Escribiendo tus oraciones

Cuando era jóven una hermana mayor De la Iglesia me enseñó lo importante que era para ella escribir sus propias oraciones. “De esa manera me puedo concentrar mejor”.

Hace poco cayó en mis manos un libro de Editorial Peregrino que recoge oraciones escritas por antiguos puritanos. Muchos de los mejores himnos que cantamos y que están cayendo en el olvido en algunas iglesias son himnos y poesía escrita por creyentes de hace muchos años.

Nuestra fe es algo que incluye no sólo el intelecto, sino poderosas emociones. No sólo es información sobre la que reflexionamos y profundizamos, sino una admiración que abre nuestros corazones al asombro de la Gracia De Dios que hemos visto en Cristo.
Seguramente al leer una porción de la Biblia y meditar lleno de asombro, gratitud y humildad has elevado a Dios una oración. No es algo raro, nuestra Biblia está llena de poesía y música, uno de los libros más extensos es el libro de Salmos, un libro que nos enseña a orar, a cantar, que nos va a dar palabras para expresar nuestros sentimientos ante el Señor, y que nos va a conducir a una mayor intimidad con nuestro Dios.
El Domingo pasado prediqué un texto que me ha llevado semanas de reflexión, de lágrimas y de emociones. Se trata del capítulo 21 de Juan que trata sobre la restauración de Pedro, uno de los momentos más especiales de la vida de Jesús donde vemos su amabilidad, ternura, compasión, cercanía, amor, espíritu. Es un texto emotivo que me ha permitido conocer un poco más el carácter del Hijo de Dios. Cuando me ponía a meditar en el texto, no podía menos que escribir sentidas oraciones inspiradas en los pensamientos que tenía a la luz de ese texto. Os comparto mis notas del mensaje, y (en breve) espero compartir el audio de este mensaje.
Os animo a leer la Biblia, a meditar a fondo sobre lo que leéis y a escribir esas oraciones. Quien sabe si algún día seáis bendecidos por esas mismas oraciones.

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