba a quedar “para vestir santos” (esta es una expresión que se usa en España para las solteronas, que terminan en las iglesias católicas vistiendo a las figuras religiosas).

Chantajear a Dios en oración, una práctica nada cristiana. Recuerdo cómo mi oración fue cambiando al paso del tiempo. Al principio oraba al Señor: “¡Señor, dame una novia!, me da igual que sea creyente o no”. Era la oración de la desesperación.

Más adelante, y sin respuesta de parte del Señor oraba: “Señor, dame novia, si puede ser que sea creyente”. Esta oración era un paso más espiritual, aunque sólo en apariencia. En realidad no estaba engañando a Dios, me estaba engañando a mí mismo.

Pero la respuesta no llegaba. “Señor- oraba entonces- si me das novia, te pido que sea cristiana, no quiero otra chica para mí”. ¡Esta era la oración genuina, ahora sí que me escucharía el Señor!. Mi deseo había cambiado y sabía lo que el Señor pedía de mí.

Por aquel entonces, uno de mis hermanos dijo mientras todos comíamos: “creo que Julio nunca se va a casar, porque sólo se casaría con una chica como la madre Teresa de Calcuta, pero no se casaría con ella por que ¡es católica!!. La verdad, reconozco que el chiste tenía gracia.

La esperanza que se demora. Los años pasaban y la respuesta no llegaba. Pasaba de los veinticinco años y había perdido la esperanza de encontrar novia, quizás os parezca exagerado, pero así era como me sentía. Derrotado y sin esperanzas oré al Señor: “Señor, si no quieres darme novia, está bien, acepto tu voluntad, no me des novia, pero al menos dame paz”.

¡Y el Señor me dió paz!. Dejé de angustiarme por el asunto de la compañera de mi vida. Y estuve sirviendo al Señor en lo que podía. Finalmente el Señor tuvo compasión de este miope torpe y despistado más allá de lo razonable y le dió una compañera cristiana, ¡y más hermosa que la madre Teresa de Calcuta!.

Comprendo la presión que muchos solteros experimentan con el tema de la pareja. Por un lado estamos viviendo una crisis espiritual sin precedentes, en concreto los varones. Veo muchas hermanas jóvenes que son buenas creyentes, y menos varones en las reuniones, y muchos de ellos ¡muy despistados!.

Lo primero que quiero que sepas es que el Señor te ha llamado a vivir en paz. No permitas que NADIE te angustie. Si algún hermano bienintencionado pero equivocado se acerca a tí con comentarios como: “¿todavía estás soltera?, voy a orar para que el Señor te de un buen marido”. ¡Mejor ora para que el Señor no te mande esa especie de amigos de Job que más que consolar traen aflicción!.

Pornografía femenina. Vivimos en una cultura obsesionada con lo sexual. Es cierto que la pornografía atrae mucho más a los hombres, pero hay otro tipo de pornografía, es la pornografía femenina, si bien no es tan grosera y sórdida como la pornografía masculina, es mucho más sutil: se trata de las películas románticas. Por cierto, muchas de estas películas románticas no son más que historias de adulterio (porno- grafía, literatura de adulterio) son historias de “amor” que encubren una amor adúltero, o fornicario.

Más allá de eso me preocupa cómo esas historias románticas pueden quitar la paz de una jovencita cristiana, obsesionándola con encontrar marido. ¡Como si no hubiera cosas importantes en las que pensar!. Estas historias te pueden proporcionar entretenimiento y emociones temporales, pero quizás no te ayuden a vivir con tranquilidad, centrada en cuidar de tu fe y de los asuntos del Reino.

En una ocasión mi esposa y yo tuvimos la oportunidad de hablar en un grupo de jóvenes. Aunque yo era el predicador invitado, creo que la única que dijo algo realmente útil fue ella. Una chica comentó lo angustiada que estaba con el asunto del matrimonio.

La respuesta de mi esposa fue más o menos como sigue: mira, ahora eres jóven y tienes un tiempo muy valioso, puedes leer más libros que nunca, dispones de más tiempo para servir al Señor que nunca tendrás, ¡aprovecha ese tiempo precioso haciendo algo útil!. En este tiempo de tu vida estás formando el carácter del tipo de persona que llegarás a ser, ¿qué estás haciendo para vestirte de esas cualidades personales?. Hay cosas más importantes que pensar y qué hacer en la vida. Preocuparte y afanarte por esas cosas es una buena manera de perder el tiempo.h

Reflexiones personales

Evangélicos que creen en la magia

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A veces cuando uno sostiene una discusión con no creyentes tiene que oír cómo nos meten a todos en el mismo saco y acusar a los cristianos evangélicos de excesos en los que, al menos yo, nunca he tomado parte. Por ejemplo: quemar libros de Harry Potter.

