Testimonio del autor

¿Cómo puede una persona “normal y corriente” sentir interés por la persona de Cristo?, ¿cómo puede alguien del montón llegar a -lo que es aun más fuerte- vivir intensamente entusiasmado por Jesús hasta el punto de hacerlo el centro de su vida?. Aquí tienes mi historia, mi interés en el catolicismo romano, mis ganas de conocer la verdad y la plenitud, y por fin el mayor hallazgo de mi vida: Jesucristo.

Dios obra distinto en cada uno de nosotros, leyendo mi historia puedes ver qué ha sido lo que Dios ha hecho en mi vida, pero Dios quiere obrar de una manera completamente nueva y diferente contigo. Mi oración es que llegues a la convicción de tu necesidad de Él, a conocer tu situación de pecado delante de Dios, y ¡esto es más importante! A experimentar el amplio perdón que hay en Cristo crucificado y resucitado.

Nací católico. Tan católico como puede ser una persona criada en una familia de profundas raices con esta religión, madre catequista, colegios del Opus Dei y misas dominicales. Y de todos mis hermanos, yo me sentía especialmente religioso. Así fue que hice mi primera comunión con la certeza de que aquel acontecimiento era único y sagrado.

Llevaba un escapulario (que un sacerdote me dio en mi colegio, por aquel entonces en Jerez de la Frontera) con la esperanza de que si rezaba cada noche 3 avemarías y un padrenuestro, la virgen María me sacaría del purgatorio el primer viernes del mes. Estuve rezando durante meses cada noche, hasta que mi escapulario literalmente se desgastó (pues nunca me lo quitaba). Cuando empecé a desarollar gusto por la lectura empecé a adquir libros religiosos en la librería San Pablo de Sevilla (que es donde se desarollan los acontecimientos que rodean mi encuentro con los Testigos de Jehová). Libros de catequesis, de meditación transcendental me tenían absorbido. Rezaba con fervor y mi conciencia me incomodaba a menudo, así que iba a confersarme incluso a mitad de semana, no pudiendo esperar al Domingo. La confesión me traía un “alivio” temporal a mi conciencia, pero era un círculo vicioso en el que siempre volvía al punto de partida.

Cuando cursaba el 1º de BUP en el colegio los Padres Blancos el sacerdote que nos daba clase de religión (“el padre Esteban”) nos animaba mucho a leer el Nuevo Testamento, al principio no hice mucho caso de mi profesor, pero un día, en una papelería que frecuentaba vi que vendían el Nuevo Testamento en versión popular por poco dinero (unas doscientas pesetas). Lo primero que leí fue el Apocalipsis, no entendí nada, y lo único que me produjo es miedo. Pero lo que nos recomendaba el profesor de religión es que leyéramos un poco cada vez, antes de ir a dormir, por ejemplo leer una porción. Adopté esa técnica, solo que antes de ponerme a estudiar leía un poco. Al poco tiempo le encontré el gusto.

En 2º de BUP cambié de Instituto, mi vida seguía igual, yo era una persona insatisfecha como cualquier joven, en aquella época empecé a ir a fiestas, y ocasionalmente a beber cerveza con los amigos, emborrachándome en momentos señalados (como en la fiesta de Navidad del Instituto). Leía los mismo libros, siempre con el mismo interés por cada libro nuevo que compraba, pero desilusionándome al poco tiempo, libros de Ovnis, técnicas de control mental, hipnotismo, libros religiosos, pero no cambiaba nada en mi vida, era como un desnutrido atracándome de hinflados buñuelos de aire, siempre quería más, y no conseguía matar el hambre. Cuando el curso comenzó conocí a un personaje algo extraño: un testigo de Jehová. Lo llamaremos David (él todavía es testigo de Jehová y ocupa cargos de responsabilidad actualmente en su congregación). Era una de esas personas populares, un buen deportista, simpático y con éxito con las chicas. Pero eso no fue lo que me llamó la atención de él:

– Satanás es el dios de este sistema de cosas.- me dijo antes de entrar en última hora de clases.

¡¿Cómo?!, pensé, ¡el mismo diablo el dios de este sistema de cosas!. Aquello me dejó pasmado, ¡con razón este mundo estaba tan mal!. Hablamos un poco sobre el tema, y lo que me sorprendió no fue solo la seguridad con la que afirmaba aquello, sino lo original de la idea. Tal vez esto resulte algo extraño al lector, pero le pido algo de misericordia, pensad: yo era un adolescente, inseguro, con ganas de destacar, de tener una personalidad firme y unas convicciones idealistas seguras y ¡originales!.

