Estudios bíblicos » March 5, 2019

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Estudios

Cómo tu mente alimenta tu alegría

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El contenido original de este artículo lo tenéis en Desiring God, en este enlace.

Os dejo algunos extractos para que lo disfrutéis y un enlace para que lo podáis leer en español (traducido con la ayuda de Google, ha quedado bastante decente):

No creo que puedas amar a Dios sin pensar.

No quiero dar la impresión de que todos deben ser unos eruditos para amar a Dios. Pero si cierras tu mente, no puedes conocer a Dios, y si no lo conoces, no puedes amarlo. Amas un producto de tu imaginación.

Mi entendimiento es que no puedes amar a Dios sin usar tu mente para conocer a Dios y ver por qué es encantador. Si interpretas el amor a Dios como hacer cosas por Dios, hacer sacrificios a Dios, lo cual es un fruto, no lo es el amor, si lo haces, entonces la función de la mente para proporcionar la verdad para el corazón no es tan importante. Sólo haces cosas por él.

Tienes que ver la belleza de Dios si vamos a amar a Dios, lo cual es muy diferente de decir: “Sólo dime qué tengo que hacer, Dios”. Tú me dices qué hacer, lo haré y luego lo llamaré amor “. Eso no es amor. El amor es: “Tú eres más hermoso que cualquier otra cosa” para así poder obedecer a Jesús.

“Con mi mente, haré lo que pueda para que mi corazón esté enamorado de Dios”.

Descarga el texto completo en este enlace.

Devocional Reflexiones personales

Ocultarnos

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Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.
S. Lucas 1:24‭-‬25 RVR1960

¿Por qué se recluye? ¿No la había Dios favorecido con gran misericordia? ¿No era el momento de cerrar la boca de los que se burlaban de su mal?

Aquel regalo de Dios era para los planes, los propósitos y la gloria de Dios. Y era también para Elisabeth. Era para ella en la medida que ella lo ponía al servicio de Dios. Así que se negó a vengarse o jactarse de aquel niño, sino que ella se ocultó para que solo Dios resplandeciera.

Cuantas veces nosotros queremos tomar el protagonismo, robándole a Dios Su Gloria. Olvidando que hay mayor disfrute en ver a Dios vindicado que vernos nosotros exaltados, es más satisfactorio darle a Dios el control y protagonismo.

Dejemos a Dios obrar y pongámonos al servicio de sus planes. Y llegado el momento demos un paso atrás, al igual que Juan el Bautista quien dijo que era necesario que Jesús se llevará el protagonismo y que él fuera desapareciendo.