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Reflexiones personales

Hoy un alumno se graduó con honores

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Cuando llegué a su casa me lo encontré en el salón, preparado con su Biblia y los apuntes en la “mesa camilla”.

Su esposa nos había preparado una merienda y nos dejó solos rápidamente para que pudiéramos trabajar juntos. Ambos asistíamos al mismo instituto bíblico nocturno, sólo que él me doblaba la edad, los kilómetros recorridos como marino y lo sufrido. Sólo en una cosa le aventajaba: en los estudios, él apenas tenía, trabajó desde muy jóven y tuvo “poca escuela”. Es por eso que le costaba lo imposible hacer lo que para mí era un sencillo trabajo de analizar un texto bíblico.

Continúa…

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La cabaña, ¿un libro cristiano?

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No os podéis imaginar la de vueltas que le he dado a este post.

Cuando lees un libro de este tipo tienes varias opciones:

1. Ponerlo verde. Señalar los errores teológicos y hurgar en esa herida, de forma que la conclusión sea: “estamos ante un libro herético, de la nueva era, mundano”.

2. Sacar lo hermoso que hay en el libro y ocultar los errores que tiene.

3. Decir: “amigos ¡es una novela!, ¿por qué hacer crítica teológica con ella?, ¡leed y disfrutad!”.

Pero: 1. Limitarse a sus errores sería ignorar lo bueno que hay en él. 2. Ignorar los errores podría dar la impresión de que comulgamos con ellos, o, lo que es peor, que la verdad no nos interesa, y 3. Sí, es cierto que es una novela, pero es que uno de los protagonistas es Dios, y en boca de Dios aparecen multitud de afirmaciones y… no estoy de acuerdo con todas.

¿Mi conclusión?. Prefiero apuntarla muy por encima, creo que es mejor que vosotros, estimados lectores leáis el libro y saquéis vuestras propias conclusiones.

Efectivamente se trata de una novela, no de una Teología Sistemática. Alguno dirá: “C. S. Lewis también escribía novelas y no es lapidado”, ya, pero al leer las novelas de Lewis sabes que es ficción, además: LEWIS TAMBIÉN METE LA PATA TEOLÓGICAMENTE, es mejor apologeta y escritor que teólogo (y si no leed lo que escribe sobre el infierno en “El problema del dolor”).

La cuestión es que “La cabaña” es un tipo de ficción donde Dios no para de conversar con el protagonista, los diálogos al estilo de Platón son el centro de la novela y… “en las muchas palabras…“. Ahí es donde Young se mete en un terreno resbaladizo, rozando (y creo que cayendo) en la redención universal (Dios/Papá dice que quiere redimir a sus hijos, y ahí confunde términos, si Dios llama a todos los hombres sus hijos ¡entonces ya están redimidos!), pasando de puntillas por el Infierno (reconoce tácitamente su existencia, pero da la impresión que nadie va allí), y sobrevuela la santidad de Dios (“Papá” no juzga, no tiene en cuenta el pecado).

Con todo el énfasis está en la relación, y la espiritualidad de “La cabaña” es más práctica que teórica. Y ahí es donde Young patina a la literatura de autoayuda, sin llegar a caer en ella. En un momento del libro “Papá” le pide a Mack que diga en voz alta que perdona al violador de su hija Missy y añade: “Dilo en voz alta. Hay poder en lo que mis hijos declaran” (pg. 238), lo cual es una concesión a la confesión positiva de Yonggi Cho y compañía.

Caramba, ¿es que no hay nada útil ni bueno en ese libro?.

Amigos, no es la impresión que quiero dar. Hace tiempo Miguel A. Gómez me habló del libro y me preguntó mi opinión. Si quería intrigarme lo consiguió. Luego otro amigo leyó el libro. A finales de Junio una amiga que es, además misionera me habló del libro ¡encantada!, me dijo que quería hacer una segunda lectura, además me dijo que otra compañera amiga suya lo leyó entero en un vuelo de avión durante 13 horas consecutivas y no paró de llorar.

