Reflexiones personales

Enfrentar la tentación

Enfrentar la tentación, la verdadera tentación, esa que te puede llevar a la ruina absoluta, al daño permanente, es una lucha espiritual. Una guerra de fe. Y como todas las guerras, hay heridas, nadie vuelve entero de la batalla.
Si la tentación no fuera tentación no sería un aguijón tan poderoso. No seria tan letal y dañina.
Puedes salir victorioso, o puedes salir victorioso parcialmente, pero saldrás herido, confundido, azotado, conmocionado. Es el momento de volver al buen pastor, a Aquel que cura el alma y la apacienta.
Tú eres un Dios de Gracia, perdonador y restaurador. Me duele haber añadido sufrimientos a tu Cruz, y haber quebrantado tu justa alma en pago por mis pecados. Reconozco que estoy enfermo y que Tú eres Quien puede curarme. Sáname porque estoy podrido. Límpiame, porque estoy sucio. Perdóname, porque he pecado.
Y concédeme la determinación de romper con la engañosa tentación de manera completa y definitiva y volver a la fuente del gozo verdadero, que eres Tú, bendito Señor, mi Rey, mi Salvador. 

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