Sé de algunas iglesias que organizaron piras de libros. Quizás pensaban que estaban emulando a la iglesia de Éfeso, quienes quemaron libros de Magia en el más estricto sentido de la palabra. Pero quienes quemaron libros de Harry Potter en realidad quemaron novelas.

Con todo, veo con preocupación que aquellos que son inflexibles con cosas como novelas infantiles, quemar crucifijos, discutir sobre si la Santa cena debe administrarse en una copa o en varias, luego tragan el camello de la religiosidad.

Uno de estos “camellos” que nos tragamos es lo que Paul Washer llama la “regeneración decisional”, es decir, confiar en la salvación de una persona que ha recitado una oración. Esto no es cristianismo bíblico, es catolicismo romano, o Islam. Hacer un rezo repetir una frase hecha no salva a nadie. Esto lo sabemos los cristianos evangélicos, ¿verdad?. Pues no. No lo sabemos. Por que cuando llegamos al plano de las conversaciones cotidianas escuchamos frases como:

-Mi hija Menganita hace quince años que no viene a las reuniones, es cierto que ha dejado el evangelio y ahora vive con un no creyente, pero cuando ella tenía ocho años hizo la oración del pecador y yo sé que es salva.

¡Esto es confiar no en la obra de salvación, sino en un REZO!. Y amigos, rezar no salva a nadie.

Cuando la Biblia repite cosas como: perseverar hasta el fin, creced en la Gracia, está haciendo alusión a una salvación que no es cosa del pasado, sino que se manifiesta en nuestra vida diaria. Confiar en algo que hiciste es confiar en las obras. Confiar en los rezos o en repetir frases es confiar en la magia. Descansar en la fe personal en Cristo Jesús y su Obra de salvación es tener vida. ¡Cuidado con reducir el evangelio a algo que no es!.

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Los miserables, la película

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Hace cosa de algo más de un año mi esposa y yo fuimos a ver el musical basado en la obra “Los miserables”. Quiero decir que fue uno de los musicales que más me gustó, pero cuando surgió la oportunidad de verlo en su versión cinematográfica… mi entusiasmo no era excesivo. Aún así fui (esas cosas del amor).

Y me encantó. Es impresionante, apoteósico, musicalmente brillante y…. con un mensaje cristiano que no se veía tan claro en el musical de Gran Vía. Estábamos tan sobrecogidos que tuvimos que esperar un tiempo para salir de la sala.

Es un pena que en la traducción se hayan perdido importantes conceptos que son fundamentales para apreciar la profundidad espiritual de la obra.

“Grace” (en or. en inglés) es traducido por “Caridad”.
“Bring me home” (llévame a casa) es traducido por “¡Sálvame!” (¡por favor! ¿cómo se les ocurre?).

En la película usan los subtítulos del musical que se representa en nuestro país, lo cual es un disparate, ya que ¡no coincide la traducción! aunque mantiene la musicalidad y rima, se pierde el contenido.

“Los miserables” es una historia de redención en el más hondo sentido de la palabra. El protagonista, un reo que ha sufrido veinte años de cárcel por robar pan para su sobrino (y por intentar fugarse). Libre y lleno de amargura es rechazado por todos cuantos se encuentra a su paso, su carta dice que es un ex convicto, por lo que no hay amor en el mundo para él. Hasta que un buen sacerdote lo acoge en su casa, le da de cenar. Pero él roba la plata de la casa y huye. La autoridad lo detiene y lo lleva a la casa del sacerdote, quien toma el candelabro de más valor:

-Amigo mío, te fuiste demasiado pronto y te olvidaste lo mejor, toma, y úsalo para ser un hombre de bien.

Jean queda libre y consternado por el amor del hombre de Dios.

Asi comienza una historia que parece sacada de las páginas de la Biblia. Frente a Jean está el implacable inspector Javert, es un hombre que no entiende la Gracia, sólo la Ley, para él no hay perdón, un hombre no puede cambiar. Al final de la historia (spoiler) decide que en el mundo sólo hay sitio para un hombre, Jean, o él, y se suicida. Gracia y Ley no pueden coexistir, al final la Gracia arroja la Ley.