Volví a ver a David, y volvimos a hablar (¡y a discutir!) de esos temas, ¡todo aquello me sacaba de quicio a la vez que me fascinaba!. Todo lo que yo creía que era cierto él le daba la vuelta del revés, ¿qué pensaba?, ¿qué Jesús había muerto en una cruz?, ¡él afirmaba que había sido clavado a un poste vertical!, ¿que Jesús había afirmado ser Dios?, ¡falso! (decía él), ¡no era más que un ser divino, la primera criatura de Dios!, ¿que las personas cuando morían su alma iba al cielo?, ¡falso!, él decía que el ser humano no tenía alma y que cuando uno muere tan solo desaparece, porque los muertos no tienen conciencia de nada en absoluto.

Plantearme frente a esas afirmaciones fue una lucha para mí. Por un lado, como católico, aquello me repugnaba, por otro me fascinaba lo intrincado de sus argumentos, su uso ingenioso de la Biblia y… secretamente me enorgullecía de conocer la verdad frente a una humanidad embaucada por las religiones, no creas que había algo de misericordia en este pensamiento, ¡al contrario!, ¡me enorgullecía!, ¡yo era distinto de los demás, sabía algo que ellos- pobres ignorantes- no sabían!. Me encantaba repetir esos argumentos, me encantaba ver las caras de estupefacción, me encantaba el nuevo papel que adoptaba, tan seguro de mí mismo, mientras que los demás temblaban de ira o de miedo al ver mis nuevos argumentos. Era despiadado, no respetaba a nadie, fuese anciano, culto o ignorante, todos soportaban la crueldad medida de los argumentos que repetía como un papagayo.

Sólo quien ha pasado por una lucha semejante puede saber qué suponía para mí dejar todo eso. Era abandonar una religión y un sistema de pensamiento que había sido mi vida, y que mantenía unida a mi familia (todos especialmente mi madre eran fervientes y convencidos católicos). David empezó por dejarme “Atalayas”, entonces presentadas en blanco y negro. Yo las devoraba. No entendía mucho (al principio) pero las devoraba. Recuerdo la primera pregunta que le hice a David:

– Hay una cosa que se repite mucho en la atalaya, que no entiendo.

-¿Qué es?.

– No recuerdo… es algo así como unas siglas, IC… VC…

– ¡E.C!- me dijo David.

– ¡Eso es!, ¿y qué significa?.

– Significa Era Común, ya que el calendario que el mundo sigue no es del todo correcto.

Recuerdo aquel periodo con auténtica fascinación. La fascinación de quien está descubriendo algo nuevo. Los recreos David los pasaba explicándome en la biblioteca las doctrinas de su grupo, Biblia en mano y con el libro “Razonamiento a partir de las Escrituras” daba respuestas a todas mis objeciones. No se me olvidará la sesión sobre profecía bíblica en la que David me dibujó un diagrama con lo que en el futuro iba a suceder, ¡por fin alguien me explicaba lo que el Apocalipsis revela!, ¡y podía entenderlo, no era nada complicado!.

Nuestros estudios fueron ampliándose hasta que David me invitó a comenzar “un estudio”.

– ¿Un estudio de qué?- le pregunté.

– Un estudio de la Biblia basado en libro “Vivir para siempre”.

Yo admití inmediatamente. Quería saber más. David me prestó el libro “Vivir para siempre”, porque era el libro de su hermano, y el tenía el estudio al día siguiente. También me dio la dirección del “Salón del Reino”.

Era tanto mi entusiasmo que antes de ir a comer a mi casa me acerqué al “Salón” para ver cómo era. El recibidor era un portal de marmol con buen gusto, y un pequeño escaparate en el que había varias Atalayas y un libro abierto con no se qué cosa sobre Babilonia la Grande. Estuve como un cuarto de hora viendo aquello, disfrutando de aquel sitio.

Esa tarde había una “reunión de servicio” y “Escuela del ministerio Teocrático”, dos reuniones donde se daban abundantes discursos. La duración de las reuniones era de dos horas en total. A mitad de reunión alguien me llamó, eran David y un hombre de unos veintiocho años. Salimos a un patio anexo al Salón, junto a los servicios.

– Julio, te presento a Eduardo, que es el que me da a mí el estudio.

– Hola- nos saludamos.

– ¿Quieres empezar un estudio?- dijo.

– Sí .

– De acuerdo, ¿podemos el Viernes a las cinco de la tarde?.

– Vale, me viene bien.

