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Ernesto y Gertrudis Trenchard. Reseña de la obra de Tim Grass.

¿Quienes fueron Ernesto y Gertrudis Trenchard?, ¿cómo fue el trabajo de los misioneros ingleses?, ¿cómo eran las asambleas en los difíciles años del régimen de Franco?, ¿cuales eran sus necesidades?, ¿quienes fueron los obreros nacionales que se fueron añadiendo y cómo creció la obra de Dios en la España nacional católica?.

Siempre he sentido curiosidad por conocer más de aquellos hermanos que nos han precedido y que tanto han hecho en favor de las Asambleas de hermanos. Sin embargo, apenas he podido recoger más que alguna anécdota piadosa. Hace unos años, predicando en un retiro de una asamblea de Madrid, aproveché la pausa de la merienda para acercarme a dos hermanos veteranos y les pregunté si habían conocido a los Trenchard, y qué podían contarme de aquellos tiempos. Escuché con asombro lo que para ellos habían sido esos años de crecimiento y empuje, cómo los jóvenes iban a casa de los Trenchard a comer los Domingos, así como cantidad de detalles que me tuvieron atento y disfrutando de esos tiempos que no viví.

Para mí, que estoy más cerca de los 50 años que de los 40, este libro es un tesoro porque habla de nuestra historia, una historia que desconocemos y al que esta obra hace un justo tributo.

Las biografías misioneras tienen el riesgo reseñar sólo las victorias y triunfos de estos héroes de la fe, ocultando con una amorosa discreción aquellas partes que quizás hacen a estos obreros “demasiado humanos”. Miramos a esos gigantes de la fe con admiración, veneración, y seguramente ajenos a sus luchas reales, flaquezas y errores, también a sus derrotas, porque no debemos olvidar que eran seres humanos. La honestidad con la que el Sr. Grass refleja la vida de los Trenchard, es inspiradora, porque refleja una realidad que es, en muchos sentidos, la misma que vivimos hoy en la obra de Dios, y eso hace que su libro sea no sólo creíble, sino un relato de fe sin exaltaciones ni silencios que distorsionarían la vida de unos siervos que dieron lo mejor de sí mismos, con sus debilidades y enfrentando muchas veces la oposición y las contradicciones con las que nosotros nos vemos desafiados. 

El libro de Tim Grass, editado por el CEFB es un formidable trabajo que rebosa rigor y un concienzudo análisis de las fuentes. Pero no creáis que sólo estamos ante una obra académica, cada página de este libro es fascinante, recorre las vidas de Ernesto y Gertrudis, sus familias, estudios, su llamado a la obra en España, y lo hace de una manera amena. Veremos la España previa a la guerra civil, asistiremos a la creación de FONDEVAN, de la Alianza evangélica en España, escucharemos nombre que nos son conocidos y queridos en las AAHH, Pablo y Catalina Wickham, Pedro Gelabert, Jaime Stunt, Fernando Pujol,y una larga lista de nombres. Creo que estamos ante un libro necesario, porque nos muestra la riqueza de nuestra historia, y nos enfrenta con los errores y énfasis en los que antaño otros cayeron y en los que nosotros podemos caer: el problema de la carnalidad en forma de personalismo y celos, la necesidad de vivir conforme a los principios de iglesias neotestamentarias.

Ernesto Trenchard fue un incansable obrero en la mies del Señor, sus maratonianas jornadas de trabajo, estudio, enseñanza, el cuidado de otros, organización de campamentos, pastoreo hacen que uno entienda por qué su salud comenzaba a resquebrajarse. Me admira comprobar que Trenchard era un erudito, a quien el mismísimo F. F. Bruce estimaba, y eso me hace ver mi necesidad de profundizar en el conocimiento de la Palabra de Dios y en mi comprensión de este mundo y del momento actual. Y es que Ernesto se ocupó de conocer la realidad de España. Conocía a fondo su literatura, lo cual le permitió trabar amistad con un agente de la policía enviado para investigar las actividades de los evangélicos, en esta amistad compartían su amor por la literatura española y con un profundo respeto compartía las enseñanzas de la Biblia, ya que el agente era un devoto católico romano. 

El precio que estos obreros tuvieron que pagar fue elevado. La descripción de los angustiosos momentos  que el matrimonio vivió en Toledo al inicio de la guerra civil así como la miseria de nuestros compatriotas en la posguerra, las dificultades de los hermanos que aun con dos trabajos (los que disponían de empleo) apenas cubrían sus necesidades básicas, la ignorancia de esos primeros conversos sin apenas medios y cómo este matrimonio trabajó incansablemente editando cursos, libros y formando a los que habían de liderar las asambleas, es encomiable. La vida de los Trenchard tampoco fue ajena a las dificultades que sufrieron internamente, estas, obviamente, mucho más dolorosas. 

En lo personal, este libro me ha ayudado en varios aspectos:

  1. Las circunstancias históricas cambian, pero nuestra realidad interior es la misma: las dificultades de la obra pionera, la necesidad de los creyentes de estar bien cimentados en la Palabra de Dios. Pero también nuestros desafíos y miserias son las mismas, y mucho podemos aprender de nuestros mayores para evitar caer en los personalismos y tradiciones no bíblicas que tantas trabas ponen al crecimiento y expansión de las iglesias.
  2. Mis ancianos me enseñaron que la Palabra de Dios no sólo es inerrante e inspirada, sino esencial para vivir vidas de santidad y para edificarnos saludablemente. Todos los esfuerzos para crecer en el conocimiento de Dios conforme a Su Palabra, nunca son suficientes.
  3. El movimiento de las AAHH descubrió las verdades neotestamentarias en cuanto a la iglesia, el sacerdocio de los creyentes, la Santa Cena, etc… hoy en día aparecen nuevos paradigmas para el crecimiento de iglesias, pero el plan de Dios es uno sólo: la iglesia local. Todas estas modas pasarán, ¡pero la iglesia permanecerá!.
  4. Sólo tenemos una vida, ¡y hay tanto por hacer!. Me emociono al leer todo lo que estos hermanos hicieron en favor del Reino de Dios, su incansable trabajo, estudio y servicio. ¡Sin duda no ha sido en vano!, frente a este mundo que busca la felicidad en el egoísmo y está cada vez más deprimido, podemos comprobar que la verdadera felicidad se encuentra en estar completamente rendido a la causa de Dios.
  5. La curiosidad y el hambre intelectual no están en absoluto reñidos con la verdadera espiritualidad. 
  6. El evangelismo implica conocer al receptor del mensaje. No se trata de adulterar el evangelio, sino de comunicarlo de manera más efectiva, Trenchard sabía muy bien cómo hilar un mensaje evangelístico para presentar el evangelio. 
  7. Muchos hermanos que se congregan en AAHH ignoran su historia. Quizás por un sentido de humildad, no hemos querido exaltar al movimiento de los hermanos para no restar protagonismo al Dios de la obra. Con todo, creo que las nuevas generaciones hacen bien en sentir interés en conocer cómo la obra de Dios ha llegado hasta ellos, y cuánto podemos aprender de los gigantes sobre cuyos hombros estamos sentados. 

“Ernesto y Gertrudis Trenchard. La enseñanza que permanece”. Editorial: CEFB. Autor: Tim Grass. 254 págs. Disponible en: https://www.libreriacristianaelrenuevo.es/

Julio Martínez

Iglesia cristiana evangélica en Suanzes, Madrid. 

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