Sólo un cristiano que conozca las preciosas doctrinas de la Gracia podrá comprender la belleza de esta historia, Jean Valjean muere en paz, abrazando a su hija adoptiva Cosette y a su prometido Marius, a los que considera hijos. al otro lado le espera Fantine, la madre de Cosette, y el sacerdote que lo rescato. Está cansado y ora “llévame a casa, Dios”.

Por desgracia muchos hombres viven como Javert, cerrados al Dios de justicia y Gracia, engañados por su autojustifica y fariseísmo que le hace mirar a los otros hombres por encima del hombro. Para asombro de Javer, como para el de los fariseos, las prostitutas y publicanos entran antes al Reino de Dios, ya que muchos de ellos comprendieron mejor qué es el perdón, la incapacidad de alcanzar la justicia de Dios, y lo que es renunciar al orgullo del religioso. No hay justicia ni méritos fuera de la Cristo crucificado y resucitado, no hay salvación sin reconocimiento de nuestro fracaso.

Reflexiones personales

Necesidades actuales para la iglesia

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Más allá de los números, de las estadísticas y de las grandes figuras del panorama evangélico, creo que tenemos en las iglesias distintas necesidades:

1. Una enseñanza bíblica sistemática. Creo que en general y salvo muy honrosos casos, las iglesias están anémicas de enseñanza bíblica. Por este tipo de enseñanza entiendo la enseñanza regular de libros completos de la Biblia, capítulo por capítulo y versículo por versículo. Esto nos permitiría enseñar todo el consejo de Dios.

Además es necesario enseñar de manera dogmática y práctica aspectos esenciales de la doctrina y Teología.

2. Expositores, predicadores capaces de comunicar el mensaje bíblico de manera comprensible sin rebajar el contenido bíblico. Cristo Jesús resucitado dio dones a su iglesia, en forma de dones. Necesitamos esos dones, predicadores nutridos con la Palabra capaces de comunicar con autoridad, poder y claridad este mensaje.

3. Comunidades vitales que vivan la Palabra en los distintos contextos. En mi iglesia local tenemos el privilegio de tener células, estas nos permiten el pastoreo, el consejo mutuo, el aprendizaje de la Palabra.

4. Jóvenes, discipulado y pastoreo. Los jóvenes son esenciales en el inmediato futuro de la iglesia. Tengo una carga enorme por este tema y una visión particular de las urgentes necesidades. Necesitamos pastores y discipuladores específicos, apoyados por la iglesia para dedicarse a esta necesaria labor. Necesitamos pastoreo de jóvenes, no sólo animadores de divertidas reuniones con un mensaje aguado.

Ahora mismo la presión que enfrentan los jóvenes es tal que necesitamos explorar viejas maneras, como pequeñas comunidades de discípulos al estilo de aquella primera comunidad que Jesús estableció con sus discípulos. Conozco a un pastor de cierta edad que hace tiempo me habló de la necesidad de tener comunidades de ese tipo, con jóvenes viviendo en comunidad de discipulado.

5. Evitar el personalismo y el culto a la personalidad. Uno de los problemas de hoy en día consiste en asociar la imagen de éxito ministerial capaz de atraer masas con ser un hombre de Dios. Algunos anhelan ese éxito pensando que así están sirviendo al Señor, cuando en realidad se están sirviendo a sí mismos.

El modelo que tenemos de liderazgo en la Biblia está asociado con el sufrimiento, la pérdida personal, la oposición de dentro y de fuera, los escasos recursos económicos. Nada de eso es lo que nos están “vendiendo” como ministerio. Observemos las vidas del Señor Jesucristo o del apóstol Pablo.

6. Una nueva espiritualidad. Frente a la ola de pensamiento secular e inmoralidad con la que somos bombardeados necesitamos vivir en comunión con Dios, en estudio y meditación de la Palabra. Se está viviendo como cristianismo normal una vida centrada en el ocio y ajena a una vida en Cristo. Muchos cristianos de ahora no leen la Biblia, apenas oran, y su comunión con Dios es superficial. No podemos vencer al mundo así.

(¿continuará?)

Reflexiones personales

Una batalla mortal

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Una vez más la sangre se me hiela pensando en alguien que ha caído. Alguien más sabio que yo, que dejó su trabajo para servir al Señor con todo su tiempo, que levantó iglesias y por cuyo testimonio muchos fueron salvos, “Si el justo con dificultad se salva, ¿En dónde aparecerá el impío y el pecador? ” 1 Pe 4.18.