Y ya está. había dado mi primer paso a lo que era convertirme formalmente en un testigo de jehová. Después de la reunión varias personas se acercaron amablemente a mí, una de ellas fue la hermana de Eduardo, un mujer joven que me preguntó si se me había hecho muy larga la reunión. la gente iba bien vestida, muy elegantes, con corbata y chaqueta los hombres, las mujeres con faldas largas.

Esa noche, después de cenar, con mi hermano Ricardo ya dormido, empecé a leer el libro “Usted puede vivir para siempre en un paraiso en la tierra”. Para mi gusto el libro “mejor” editado por la Sociedad WatchTower Bible& Trac (la corporación legal de los testigos, en castellano “Sociedad Atalaya de Biblias y Tratados”). Las ilustraciones eran soberbias, los temas muy claros y ofrecían respuestas muy concisas, aquello no dejaba lugar a dudas. Hoy en día ese libro ya no se edita, se utiliza otro más breve llamado “El conocimiento que lleva a la vida eterna”.

Durante casi toda la noche (me acosté muy tarde) leí aquel libro, y por la mañana, en el autobús que me llevaba al Instituto seguí leyéndolo. Se lo devolví a David, y esperé con ansias que llegara el Viernes para comenzar mi estudio.

Eduardo no se`pudo presentar, trabajaba como fotógrafo y siempre tenía encargos de última hora, así que se presentó su madre (una mujer muy simpática) y su hermana, a quien conocí en la reunión del Miércoles. Comenzamos el primer capítulo del libro, donde se habla de los desastres del mundo y del anhelo humano de vivir para siempre, no morir, sino vivir en un lugar paradisiaco, el libro, citando la Biblia, afirmaba que ese era el propósito de Dios. ¡Yo también quería vivir para siempre en el paraiso de Dios!.

Cuando terminó el estudio (después de hacer una oración) la madre de Eduardo me regaló el libro (aquello me llegó al corazón), ya tenía mi propio ejemplar y podía leerlo siempre que quisiese.

El estudio de aquel libro se supone que es un estudio “Bíblico”, pero no tiene ningún parecido con un estudio Bíblico, cada lección está dividida en párrafos, y a pie de página aparecen preguntas numeradas en relación a cada párrafo de la página (que también está numerado). El estudio consiste en la lectura de la lección párrafo a párrafo, tras cada párrafo se hacen las preguntas de la lección y se insertan comentarios sobre lo leido. De vez en cuando se salpica el estudio con la lectura de versículos de la Biblia: nunca capítulos textos, ni mucho menos capítulos. Pero eso sí, te repiten que la autoridad la tiene la Biblia, y que lo importante es lo que dice la Biblia y bla, bla, bla, pero al final del estudio has leido y analizado casi una lección completa del libro de ellos, con sus preguntas y todo.

Mis ansias de conocer más eran tan grandes que los estudios se me hacía a paso de tortuga por el ritmo que tenían, por eso siempre estaba interrumpiéndolos haciendo preguntas sobre todo tipo de temas. Además, otros testigos me prestaban libros, o yo mismo los compraba en la librería del salón, junto con revistas antiguas “para ponerme al día”. ¿Sabes lo que es volcarte por completo?, eso era lo que me estaba pasando a mí. Vivía en un torbellino de ideas, versículos y artículos con “nuevas” verdades que iba descubriendo. Cada día me acostaba a la una y media o dos de la mañana repasando estudios de la Atalaya y de libros que repasaba. Todo esto hicieron de mi un verdadero fanático.

¿De qué manera se vio afectada mi conducta hacia los demás?. En sentido absoluto. En el Instituto me convertí en una especie de revolucionario, siempre discutiendo, discutía con evolucionistas, con mis amigos católicos “capillitas” (en Sevilla se llama así a los que pertenecen a hermandades de Semana Santa y que sienten especial devoción por las imágenes religiosas), y con todo el mundo. En clase de religión me gané una especial reputación: el sacerdote que nos daba clase (un hombre joven llamado Javier Navas) era una persona muy dada al diálogo, supongo que con el problema de cualquier profesor: estimular a sus alumnos y despertar el interés. en aquella clase yo levantaba verdaderas polémicas, de hecho, las clases pasaban enteras mientras Javier y yo discutíamos (y yo discutía muy acaloradamente). Así me gané un sobresaliente en religión, aunque algunos de mis compañeros estaban fritos de tanta trifulca, recuerdo que una chica se levantó a mitad de clase y dijo: “Yo me voy de aquí, esto se parece a un partido de ping-pong entre Javi y Julio”.

