Devocional

Permaneced

Juan 15:7 “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho”

Como humano egoísta que soy me llama mucho la atención la segunda parte del versículo: ¿de verdad puedo pedir cualquier deseo de mi corrompido corazón sin tener en cuenta a Dios?, pero obviamente, ese no es el sentido del texto, el énfasis del texto es PERMANECED.

Me cuesta mucho permanecer, yo soy más de moverme de un lado a otro. Puedo permanecer en Dios, pero soy inconstante, mi mente busca distracción y novedades, mis deseos naturales me apartan de Dios. Deberíamos escribir en nuestra mente ese propósito: permanece en Dios, mantente atento a Él, nunca lo olvides, nunca te alejes, busca su compañía y que su Palabra sea tu disfrute.

Permanecer es un llamado a nuestra voluntad, es intencional. Permanecer implica corregir continuamente el rumbo de nuestros pensamientos y deseo, que se alejan de nuestra meta: Dios.

No se nos pide que permanezcamos 15 minutos al día, para así poder hacer lo que nos de la gana el resto de la jornada, se nos pide que de manera constante y perseverante andemos cerca de Dios y de su influencia.

Os advierto que este mandamiento no es posible sino hay profundos afectos que nos unan a Dios. No puedes permanecer cerca de alguien al que no soportas, es más, si alguien insoportable entra en la habitación, tú saldrás por la ventana. En cambio, si alguien que te gusta está en una fiesta, tú te dedicarás a revolotear alrededor de esa persona, haciendo todo lo posible para encontrarte con ella. Así que no comiences por el mandamiento, comienza por tu salvación: ¿Quién te amó cuando estabas lejos?, ¿podrías hacer una lista de todo aquello que Él te perdonó, todos tus pecados, miserias?, piensa en los sufrimientos de Cristo en vida, toda la oposición y rechazo que sufrió, pero piensa también en los sufrimiento corporales, todas las torturas que sufrió ¡por amor a ti! Piensa en la gran compasión y ternura de Cristo, por los enfermos, las viudas y los pecadores, piensa en sus palabras, cómo enseñaba a aquellos que estaban perdidos y sin rumbo en la vida. Si eso no te conmueve ni te acerca con amor al bendito Salvador, nada lo hará.

Debemos cultivar poderosas emociones basadas en poderosos pensamientos, y estos basados en grandes conocimientos del Salvador. Conocimiento, pensamiento y emociones, ¡en ese orden! De lo contrario sería sentimentalismo. Hoy en día se inflaman sentimientos con el aire de un ambiente electrizante, nosotros debemos hornear con paciencia una vida apasionada fruto de un conocimiento asombrado de la grandeza del Hijo de Dios.

¡Permanece en Dios alma mía! Guárdate cerca de Él, busca su compañía, únete a él de tal manera, que como los amantes terminan la frase que otro comienza, Dios y tú seáis uno.

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