No es que sea la primera vez que lo veo, es que últimamente lo veo con más frecuencia. Es como estar en una tormenta y aquel que siempre estuvo a tu lado, es alcanzado por un rayo.

Con todo, esto no es el final, nuestro Dios restaura al caído y levanta al pecador. El diablo no tiene la última palabra, y su reino de maldad y dolor no prevalecerá. La salvación es del Señor, es Suya, y nadie arrebatará a los suyos de su mano.

Cada día procuro orar a mi Dios, pidiéndole que me guarde de caer, que Su Gracia me mantenga alejado de traer deshonor a Su nombre, dolor a mi familia, confusión a Su iglesia e incredulidad a los que testifiqué. Le ruego que me mantenga sujeto al Trono de Su Gracia, que no me aparte de sus atrios, ni lejos del disfrute de Su amor. Que no olvide lo frágil que soy. Que no me seduzcan las alabanzas de otros, el éxito pasajero, los triunfos vanos. Que mi corazón mantenga su asociación con los más humildes y entre ellos encuentre mi descanso. Que no olvide que sólo soy un hombre, que he sido tomado de la misma masa de barro que los demás, que si encontré la salvación fue porque Él me encontró.

Hermanos, tengan cuidado de alabar a sus pastores, ¿no se dan cuenta que son hombres frágiles?, tengan cuidado de exaltarlos con palabras como “apóstol, ungido, pastor de pastores”. Oren por ellos, lleven sus cargas, aprendan de su ejemplo, compartan su trabajo y carga. No olviden que somos un Cuerpo en Cristo y que nos cuidamos unos a otros. No olviden que la exaltación del hombre es carnalidad y lazo del diablo. No olviden que la “condenación de Satanás” es soberbia y exaltación.

Hoy me siento apenado y dolido por los matrimonios rotos, los hijos apenados y las iglesias confundidas. No olvido que la iglesia está sostenida por Su bendito Salvador, pero no puedo evitar sufrir con aquellos que están sufriendo.

Audio Reflexiones personales

Una fe desconectada de nuestra vida

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Hace quizás un par de años descubrí este mensaje del predicador Eric Bermejo. El hermano Eric ha sido una influencia enorme en mi generación de creyentes y dentro de las Asambleas de hermanos. Sus mensajes, profundamente bíblicos me impactaron desde que di mis primeros pasos en la vida cristina. Recuerdo pasar veranos escuchando una y otra vez sus estudios de 1ª y 2ª de Pedro, interiorizándolos y siendo motivado a la vez que retado por la Palabra de Dios.

Este mensaje es uno de los que más me ha impactado, se titula “Los obstáculos del peregrino”, os invito a escucharlo usando el reproductor justo al final de esta entrada, o si queréis descargarlo en mp3 usad este mismo enlace.

Este verano y este mes de Septiembre estoy estudiando todo lo que puedo 1ª de Pedro, leyéndola varias veces al día, tomando notas y reflexionando sobre su significado e implicaciones. El Domingo pasado prediqué un mensaje tomando como base esa epístola, y D.m. mañana predicaré teniendo en mente el mismo texto, pero también la exposición de D. Eric.

Estamos muy necesitados de la Palabra de Dios, pero sobre todo de conectar la Palabra con nuestra vida, de que nuestra vida quede afectada e influenciada por la Palabra de manera que se rompa esa esquizofrenia espiritual en la que muchos vivimos, creyendo ciertas cosas, pero viviendo como los que no conocen a Dios. El Dr. Piper en un mensaje a los jóvenes hablando sobre los recientes movimientos juveniles con énfasis en la centralidad de Dios en la adoración y en Su soberanía, comentaba cómo, siendo correctos en el fondo (sanos doctrinalmente) en las formas se veían desconectados, ya que muchos jóvenes que decían creer esas verdades vivían al margen de ellas en cuestiones como el ocio y el vestido.

Creo sinceramente que la apostasía que leemos en 1ª y 2ª  a Timoteo tiene que ver no sólo con doctrinas erradas, sino con lo que 2ª Pedro y Judas explican: con sensualidad y mundanalidad en la iglesia. Cristianos y líderes que afirman haber sido rescatados de una vana manera de vivir, pero andar en los viejos caminos, como cuando no conocían a Dios. Cuando el hijo del hombre vuelva, ¿hallará fe en la tierra?, ¿encontrará iglesias que viven en santidad, o iglesias que creyendo las doctrinas correctas, viven como los que no le conocen?.