Si este libro tiene algo de valioso es que es una historia de reconciliación con Dios y sanidad. El protagonista sufre un golpe brutal al ser secuestrada y asesinada su hija por un asesino en serie. Eso afecta su relación con Dios y lo sume en la tristeza. No, no deja de ser creyente, pero vive instalado en la pena.

Un día de nieve recibe una nota firmada por “Papá” diciendo que le espera en “la cabaña” (donde se supone que mataron a su hija). Mack va a la cabaña y allí encuentra a tres personas, una mujer negra que responde al nombre de Papá, una jóven asiática y algo etérea llamada Sarayu y un tipo con pinta del oriente medio que hace trabajos de carpintería. Es acogido por ellos y pasa un fin de semana con conversaciones que le hacen atravesar su pena y ser finalmente curado. Es emocionante y os advierto que no pararéis de llorar. Una buena parte de lo que se dice es muy cierto y toca temas esenciales de nuestra fe.

Personalmente la señora de raza negra, gruesa y cariñosa me recuerda demasiado al “oráculo” de Matrix (esa mujer que hace galletas en una cocina), o a ese ente extraterrestre de la película “Contact” una entidad que es todo amor y sabiduría. Puede que eso sea lo que más me “fastidie” del libro, la imágen de Dios es demasiado políticamente correcta, en el Dios de la cabaña no hay ninguno de los rasgos que aparecen en el libro de Job (desde el torbellino), en el Dios que Moisés vió de espaldas, o Isaías, o lo que Juan vió en el capítulo 1 de Apocalipsis. No hay nada “terrible” en ese “Dios” (al menos Lewis puso a “Aslan” como un león que además de amor daba cierto temor, “no es un gatito amaestrado”, que dirían los narnianos).

Si le prestas el libro a un amigo tuyo del trabajo, seguro que te dará pie a tener buenas conversaciones ya que si el libro tiene algún mérito es que procura huir de cualquier estereotipo religioso.

Si queréis leer un análisis “de verdad” de este libro os recomiendo que leáis el que José de Segovia hace en “Protestante digital” y con el que coincido plenamente (de hecho lo he leído después de escribir este post).

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John McArthur habla de Spurgeon

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Uno de los predicadores que más admiro es Spurgeon, no sólo por su celo por las almas, sino por su pasión por la sana doctrina, su valor al defenderla. Spurgeon vivió por el evangelio y sufrió las consecuencias de ser fiel a su conciencia y a la Palabra de Dios. En vida sufrió el rechazo de muchos cristianos, del liderazgo, y de la prensa religiosa, se dijeron infames mentiras con tal de denigrarle. Todo esto afectó su salud, pero no su mensaje, ni la fuerza de sus manos a la hora de sostener el estandarte de la verdad.

Hoy en día se habla de Spurgeon, e incluso se leen biografías del mismo, pero no se conocen ni se leen sus sermones. Como dice MacArthur en el vídeo, puede que lo alaben con la boca, pero hoy se defiende que la prioridad es entretener, que no hay que aburrir a la congregación, y que eso es lo principal.

Recomiendo a los jóvenes que lean con avidez los sermones de Spurgeon y que conozcan su doctrina, que la comparen con la Escritura, ya que comprobaran que pinchen donde pinchen brotará Biblia por todos lados.

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Cuando el discernimiento es visto como pecado

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El apóstol Pablo anunció a las ancianos de Éfeso que después de su partida se levantarían de entre los mismos pastores lobos que se dedicarían a abusar del rebaño (Hch 20.28-30). Lo dijo para que estuviéramos atentos, para que no nos dejáramos engañar, lo dijo para que protegiéramos al rebaño de  Dios.

La Palabra de Dios nos enseña con total claridad que antes de la Segunda venida vendrían tiempo de extraordinaria apostasía, es decir de un crecimiento magnífico de algo parecido a la Iglesia, pero que en realidad no lo es (2 Ts 2.3).