Pero esto no tiene nada que ver con lo que ocurrió en mi familia. Eso sí que fue una tragedia para mis padres. Cuando se enteraron la reacción que tuvieron fue precisamente la reacción de la que me advertía la literatura de la Atalaya. Esto es algo común a las sectas, siempre advierten que tu familia te va a rechazar y a intentar separarte de “la verdad”. Los niños de Dios son llamados por la policía de los Estados Unidos como los “10.36” ya que ellos citan mucho Mt 10.36 (fuera de contexto) diciendo que tus enemigos van a ser los de tu propia casa. En la segunda lección (si mal no recuerdo) del libro “Vivir para siempre…” ya lo advierten, que mi familia va a presentar oposición a mis nuevas creencias, que la Biblia lo dice, etc, etc…

Mi padre. Un católico sincero, tradicional y sin demasiadas nociones de doctrina católica se sientó amenazado.

– Estás abandonando la religión de tus padres, lo que tu abuelo me enseñó a mí, y lo que nosotros te hemos enseñado a tí.

Esto era muy serio para él (¡y tenía razón!), había abandonado algo con fuertes implicaciones sociales y familiares. Me pidió que a mis abuelos no les dijera nada. A ellos esto les podía hacer mucho daño. Luego cambió de técnica, y acudió a por información. Se hizo con un folleto escrito por un sacerdote católico que refutaba las doctrinas de mi secta. una noche me llamó a su dormitorio, me hizo sentar en la cama, abrió el folleto y se puso a leerme algunas partes que él consideraba las más convincentes: “… usan la Biblia como pantalla… tienen una Biblia distorsionada…. su fundador fue un hombre sin escrúpulos, un simple tendero sin formación…”. Aquellas acusaciones contra mi grupo, lo único que hacían eran ponerme en guardia y hacer causa común con los testigos. Además, a mí no me servían de nada.

Mi madre. Para ella fue un golpe muy duro. Ella tiene unas convicciones católicas mucho más profundas, es una persona muy religiosa, así que encajó el asunto muy mal, lloraba bastante.

– A mí la Iglesia me dice que tengo que criar hijos para el cielo, y he fracasado.

Ante eso sí tenía argumentos, pero para lo que no tenía argumentos era para su sufrimiento.

Mis hermanos. Esto era aun más duro. Aproximadamente cuando yo tenía doce años mis padres se separaron. Por diversas circunstancias mis hermanos y yo tuvimos que ir a vivir con mi padre, yo soy el hermano mayor y en cierto modo tuve que hacerme cargo de ellos, eso me hace estar muy unido a mis hermanos. La Sociedad Atalaya me decía, en cambio que no era bíblico celebrar el cumpleaños de mis hermanos (no podía decirles “felicidades” o celebrarlo con ellos), no podía ir a su boda, el día en que se casaran, o a su funeral… Estas cosas me hacían estar separado de ellos, y eso no me parecía bíblico.

Por otro lado, ellos soportaban las muy frecuentes discusiones que yo mantenía con mi padre a la hora de comer, desde que nos sentabamos a comer hasta que nos levantabamos, no parábamos de discutir sobre la religión o la Biblia, a eso súmale las cenas y los viajes en coche. Un día, mi hermano Ricardo, me dijo:

– Julio, por favor, que en las comidas tengamos la fiesta en paz.

He contado lo que respecta a la parte más negativa de mi experiencia con la organización de los Testigos de Jehová. Pero no todo era así de negativo, sino ¿qué era lo que me mantenía unido a ellos?, ¿qué satisfacción me daban que compensase lo que estaba perdiendo?. Esto es algo que merece la pena ser comentado ya que pocos de los libros que he leido sobre el tema sacan esto: ¿por qué un testigo de Jehová es testigo?, ¿que encuentra allí de bueno?, son varias las razones, aquí solo expongo algunas:

1) Conocimiento. La Organización se llama “el esclavo fiel y discreto”. Su papel es el de distribuir alimento espiritual mediante las publicaciones. La Organización es la responsable de las tergiversaciones Bíblicas y de las doctrinas cambientes de los testigos. Pero claro, esto es algo que los de dentro no se dan cuenta. Al contrario, eso te crea cierta:

1.a. Seguridad. Seguridad en que estás en el único lugar de la tierra donde puedes encontrar la verdad de Dios y ser alimentado por la rica provisión de estudios. Por lo general el testigo se siente fascinado y cautivado por ese canto de sirenas que sale de las páginas de su Atalaya, revelaciones más profundas (o como ellos dicen “un entendimiento mayor”). personalmente yo alucinaba en mi estudio personal, me preparaba las reuniones, en mis conversaciones con la gente “de fuera” si no tenía respuestas acudía a los libros de la Sociedad y me preparaba para dar respuesta a la cuestión. Y es que la Sociedad tiene literatura con información y referencias para casi cualquier tema (otra cosa es que esa información sea cierta). Conozco a testigos que para el estudio de la Atalaya (la reunión en la que se comenta públicamente el artículo de la Atalaya de esa semana) se pasan tres horas estudiando, ¡tres horas!.