El reto que tenemos los creyentes es a estudiar de tal manera nuestras Biblias que nuestras vidas dejen de girar entorno a nosotros y giren en torno al Dios que nos rescató. No, no pretendo haberlo alcanzado ya, pero le pido a Él misericordia, y humildad.

Reflexiones personales

El verdadero apoyo

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Vivimos con una presión enorme. Seamos conscientes.

Se supone que la tecnología tenía que liberarnos y proporcionarnos menos trabajo y más descanso, pero es un regalo envenenado cuando lo consideramos un fin en sí mismo. Llevo pensando en estas cosas desde hace unas tres semanas, de hecho el Domingo pasado compartí buena parte de las mismas en base a un estudio de 1ª de Pedro que estoy haciendo.

M. Driscoll dice: pensemos en la electricidad. Para nosotros es algo natural. Antiguamente no era así, antes dependíamos del sol, las horas de luz de trabajábamos (Jn 9.4) y cuando el sol se escondía nos íbamos a casa a descansar, sin más elección. Vivíamos en sintonía con los ciclos de luz y noche, trabajo y descanso. Ahora tenemos luz las 24 horas del día, podemos estar trabajando como pollos en una granja industrial, cacareando y picoteando sin descanso (os recomiendo la predi de Driscoll “Work and Worship” en inglés). Algunos trabajan día y noche, no diferenciamos los ciclos de descanso y trabajo, tenemos tiendas que abren las 24 horas, Internet.

No estoy en contra del progreso, pero sí en contra de una aplicación que dañe al hombre.

Este progreso nos distrae de la tarea más importante que tenemos: tener comunión con el Dios vivo, nuestro Creador y Salvador. Curiosamente no encontramos tiempo para estar una hora leyendo la Biblia y orando. Necesitamos soledad, quietud y buscar al Señor. El cristianismo, el testimonio y el proceso de transformación en Su imagen, que la Biblia llama santificación DEPENDE de esta preciosa comunión, de la confianza y obediencia.

Es curioso que cuando comienza Septiembre tengo estos periodos de buenos propósitos, pero últimamente he estado meditando mucho en este asunto. La presencia de Dios en mí es algo que es fácil de espantar. El trabajo, las conversaciones, e incluso la misma iglesia me puede distraer de esta presencia. Debo ser cuidadoso.

He pensado bastante en el tema de los apoyos, falsos apoyos y verdaderos apoyos (en breve confío en poner mi mensaje del Domingo pasado). He descubierto la historia de Horatio Spafford, este creyente era un abogado de éxito que experimentó una pérdida detrás de otra hasta quedar con la esencia de su apoyo, su fuerza, y su identidad. Primero murió su hijo único, luego la pérdida de una gran cantidad de dinero que invirtió, meses más tarde unos incendios en Chicago consumieron casi todos sus bienes. Decidió viajar a Inglaterra y mandó primero a su esposa con cuatro hijas para luego marchar él. En el viaje un buque chocó contra el barco en que ellas viajaban, sólo se salvó su esposa, quien le mandó un telegrama: “Saved alone” en castellano: “única superviviente”, pero en inglés el sentido se presta a un significado cristiano.

Os dejo un vídeo con una explicación de esta historia así como el himno en su versión en castellano


Es importante que descubramos cual el centro de nuestro vivir, el apóstol Pedro dice que para los que creemos en Él: “él es precioso” 1 Pe 2.7. Y si esto es así ¿por qué no lo hacemos el centro de nuestra vida, buscando el contacto con él, no sólo en un devocional de media hora en la mañana, sino en cada momento?.

En estos tiempos que vivimos, tan cercanos al fin, en los que todo está agitado, y el temor llena los corazones de los hombres, aquellos que pertenecemos al Dios vivo debemos vivir en Su presencia, ser luz para otros, pero sobre todo vivir en esa Luz.

Reflexiones personales

La Palabra que se desliza

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Llevaba mucho tiempo con ganas de conseguir un ejemplar de “La Biblia textual” del que había leído buenas críticas. Lo compré en Amazon a buen precio y nada más me llegó la forré y salí con ella al Metro, dispuesto a seguir con mi lectura. Terminé Tito y comencé con Hebreos, hasta llegar al capítulo 2, versículo uno, que dice:

“Por lo cual debemos dar más solícita atención a las que cosas que fueron oídas, no sea que las dejemos escurrir”.