Y a pesar de la claridad de la Palabra, cada día me encuentro a más personas engañadas por la apostasía, asombradas por los estadios que se llenan alrededor de un predicador que vende sus libros y DVD (a un precio alto, por supuesto) y que no predica lo mismo que los primeros apóstoles.

Conozco a bellísimos hermanos y hermanas, obreros, misioneros, líderes, a los que todo esto les parece bien, desde las maratones donde se pide dinero durante semanas, a los maestros que predican prosperidad. Tienen tantos deseos de ver a este mundo lleno del conocimiento de Dios que no comparan con la Palabra lo que ocurre en esos estadios y carpas.

Desde hace años, en este blog (y en anteriores páginas que tuve, cuando esto del internet comenzaba) y desde donde he predicado, he alertado a los hermanos de estos males. No soy un denominacionalista agrio, de hecho, siguiendo los principios bíblicos de las primeras asambleas de hermanos creo firmemente que todos los creyentes somos un Cuerpo en Cristo, que debemos recibirnos unos a otros, pudiendo y debiendo tener comunión. Y esto no es está reñido con el discernimiento.

Algunos de mis mejores amigos están dentro de iglesias pentecostales, y algunos de los hombres que más admiro, como David Wilkerson (quien es muy crítico con los excesos del pentecostalismo y del evangelio de la prosperidad), puedes leer algunos de sus mensajes en TC Pulpit series (en español) y en WorldChallenge (gracias a mi amigo y hermano blogger Jaaziel que me recomendó este último).

David lleva años sufriendo el rechazo y la condena de aquellos molestos por sus mensajes de alerta por la apostasía. Mensaje que ahora más que nunca son muy necesarios y que nos tienen que hacer pensar que esta apostasía indica lo inminente que es la Venida de nuestro amado Señor.

No obstante la apostasía apenas ha empezado a crecer. Dentro de poco llegará a tal punto que habrá “iglesias” por todos lados, a cual más grande, el problema será distinguir cuales son iglesias bíblicas y cuales iglesias apóstatas (ojo, no porque sea grande la iglesia es apóstata, sino porque abandonó la enseñanza de la Palabra). Tan parecidas en sus formas serán las iglesias apóstatas que el mismo creyente podrá ser confundido en un primer momento. Sin embargo el mundo no verá la diferencia, y por causa de la carnalidad de estas iglesias apóstatas y el afán de lucro de estos predicadores “el camino de la verdad será blasfemado” (2 Pe 2.2).

Aquellos que quieran seguir la advertencia de Pablo serán perseguidos, burlados, insultados, menospreciados, incomprendidos. Pero por otro lado debemos de vigilar, no sea que todas nuestras fuerzas se vayan en luchar contra los apóstatas y descuidemos la predicación del evangelio y de la sana doctrina. No sea que por combatir a los lobos, las ovejas mueran de hambre.

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Jesucristo es TODO, comentarios al vídeo de P. Washer

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Tomado del excelente sitio web Descubriendo el evangelio.

Todo o nada, es un pensamiento que desde recién convertido me ha impactado, lo leí en un librito de William McDonald con ese preciso nombre, lo he escuchado en pocos mensajes, y lo escucho a menudo en los puritanos (cuyo eco aún resuena en sus libros), lo escucho en Piper, en P. Washer…

Dentro del cristianismo evangélico fundamentalista (en el sentido correcto, no en el sentido televisivo de esa palabra) debemos replantearnos que mala doctrina no es sólo una doctrina herética evidente (negación de la deidad de Cristo, por ejemplo) sino la forma en la que se está predicando el evangelio, y que es aceptada por tradición, porque siempre se ha predicado una salvación decisional y antibíblica.

Cuando uno empieza a plantearse esas cosas, se pregunta ¿cuantas cosas más estoy viviendo o creyendo por pura tradición?, ¿es mi cristianismo un estilo de vida que hemos adoptado los evangélicos españoles (en mi caso) y mezclado con lo que vemos en el mundo, o es el estilo de vida bíblico y cristiano?. Seguramente es necesario hacer cambios, pero esos cambios no vendrán hasta que no hayamos “ceñido los lomos de nuestro entendimiento”, hasta que no salgamos de tradiciones cómodas que nos da pereza revisar, y salgamos, pues “a Él”.

