Una mala falsificación

El evangelio no sólo se predica con las palabras, sino con los gestos, con la forma de vivir. Y yo me pregunto qué es lo que están recibiendo los jóvenes y las personas que aprenden qué es la vida cristiana de los que llegamos un poco antes a la Vida.

-que Dios existe para satisfacer nuestros deseos.
-que la prosperidad y la salud son señales de éxito espiritual.
-que en la vida cristiana el sufrimiento no tiene propósito ni sentido, y que Dios nos va a librar de este siempre.
-que la Palabra De Dios es algo obsoleto puesto que podemos “santificar” nuestras sensaciones y deseos, pensando que son la dirección De Dios, o que hay apóstoles y profetas que nos pueden decir cual es la voluntad De Dios de manera mucho más precisa que las Escrituras.
-que nosotros somos el centro la adoración, y que el propósito de la adoración es provocar en nosotros una serie de sensaciones y emociones, que la adoración sólo es genuina cuando hay buenos ritmos y saltos, y que no importa la santidad de las manos que se levantan, y que las vidas de los que adoran no necesariamente tienen que reflejar la santidad de Aquel al que llamamos Santo.
-que ser cristiano se reduce a una oración, no al arrepentimiento y la confianza producidos por el nuevo nacimiento y que conducen a una vida de santidad.
-que la madurez va asociada con una comprensión profunda de las Escrituras y la obediencia y conformidad a la voluntad De Dios, negándonos a nosotros mismos y tomando la cruz.
-que Jesucristo es tan precioso para el creyente, que el sacrificio de la vida, las posesiones, las amistades, la familia, o una carrera es algo pequeño comparado con el supremo bien de su aprobación, conocimiento y comunión con Él.
-que el evangelio es la invitación a conocer a un dios que sólo ofrece bendiciones y ventajas temporales en esta vida.
Todas estas cuestiones y algunas más, producen algo llamado cristianismo, pero que no es, en ningún sentido, el cristianismo real, ni Bíblico. Esta imitación del cristianismo tiene una duración muy corta, no produce verdaderos creyentes, sino clientes, consumidores de un producto mentiroso que ofrece mucho, pero que no da nada. El antídoto contra esta falsedad se encuentra en las páginas del libro de Dios, en el ejemplo de Jesucristo, en las enseñanzas de los apóstoles y profetas. Este falso cristianismo crece con fuerza en la ignorancia de las personas carnales y sensuales, guiadas por sus apetitos y lideradas por hombre aun peores que ellos, lobos que buscan dinero y fama, con apariencia de piedad.

Esta falsedad no debería extrañarnos, hemos sido avisados por los apóstoles (los verdaderos, no los que se auto nombran apóstoles) de que en estos últimos tiempos crecería este tipo de cizaña, parecida al trigo del evangelio, pero que no es más que algo inútil, que es todo apariencia y que no tiene nada de realidad.

Referencias. Hech 20:30; 2 Ts 3:2; 2 Tim 3; Hech 20:29; 2 Tim 4:3.

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