2) Ambiente agradable de compañerismo. Los testigos se presentan como una fraternidad mundial. El ambiente de sus reuniones es cordial y hay buen compañerismo y lazos fuertes entre ellos. El hecho de que estén embarcados en una causa común, y que tengan al sistema de cosas gobernado por Satanás opuesto a ellos los une mucho. Dentro de los testigos hay gente admirable, trabajadores, nobles y sinceros buscadores de la verdad. Esto es algo que atrae mucho al testigo de Jehová. [Nota: la realidad, por otro lado demuestra que en los procesos de expulsión estos lazos son falsos, el miedo lleva a los testigos a enfrentarse y rechazar a los que antes fueron sus amigos, e incluso a levantar rumores falsos en los procesos judiciales. La Atalaya además anima a denunciar a las autoridades de la congregación a otros testigos, esto crea un sistema de espionaje entre propios amigos que va totalmente en contra de su fingia hermandad mundial].

La contrapartida negativa es que el testigo, gracias a su celoso trabajo de propagar sus doctrinas se ha ganado la enemistad de su familia (no va a cumpleaños, bodas, funerales, y en cima los bombardea con su proselitismo desesperante y absurdo), la de sus amigos (que están espantados de lo que la secta ha hecho con él, y enfrentados ante las censuras del testigo) y la de sus compañeros del trabajo. De modo que cuando se plantee irse de la Organización se dará cuenta de lo solo que se va a quedar, y encima tendrá que enfrentar la burla de muchos: “ya te decía yo que estabas equivocado- dirá su amigo fumandose un cigarrillo- si me hubieras escuchado antes…”.

3) Salvación. Si bien una salvación dudosa. El testigo tiene seguridad de salvación en base a que:

a) está en la Organización de Dios, que es como el arca en medio del diluvio de los juicios de Dios.

b) su dedicación a Dios, simbolizada por el bautismo y mostrada por la fidelidad en la obra mundial de los testigos.

¿Qué piensan entonces los testigos del sacrificio de Cristo en la cruz?, bueno, no lo niegan, pero Cristo simplemente pagó por el pecado de Adán (dicen), es decir, que Cristo abrió la puerta de salvación, pero el resto del trabajo tenemos que conluirlo nosotros. A pesar de todo el testigo descansa en su fidelidad, asistencia a reuniones, obediencia a los mandamientos de la Sociedad Atalaya y sobre todo predicación de puerta a puerta.

Esto tiene su contrapartida negativa, el testigo que duda en irse siente temor, piensa “y si me voy ¿donde voy a encontrar salvación?, todas las religiones de este mundo están corrompidas, ¿donde voy a encontrar la organización de Dios?”, así que ante la duda se abstiene de irse, después de todo mejor es morir en la Organización de Dios que fuera de ella.

Bueno, vuelvo a mi historia, ¿qué fue lo que pasó conmigo?, fueron muchos los factores, y no fue nada facil abandonar la secta. Por un lado estaba mi familia, a la que quiero muchísimo, y por otro estaban una serie de engaños que empecé a notar. El primero fue un pequeño detalle, algo casi sin importancia, al final del texto de Mateo, dice la Biblia que cuando Jesús resucitó, ciertos sepulcros se abrieron y esas personas que habían muerto resucitaron (Mt 27.52-53). En un artículo explicaron el punto de vista de los testigos, y del porqué la Organización ha traducido la Biblia de los testigos de tal manera que la idea que ellos dan es que cuando Jesús resucitó, no es que resucitaran ciertas personas, sino que había algunos que paseaban por el cementerio y se levantaron y se aparecieron a muchos. Una vergonzosa tergiversación. Aquello me indignó mucho, pero voluntariamente preferí ignorar aquello, a lo mejor yo era el que estaba equivocado (pensaba) o si estaban equivocados ellos no tenía importancia, ya que en las cosas importantes ellos no se habían equivocado.