Ruego a Dios que bendiga a estos predicadores que tanto bien nos están haciendo, y que levante a otros voceros.

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El mundo de Spurgeon y nuestro mundo de hoy

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Libros

El Jueves pasado fuí a la librería evangélica “Amor de Dios” y conseguí dos libros que tenía ganas de leer desde hace tiempo… bueno, en realidad quería más libros, pero… hay que decidir, y me llevé sólo esos dos.

Soy un “fan” desde Spurgeon desde que leí la colección de sermones “No hay otro evangelio”, un verdadero tesoro y uno de mis libros cristianos favoritos que leo regularmente una y otra vez.

Me sigue sorprendiendo que hoy en día se hable tan bien de Spurgeon, pero se ignore lo que Spurgeon defendía y creía, las doctrinas de la Gracia (como el gustaba llamarlas). Esta nueva biografía aporta datos nuevos sobre la vida del predicador, sobre todo su vida como pastor “rural” antes de ir a Londres, su infancia, su abuelo y su vida con él, así como su llegada a Londres y cómo la obra fué creciendo de manera asombrosa, así como todas las otras obras (escuela de pastores, orfanato, misiones, publicaciones…). Su esposa que suele ser un personaje más o menos ignorado cobra protagonismo como compañera y ayudante de Carlos Spurgeon.

Continúa leyendo la entrada en este enlace.

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No es fácil ser cristiano

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Este es el título de una noticia publicada en portada a día de hoy en uno de los mayores portales de noticias de la red. Lo interesante es que en este portal (de noticias tecnológicas, aunque por desgracia se está politizando) siempre ha sido especialmente crítico con lo que ahora los políticos llaman “el sentimiento religioso” (lo cual es una estupidez solemne, si estudiaran un poquito).

Varias falacias han cometido los habituales comentaristas de este portal, una de ellas es la de relacionar a todo cristiano con el catolicismo romano, con la derecha y con el dictador Franco. Y si alguien sabe que existe algo llamado protestantismo o iglesia evangélica, entonces lo relacionan con los telepredicadores que piden dinero.

En cualquier caso, lo interesante (y por lo que felicito a los administradores del portal) es porque un blog evangélico ha salido en portada, creando un encendido debate que ha sido mucho más respetuoso para lo que se suele ver allí, y porque los comentaristas han mostrado mucho respeto.

Si queréis ver cómo las personas no cristianas consideran el cristianismo, y qué es lo que respetan, leed los comentarios, es un ejemplo “de libro” del pensamiento posmoderno:

-pragmático: “esta gente hace bien a otros, merecen ser respetados”.
-desinteresado por la verdad: “me gustan vuestros valores, ¿por qué necesitáis a un dios?”.
-beligerante con los absolutos.

Podéis leer la noticia y las reacciones a la misma en este enlace.

Podéis leer el artículo publicado en www.protestante.es.

Nota posterior.

Os recomiendo leer el debate que este artículo ha producido, esta es mi breve aportación:

“Pocas veces había visto que un blog cristiano causara tal repercusión y tal respetuoso debate (en la mayoría de los casos). Creo que este hilo ha contribuido a alejar varios tópicos falsos:

-que ser cristiano es pertenecer a la iglesia de Roma.
-que el cristiano no es respetuoso con otras personas, sean cuales sean sus tendencias, ideologías o filosofías.
-que lo que dice la TV de los cristianos es cierto, todos piden dinero y hacen cosas estravagantes.

Y otras falacias como la que John dice, que porque una vez un cristiano le dijo una barbaridad, luego todos los cristianos se solidarizan con ese comentario. Generalizar.

Ser cristiano es un compromiso con otras personas, en concreto con los más débiles de nuestra sociedad, el cristiano se siente en deuda con ellos y por eso no se queda cruzado de brazos. Tampoco ante las injusticias. Un cristiano escondería en su casa a un homosexual que huye del régimen iraní que ahorca en las plazas públicas a los homosexuales, y lo haría para proteger su vida porque lo ama aunque no comparta su orientación sexual.

