Estudios bíblicos » September 7, 2019

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Libros

Renovarse o morir.

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“Renovarse o morir” es el título de Pablo Wicham Ferrier, al que se le añade un esclarecedor subtítulo: “Pasado, presente y futuro de las Asambleas de Hermanos”. 

Recuerdo asistir hace años a un encendido debate entre ancianos de AAHH (Asambleas de Hermanos) sobre cuáles eran los elementos distintos de las mismas. Una cuestión como esa no debería ser mayor problema en una familia denominacional, sin embargo aquello generó un confuso debate en el que no hubo acuerdo sobre los rasgos comunes de identidad. Para mayor delirio, parte del tiempo se debatió si la letra H de “Asambleas de Hermanos” debería ir en mayúscula o no. Dejaré una pausa para que el lector se recupere de este dato. Curiosidades a parte, las AAHH necesitamos una reflexión como la que nuestro querido Pablo Wickham ha hecho, esta reflexión es necesaria, no sólo porque el número de AAHH en España está retrocediendo, no sólo porque la vitalidad de muchas de ellas está apagándose, sino porque debemos ser fieles al evangelio que hemos recibido de hermanos que han pagado un alto precio personal por llevárnoslo.

La premisa que da pie a este libro es la necesidad de una mayor vitalidad espiritual y crecimiento en estas iglesias que tanto crecieron hace no demasiados años. Creo que todos podemos estar de acuerdo en esto, pero ¿quien se atreve a señalar cuales son los obstáculos en nuestra renovación?. Pablo Wickham se ha atrevido, y sospecho que su reflexión le traerá entusiastas y detractores, es lo que suele ocurrir con las voces proféticas que señalan nuestras vergüenzas. 

El libro resume magistralmente el pasado de las AAHH, aquellas primeras crisis que ayudaron a definir los verdaderos rasgos distintivos, tan fieles a las enseñanzas del Nuevo Testamento, y que permitieron crear congregaciones saludables y misioneras, estos principios figuran en las páginas 42 y ss, tales como:

La centralidad de la Cena del Señor.

La Sola Escritura. 

La iglesia local compuesta sólo de creyentes.

La devoción total a Cristo.

El sacerdocio de todos los creyentes.

La libertad del Espíritu Santo.

El supremo imperativo de la predicación del evangelio y la obra misionera.

La total dependencia de Dios para cubrir todas las necesidades financieras de la Obra.

La esperanza del pronto retorno del Señor. 

Debería haber añadido que estos principios son los de las Asambleas de Hermanos Abiertas, aquellas que tras el debate entre Darby y Muller, pusieron en práctica los saludables principios neotestamentarios, en lugar de buscar la unanimidad en aspectos formales. Además, de manera concisa, enumera los nombres de algunos destacados hermanos cuyas vidas y ministerios fueron de enorme bendición para las iglesias. 

Estamos ante un libro valiente que no duda en cuestionar aspectos que para muchas AAHH son esenciales, como son el dispensacionalismo, el silencio de las hermanas o una visión de la autonomía de las iglesias locales (que se traduce en una ausencia de colaboración entre iglesias). Esto es sumamente peliagudo, para los que nos hemos criado espiritualmente en este contexto denominacional, tomar la distancia suficiente para hacer un análisis crítico es sumamente difícil. Y es difícil porque se mezclan elementos afectivos poderosos, me refiero al profundo respeto que muchos tenemos por siervos de Dios que tanto nos enseñaron. Sin embargo esto no quita un ápice a la necesidad de este análisis.

Algunos de estos temas a los que el autor apunta merecerían un análisis más detallado, algo que no pretende esta obra, y aunque en muchas congregaciones algunos de esos temas no se cuestionan (por ejemplo el velo y el silencio de las hermanas o el dispensacionalismo), en otras sí que se han analizado, e incluso se ha llegado a posiciones distintas a las tradicionales. Pero no nos quedemos en esos aspectos, sino que vayamos más allá de la mano del autor al corazón de nuestro estancamiento, la necesidad de un encuentro personal con Dios mismo para poder llevar a cabo la cooperación entre iglesias y el fortalecimiento de lazos de comunión, el necesario papel de los jóvenes, el evangelismo y las misiones… 

Las palabras anteriores carecen de mérito como resumen del libro, tampoco pretenden serlo. Creo que Wickham hace un trabajo respetuoso con nuestro pasado, recordando nombres no muy conocidos de siervos que redescubrieron verdades fundamentales, y que las pusieron en práctica. Creo que el autor acierta al señalar que los elementos contextuales (como él los llama) han ocupado el lugar de verdades fundamentales. Deberíamos ser capaces de “abrir el melón” de las tradiciones decimonónicas y énfasis que muchos hemos aceptado como válidos, en un debate que: 1) sea respetuoso y equilibrado,  2) no se eternice, llegando a agriarse, y 3) no perdamos de vista los fundamentos espirituales que sustentan toda renovación espiritual. 

La última conferencia toca una renovación necesaria en la función de los ancianos, y en la vida espiritual de los mismos. ¡Otro tema delicado que el autor no evita!. He re leído el libro y reconozco que una de las partes que más me han gustado a sido precisamente esta. Debemos replantearnos qué es ser anciano. Una vez más tenemos que poner el foco en la Palabra de Dios y no tanto en ejemplos cercanos entre los que habrá piadosos ejemplos y en algún caso, excesivo personalismo, autoritarismo e intransigencia. Los ancianos, como los padres de familia, son imitados en sus formas y en sus errores por los que les siguen: hagamos ese análisis crítico a la luz de la Biblia para evitarnos esto.

En estos tiempos en los que echa mano de todo tipo de estrategias, nuevos métodos, Pablo Wickham apunta a sencillas, profundas y poderosas verdades de la Palabra de las que nunca nos debimos haber apartado. Estas verdades son la comunión y vida en santidad, y la visión expansiva del evangelio.

Ahora bien, como congregaciones locales, ¿cómo podemos aprovechar las reflexiones de este libro?. Creo que una tentación es caer en extremos tales como: 1) un negativismo poco provechoso que reniega de nuestra herencia espiritual, eliminando el inmenso tesoro espiritual que hemos recibido de hermanos y  2) quedarnos en los elementos que es necesario desbrozar, ignorando los retos que tenemos que asumir, como la renovación espiritual, la visión evangelística y la incorporación de jóvenes aptos en los ministerios. 

En el aspecto positivo hay retos que debemos asumir. Y es que a la hora de hablar de renovación espiritual no solemos mirar dentro de nosotros mismos. Pero lo cierto es que esos tiempos de refrigerio espiritual comienzan por una renovación personal, en oración privada y santidad. El otro aspecto que debemos asumir como iglesia es que la obediencia salir fuera a llevar el evangelio. Pocas cosas son tan renovadoras como compartir las buenas noticias de salvación. Somos los principales bendecidos al obedecer al llamado de evangelizar porque somos renovados, y porque esto nos previene de los males que derivan de centrarnos en nosotros mismos. 

Quiero pensar que el Autor de la Iglesia haya comenzado ya a obrar en nosotros por libros como el que comento en esta entrada.