Pero siguieron más dudas. Empecé a comparar lo que decía la Traducción del Nuevo Mundo (TNM), es decir, la Biblia de los Testigos con lo que otras Biblias traducían (Biblias católicas y protestante) y en determindados textox cambiaba radicalmente. sobre todo en textos relacionados con la Divinidad de Jesús. Empecé un estudio de la divinidad de Jesús, en gran parte guiado por el libro “Razonamiento” y el folleto “La Trinidad” editados por la Sociedad, pude ver claramente que a parte de usar unos pocos textos para defender que Jesús no era más que una criatura (textos muy oscuros) los textos que claramente hablaban de la plena Divinidad de Jesús los iban desacreditando y argumentando en contra de ellos sistemáticamente. Es decir, dedicaban más espacio a desacreditar versículos que a emplear versículos que apoyasen sus puntos de vista erróneos. Además, siempre achacaban a los demás una mala traducción, ¡todos los traductores de la Biblia estaban equivocados menos los anónimos traductores de la TNM!.

Hay más. Una mañana de Sábado, en una librería encontré un libro de curioso título “El fraude del fin del mundo” escrito por Antonio Carrera. compré aquel libro y lo leí. Fue un mazazo emocional. El libro demostraba, citando Atalayas y libros publicados por la Sociedad, como habían errado una y otra vez profecías respecto al fin del mundo. Sbrayé aquel libro y puse papelitos por todas partes para encontrar secciones interesantes. Solo había dos posibilidades, o el esclavo fiel y discreto era un falso profeta, o era un verdadero profeta. Solo dos posibilidades, la Biblia lo deja claro en Dt 18.20 y ss. Pero los testigos, con mucho descaro afirman que lo único que ocurrió es que están incrementando su conocimiento de la verdad, ¡pero eso no es una respuesta!, ¡o se equivocaron, entonces son falsos profetas o acertaron!, y evidentemente no acertaron. Todas estas afirmaciones están sobradamente documentadas y os remito a otras obras bien surtidas (no obstante si queréis más información podéis escribirme).

¿Qué decían los testigos de Jehová de mi congregación cuando les enseñé ese libro?. Primero, que lo había escrito un apóstata, es decir, un hombre resentido y lleno de odio por la organización de Dios, probablemente deseaba la preeminencia y le negaron cargos de responsabilidad (lo cual no es una respuesta, lo que cuestionamos no es si ese hombre es un apóstata, sino si lo que decía era cierto o no). Y lo segundo que me dijeron es que ignoraban todas esas Atalayas a las que el libro aludía, ellos no sabían nada de que se profetizara que el Armagedón comenzara en 1914, ni que tampoco se anunciara que en 1975 iban a resucitar los patriarcas de la antiguedad. Conclusión: ellos tenían una bsoluto desconocimiento de su propia historia. Una buena muestra de ellos fue lo que narro a continuación:

Un Sábado por la mañana le pregunté a Eduardo (el que me daba el estudio) por Beth-Sarim (traducido casa de príncipes), Beth- Sarim fue una lujosa mansión que Rutherford (el segundo presidente de los testigos de Jehová construyó en California para que albergara a los patriarcas de la antiguedad que, según sus cálculos resucitarían en 1975. Cuando llegó 1975 nadie resucitó (a pesar de que la Atalaya claramente lo predijo), pero, ya que estaba construida la mansión, el propio Rutherford se fue a vivir a ella, ya que padecía de cierta enfermedad, y el clima de California le ayudaría a recuperarse, tiempo después de su muerte, la mansión se vendió.

Eduardo no tenía ni idea de la historia. Así que buscamos en el anuario de los testigos de Jehová, este es un libro que recoge las actividades mundiales de los testigos en ese año, y… ¡apareció una referencia a Beth- Sarim!, allí decían que evidentemente se construyó, y que Rutherford se fue a vivir allí.

-¿Ves?- me dijo triunfalmente Eduardo- la Sociedad no nos oculta nada, todo está aquí.

No dije nada a su comentario y me fui a casa impresionado. Pero más tarde, cuando leí aquel anuario, me di cuenta de la mentira, el anuario decía que “algunos testigos pensaban que los patriarcas de la antiguedad resucitarían”. Algunos testigos, ¡pero eso era falso!, no fueron “algunos” testigos quienes lo afirmaron, sino la Atalaya misma, ¿por qué entonces echar la culpa a los testigos de a pie de afirmaciones hechas por sus dirigentes?.

No mucho tiempo después compré un libro llamado: “DDT: documentos desenmascaran Testigos de Jehová”, el libro no era ni más ni menos una serie de fotocopias de Atalayas con profecías sin cumplir y con cambios doctrinales. Ese libro se lo enseñé a algunos testigos, pero todos dudaron de él, un testigo me lo pidió prestado y… ya no lo volví a recuperar (no volví a ver a ese chico, no es que me lo birlara). años después me lo volví a comprar. La evidencia era absoluta, tenía los mismo documentos que probaban la falsedad de sus afirmaciones.