Pero ser cristiano es más que un compromiso social, es una relación con Dios, y el reconocimiento de ciertos hechos históricos corroborados por decenas de testigos, plasmados en más de tres mil copias, y sellados con su sangre de mártires.

Ser cristiano es un compromiso por vivir lo que uno cree sin condenar a otros. Mi exigencia como cristiano es en primer lugar a juzgarme a mí mismo, a ser honesto con mi fe, a ser consecuente, a ser generoso con mis semejantes, y a ser fiel a mi Dios.”

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¿Por qué duran tan poco los matrimonios? I parte

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Mi esposa había vuelto del trabajo, y como ya es habitual, estábamos en el mejor momento del día, charlando y compartiendo juntos. Había un nuevo compañero en su trabajo, de Granada, como yo. Cuando le preguntó a mi esposa cuanto tiempo llevábamos casados mi esposa le dijo que diez años.

“¿Diez años?, ¿y sin hijos?, ¿y cómo es que seguís juntos?”.

Este hombre, medio en broma, medio en serio se quedaba extrañado de que una pareja pudiera seguir tanto tiempo casados sin necesidad de tener “obligaciones”, daba casi por sentado que lo normal era que no se aguanten demasiado tiempo.

Y ahora miremos alrededor. Cuando pienso en la gente de “mi quinta”, personas nacidas a principios de los setenta (y después) lo que veo es: muchas personas solteras (me llama la atención ver tantos), personas que se casan muy tarde, o personas conviviendo fuera del matrimonio. Y me imagino que dentro de poco llegarán las tandas de divorcios. Y no, no estoy siendo pesimista.

¿Cual es el problema de la poca estabilidad de las parejas hoy en día, por qué duran tan poco tiempo juntos?. El otro día escuché a una conocida modelo responder a la pregunta: “¿Cómo es para tí tu hombre ideal?”, y ella respondía: “una persona que me haga sentir bien”. Esto es lo que muchos piensan hoy en día, y me he encontrado con respuestas parecidas:

“una persona que me haga reír”
“una persona que me haga feliz”
“una persona que me comprenda”
“para mí lo principal es estar enamorados” (hay que analizar qué entiende la gente por estar enamorado)

Amigos: expectativas irreales. Muy irreales. Vamos a poner los pies en el suelo y dejar de sacar conclusiones de la vida basándonos en las películas románticas. Habrá momentos en la relación en los que no haya comprensión, en los que esa persona más que hacerte feliz te saque de quicio, y en los que la abrasadora llama del amor esté ausente. LAS PERSONAS SOMOS DECEPCIONANTES. Poner unas expectativas tan altas tiene un nombre: idolatría. Sólo Dios puede cumplir tantos deseos, no el matrimonio.

Y por favor, entendedme bien, soy de los que piensan que uno de los mejores inventos del Señor es el matrimonio, amo a mi esposa, la admiro cada día más, ¡pero es una persona!, y como tal tiene limitaciones, y yo tengo anhelos que sólo Dios puede llenar. El matrimonio nos proporcionará momentos únicos, y una relación de intimidad con otro ser humano fabulosa. Pero seamos sensatos, una cosa es el matrimonio, y otra es la plenitud en la vida. Y la plenitud en la vida la puedes encontrar estando soltero o casado.

Y esa es otra… en esta sociedad no hay lugar para los solteros. El soltero es un poco “paria”. Mirad la Biblia secular: la televisión y las películas, ¿cómo pintan a los solteros?, ¡de ninguna manera!, es raro ver a solteros, siempre son personas que se dirigen a una situación de pareja, o a un romance. El mensaje que los medios lanzan al soltero es: “eres una persona incompleta, estarías mejor acompañado”, bueno, no necesariamente.