La RV60 dice “nos deslicemos”, pero la versión textual dice que son las cosas que en su momento oímos las que se terminan escurriendo si dejamos de prestarles atención.

Cuando escuchamos el evangelio por primera vez, ¡qué gozo y qué celo!, éramos diligentes en buscar al Señor y obedecerle. Cuando vamos el Domingo a la reunión y escuchamos la Palabra, ¡qué maravilla y qué hambre del Señor tenemos!.

Pero llega el Lunes, el Martes y nos vamos enfriando. Pasan los años de convertidos y nuestro celo disminuye, ¡Heb 2.1 nos alertó!, no debemos de dejar de prestar atención a las cosas que hemos oído, porque estás se nos escapan como agua entre las manos. Somos oyentes olvidadizos, oimos la Palabra, pero la olvidamos, se nos “escurre”. Creo que esta es una experiencia muy común entre creyentes.

¿Qué podemos hacer?, ¡prestar atención!, volver a traer a la memoria una y otra vez la Palabra de Dios, volver a meditar en ella cuidadosamente, leyendo con atención y guardando en nuestra memoria los versículos. Cada día, varias veces cada día, continuamente.

***

Mucha gente es enemiga de poner normas a las disciplinas espirituales: debes orar treinta minutos, leer tres capítulos al día, etc… piensan que esto es legalismo. Lo cierto es que la carne que queda en nosotros (¡que es mucha carne!) es indulgente, siempre tiene excusas: hoy estás demasiado cansado para leer la Biblia, miremos un poco de TV, o de Facebook. Ya estuviste el Domingo en la iglesia, tienes que cambiar de actividad, mejor pasa el tiempo haciendo otra cosa. ¡Es legalismo ponerle límites a la carne! (se dice la carne a sí misma), ¿o no?.

Legalismo es pensar que puedes justificarte delante de Dios con otra cosa diferente al sacrificio de Su Hijo. Confiar en tu justicia, en tu religiosidad, en tu bondad. Todo eso es legalismo.

Cuando voy al gimnasio y me dijo: “Julio, hoy toca hacer al menos 70 abdominales y 30 minutos corriendo” no es legalismo, es una forma de establecerme una noble meta, y si no tuviera esa meta no sería capaz de mover mi complaciente cuerpo más allá del sofá.

Antes he hablado de Heb 2.14: de atender con diligencia a la Palabra de Dios puesto que tendemos a olvidarla. ¿Por qué no tener metas?, como mínimo tres capítulos de la Biblia, como mínimo dos tiempo con el Señor, en la mañana y en la noche, en los que podamos meditar en la Escritura y tener comunión con nuestro Creador y Redentor.

A la carne no le gusta, pondrá unas cuantas pegas, inventará magníficas excusas. Pero tu salud espiritual te lo agradecerá. Lo necesitas.

Reflexiones personales

Perdiendo el control de nuestra vida

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Uno de mis hermanos ha aceptado una generosa oferta de trabajo que supone sustanciosas mejoras profesionales, pero implica el traslado de vivienda, colegios, guardería, etc…

-Has tomado la mejor decisión que podías en base a la información que tenías- le digo- ahora tienes que poner en manos de Dios aquello que no depende de tí y confiar en Él.

Esto es lo que todo cristiano ha aprendido en la Biblia, a depender de Dios y a descansar en Él, sabiendo que es soberano y cuida de nosotros.

-En un curso de Coaching empresarial nos enseñaron que sólo podemos controlar el 10% de cosas en nuestra vida. Todo lo demás no depende de nosotros, así que tenemos que esforzarnos por hacer muy bien la parte que corresponde al 10%.

Es una buena filosofía, pero es una filosofía prestada del cristianismo. Le falta la parte más importante, la parte transcendente. Los creyentes somos llamados a hacer bien nuestro trabajo, haciéndolo con el mismo esmero como si lo hiciéramos para el Señor, somos llamados a ser responsables, sabiendo que daremos cuentas de nuestras intenciones, acciones y palabras. Y somos llamados a confiar en un Dios Todopoderoso y Soberano, Quien está a nuestro favor.

Podemos confiar en el Dios que envió a Su Hijo Jesucristo como ofrenda por nuestro pecado. Tal sacrificio de amor nos muestra Su justicia al no pasar por alto el pecado, y Su amor, al darse de manera tan asombrosamente generosa por nosotros. No sólo podemos confiarle el 90% de nuestra vida, sino el 100%.