¿Pensáis que salí inmediatamente de la secta?, nada más lejos de la realidad. ¿Y por qué no- me diréis- si tenías las pruebas delante de tus mismas narices?. Es más complicado de la que parece, como dice Cesar Vidal Manzanares en su libro “Psicología de las sectas”: “tú sales de la secta, pero la secta no sale de tí”. Eso es cierto. hay cadenas invisibles que te atan a ella.

Dejé los testigos, ¿pero ahora qué?, un enorme vacío se me quedó, ¿qué pasaba entonces con las miles de preguntas sin respuesta?, ¿qué pasaba ahora con los interrogantes más importantes que quedaban en el aire?. Cuando sales de los testigos te das cuenta del buen trabajo que ellos han hecho en tí. Desconfías de todas las otras organizaciones, pero deseas, DESEAS ferozmente que haya algo de verdad que llene tu vacío. Como uno de mis hermanos me dijo refiriéndose a esa época:

– Tú decías que habías dejado los testigos de Jehová, pero te veía leyendo la Atalaya a cada rato como hacías al principio.

Y así estaba, añoraba con todas mis fuerzas volver, pero a la vez me repelía, era como la droga, los amas y los odias, sabes que están engañados, pero anhelas la seguridad. Incluso, pensaba para mí mismo lo siguiente: “Vale, estaré fuera de los testigos de Jehová y cuando sea viejo, tal vez cuando me jubile me bautizaré y me haré testigo, y así moriré en la verdad”.

Fue una época muy tormentosa. Volvía a los testigos, y estaba así unas semanas. Pero luego los abandonaba, para volver meses después. Como dice la canción de amor: “No puedo vivir sin ella, pero con ella tampoco”. Así era mi relación con la Sociedad Atalaya.

Además, empecé a meter las narices por todos lados, leía material de los mormones, de los adventistas, recibí un curso de 10 lecciones de los rosacruces, seguí leyendo libros de meditación, y también empecé un curso Bíblico por correspondencia. A todo eso súmale que hice las catequesis que los neocatecumenales imparten en las Iglesia católica. ¡Vaya cacao!. Los que han tenido experiencias semejantes a la mía sabrán lo que estoy diciendo.

Hubo algo que también me dejó muy marcado. Un verano, en la casa de mi abuelo en el campo, andaba aburrido, escribiendo y leyendo, hasta que me quedé sin nada que leer. Así que a mitad de verano, en un mueble del dormitorio donde yo estaba encontre una edición barata (de la colección de RTV) de la novela “1.984”. Como soy un amante de la ciencia ficción empecé a leerla con ganas, la historia me cautivó, hasta que leyendo y leyendo me di cuenta de ciertos paralelismos, ¡un momento!, me dije, ¿no es verdad que esto separece bastante a…?

…el protagonista de la novela es un hombre que vive en una especie de estado totalitario dirigido por un carismático y tirano personaje llamado “el gran hermano”. Este hombre controla cada aspecto de la vida de los ciudadanos, lo que comen, cómo se visten, con quien se casa, lo que creen y lo que no deben creer. El protagonista trabaja en el “Ministerio de la Verdad”, una especie de organismo público que se dedica a desinformar a los ciudadanos, por ejemplo, si el gran hermano dijo en Mayo que iba a subir la producción de bananas a 1.000 toneladas más, y solo subía a 800, lo que hacían era modificar el periódico y metían un discurso del gran hermano diciendo que la producción iba a subir a 800 toneladas. Y así, por medio de la mentira y el engaño las “profecías” del gran hermano se hacía realidad.

En ese estado totalitario la gente se denunciaban unos a otros, si alguno expresaba opiniones propias o quejas en contra del gran hermano, tenían que aparentar energía, felicidad y entusiasmo por el gran hermano, al que todos amaban reverenciaban y honraban. El siervo fiel y… perdón, el gran hermano los mantenía a todos muy unidos, todo el mundo se mataba a trabajar por él, aunque ninguno importaba un pimiento porque todos solo eran engranajes en una gran maquinaria de guerra y de producción. El individuo no importaba, solo el bien común….