¿Tú qué ofreces?. Otra cosa que me parece insultantemente estúpida es la actitud de muchos hacia el romance, recordad las frases que he comentado antes, las personas esperan mucho del “otro”, muchísimo, ¡lo esperan todo!, que les haga feliz, que les ame, que les comprenda, que les llene de sentimientos de pasión y romanticismo, pero ¿qué están dispuestos a dar?, porque de lo único que hablan es de lo que esperan que les den.

Con una conducta tan egoísta y tan inmadura es normal que naufragen tantos matrimonios hoy día. La televisión nos ha idiotizado hasta tal punto que muchos parecen haber perdido el sentido común. Por no hablar de esa mentalidad consumista y egoísta, “yo soy el cliente, y el cliente tiene la razón, el cliente es el centro del universo y los demás existen para agradarme a mí”.

Contaba Paul Tournier de un paciente que estaba lleno de tristeza y amargura, buscaba el amor incondicional, y lo buscaba de mujer en mujer. Curiosamente él no estaba dispuesto a ofrecer esa clase de amor. Y creo que este es un retrato del ser humano de hoy. Quiere amor incondicional, una persona que esté a su lado sirviéndole devotamente, pero él NO está dispuesto a ofrecer esa clase de amor. Mal asunto eso de pedir lo que tú no estás dispuesto a dar.

En la Biblia cuando se nos habla del matrimonio siempre se nos ponen delante nuestras obligaciones, lo que Dios espera de nosotros, nunca se nos dice los “derechos” que podemos exigir. El marido debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia, tratarla con suma delicadeza… y esto sólamente da para unas cuantas reflexiones. No se trata de “hasta que ella no haga esto, yo no estoy dispuesto a cumplir mi parte”. No, no funciona así.

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Si John Owen levantara la cabeza…

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O Spurgeon, o David Brainerd, o Jonathan Edwards…..

No voy a hablar del cristianismo que se vive en general en las iglesias, ni del “estilo de vida cristiano” que se acepta. Lo dejaré en paz… de momento.

quiero hablar de lo que se predica en las iglesias, de lo que se comparte en el púlpito cada Domingo. Pero antes de decir nada, eliminemos del análisis a cierto tipo de iglesias (NO todas, pero sí muchas) que predican cosas como:

-Dios tiene un milagro para tí, reclama tu milagro…
-Acepta al Señor Jesús, entrégale tu vida y tus sueños para que seas un vencedor y así alcanzar todas tus metas…

-Honra al Señor con tus ofrendas, por cada euro que ofrendes Dios te dará cien, porque Él ha prometido darte el ciento por uno…

-Sólo tienes que confesar, dí “Señor, recibo que esa nueva casa, ese auto nuevo es mío, ¡gracias Señor!”…

Y cosas semejantes a estas… cualquier cosa con tal de no tomar la Biblia y exponerla capítulo a capítulo y versículo a versículo. Dejemos a un lado a esos “mercaderes” (como dice el pastor Chuy Olivares) y centrémonos en las iglesias que creen en la Biblia y la predican.

¿Qué le pasa a la doctrina?. Tenemos una idea absurda que circula por ahí que dice: “Yo no estoy interesado en doctrina, la doctrina divide”, y otra cosa que escuché a un hermano decir en la iglesia: “Tengamos cuidado con obsesionarnos con la Biblia, no sea que nos volvamos bibliólatras” (sí, lo dijo así).

Error número 1: la doctrina es algo que ocasiona divisiones. Y la música en la iglesia, y los bancos (o sillas), o la forma de celebrar la Santa Cena, ¡o las mujeres! (me refiero al papel de las hermanas en la iglesia), ¿debemos, por amor a la unidad, eliminar la música, los bancos, la Santa Cena y a las hermanas?. Más bien no.
La doctrina, o la teología es el estudio de Dios. ¿Amas a Dios?, ¿y si dices que le amas cómo te jactas de no querer conocerle?. Teología significa eso, el estudio de Dios. Es como si yo le digo a mi esposa: “Amor mío, te amo, te amo mucho, pero no quiero oírte hablar NUNCA, no me interesa qué es lo que te gusta, o lo que aborreces, qué te hace sentir cómoda, mejor escúchame a mí”. ¿Eso es amor?.
Amigos, lo que causa divisiones es el PERSONALISMO. El amor a tu propia opinión.

Error número 2: ¿podemos volvernos bibliólatras?. Dice el Señor Jesús: “el que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama” Jn 14.21 y “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” Jn 17.3.
¿Cómo podemos conocer al Dios de la Biblia sin estudiar la Biblia?, ¿cómo podemos obedecer los mandamientos de Dios sin conocerlos antes?.

¿Qué le ocurre a la doctrina de la cruz, del nuevo nacimiento, de la depravación total, etc…?. No lo sé, pero me puedo imaginar lo que pensaría el señor Spurgeon si se levantara de su tumba (lo hará) y con ese ingenio afilado describiera al púlpito hoy en día.
De paso, pensemos en Spurgeon. En las librerías se venden biografías de Spurgeon, pero pocos leen los sermones de Spurgeon, pocos, muy pocos conocen lo que Spurgeon predicaba, y son menos aún los que los creerían. Me refiero a las mismas doctrinas que hicieron que Inglaterra se volviera contra él, acusándolo unos de ser un hiper calvinista, y otros de predicar que un cristiano podía deslizarse de la Gracia, y para ellos bajar las escaleras del púlpito deslizándose por la barandilla (era una historia falsa que circulaba por aquellos tiempos). Raro era el periódico que no insultaba a Spurgeon, o el púlpito que lo denigrara (sobre todo al final de su vida).

¿Qué doctrinas eran esas?, la depravación total del ser humano, el nuevo nacimiento, la elección incondicional de Dios, el llamamiento eficaz… cosas con la que muchos no se sienten demasiado cómodos, y que o bien ignoran, o bien aborrecen.
Así que de forma incomprensible Spurgeon es admirado, pero no conocido, exaltado, pero dejado de lado. Aquel que dijo que era “el último de los puritanos” acertaba y de qué manera en sus palabras. Descrubrí lo que predicaba Spurgeon leyendo el libro “No hay otro evangelio”. Sigo leyéndolo contínuamente.

Y si Spurgeon es casi un desconocido, ¿qué de John Owen?. La teología nunca llegó tan alto como cuando aquellos celosos puritanos se pusieron a buscar con pasión al Dios de las Escrituras. Si queréis leer un buen artículo ed John Owen os recomiendo este publicado en una revista pentecostal de las Asambleas de Dios: Juan Owen, el príncipe de los puritanos.

Owen no es un aburrido y seco expositor de doctrinas inalcanzables para el intelecto de las personas sencillas. Es un estudioso de la Biblia, que sabía dar el sentido práctico de estas preciosas doctrinas a la vida del cristiano. Fué capaz de explicar con la Biblia en la mano y con una lógica aplastante qué fué lo que Cristo llevó a cabo en su muerte.

Es increiblemente difícil encontrar libros en español de Owen, por mi parte tuve que remover medio internet para encontrar una editorial en los EEUU que publica obras de puritanos, es la editorial Faro de Gracia muchos de los cuales están también disponibles en editorial Peregrino.

Dice la Biblia que Dios revela estas cosas a los que son sencillos. Hoy el día el púlpito está lleno de predicaciones pragmáticas, de psicología humanista, y de métodos (cómo evangelizar, cómo hacer que tu iglesia sea mayor, cómo construir relaciones satisfactorias, cómo resolver los conflictos en la pareja), como dice Paul Washer todo lo que se predica es: el hombre, el hombre y el hombre, mientras que la Biblia trata de Dios como tema principal. ¿Por qué no se predica de los atributos de Dios?, ¿por qué no se explica en profundidad el evangelio?. Nos hemos alejado de la verdad, y nos hemos vuelto a los métodos. Un verdadero avivamiento es un avivamiento en verdad, centrado en la enseñanza de la Palabra de Dios, y no un avivamiento de entusiasmo y multitudes.