La novela no la pude leer entera, alguien arrancó las últimas páginas, tal vez alguno de mis primos jugando con el libro, pero lo importante es que me vi reflejado en aquella novela, el paralelismo era más que evidente, una sociedad aparentemente feliz, con fines comunes, perpetuándose a sí misma al coste de sus miembros, sin alma y sin rostro, transformando la verdad continuamente para que se ajuste a sus profecías, denunciándose unos a otros, matándose a trabajar y siempre siendo empujados a producir más, vender más, hacer más prosélitos…. ¡qué descanso poder verme así reflejado y tener una perspectiva sana de lo que ocurrió conmigo!.

Pero eso no es el fin de mi historia, porque la canción se repite: “tú saliste de la secta… pero ella no salió de tí…”. Un verano, en Granada, mi tierra natal, buscando y buscando, aburrido, sin saber qué hacer, con mucho tiempo por delante y no saber cómo emplearlo, busqué una “iglesia” con la que no había probado: los evangélicos. Busqué en las páginas amarillas y el domingo allí estaba Julio Matínez, a la entrada de aquel local de cultos, esperando a que alguien se me acercara a saludarme amablemente.

Mi encuentro con los “evangélicos” no fue muy bueno. Me parecieron gente vulgar. Iban vestidos con pantalones vaqueros (algunos) demostrando poco o ningún interés por la reunión que iban a celebrar. Las mujeres llevaban pantalones, y ninguno de los hombre llevaba corbata. Nadie sabía responderme a mis extrañas e hirientes preguntas. No parecían celosos ni muy dedicados, con todo, hubo un episodio que sí que me llamó la atención, al llegar había dos hombres mayores, gente de campo, sencillos, de tez muy morena y manos callosas, gente de pocas palabras, uno le dijo al otro:

– Antonio…

– ¿Qué?….

– Que el Señor es muy bueno…

El otro se quedó un rato meditando la respuesta y le dijo:

– Pues sí que es verdad.

A parte de lo cómico de la conversación, para un engreido y lleno de soberbia como yo, hubo algo en aquellos dos hombres que me llamó la atención, ellos parecían conocer y reflejar al Dios del que hablaban. No sabían mucho de Biblia ni de argumentos extraños, pero hablaban de Dios con cierta “familiaridad”, como si lo conociesen de toda su vida.

Estuve asistiendo a esa Iglesia cristiana evangélica. Un Domingo caluroso, mientras un grupo de jóvenes volvíamos del culto, yo avanzaba en silencio, solo escuchando las conversaciones de los demás. Raquel , una de las hijas del pastor de la iglesia, se me acercó y empezamos a charlar:

– Yo lo que busco es la religión verdadera- le dije- la organización que tenga la verdad.

Eso lo decía como ex-textigo bien mentalizado y adoctrinado. El lavado de cerebro es muy muy astuto, el mensaje que te graban en el cerebro es: “Tienes que buscar la organización de Dios en la tierra, ¿y cual es la organización de Dios?, aquella que hace lo mismo que nosotros, que usa el nombre verdadero de Dios, que hace la obra mundial de predicación, que está unida, etcc, etc, vamos, que nosotros somos la organización de Dios”.

Pero lo que esa chica me dijo no fue: “¡Nosotros somos la organización de Dios!, ¡tú tienes que hacerte evangélico y solo así podrás ser salvo!”, que era lo que me decían los otros grupos de una manera o de otra, lo que esta chica dijo fue:

– Tú no necesitas encontrar la organización verdadera, lo que necesitas es encontrar al Salvador verdadero, porque la salvación no se encuentra en una organización sino en una persona: en Jesús, Él mismo dijo que era la Verdad.

No os podéis imaginar la cara que se me puso de tonto.

¡Jamás nadie me había dicho nada así!. Yo, que había leido pilas de libros, había escuchado conferencias y había investigado en todos lados, por primera vez escuchaba algo que difería radicalmente de todo cuanto me habían dicho. Caminé hasta mi casa aturdido por esas palabras, había visto algo de luz. “Eso quiere decir que no se trata de estar en el grupo correcto, asociado en la Iglesia verdadera, sino que se trata de un compromiso personal, algo entre Jesús (el que Salva) y yo mismo”.

Si tengo que decir cuando fue el momento en que empecé a conocer la libertad verdadera, sin duda que fue ese momento. Cuando llegué a mi casa empecé a recordar las afirmaciones de Jesús acerca de sí mismo, sobre todo, esa cita que Raquel dijo:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí” (Jn 14.6).

Leyendo la Biblia encontré muchas más (tú mismo las puedes descubrir). Inmediatamente solicité al Pastor empezar un estudio de la Biblia y comenzamos a explorar la Palabra de Dios. El proceso de salir completamente de la secta no fue inmediato, de hecho tuve una caida al terminar el verano, la nostalgia, los miles de dudas que me asaltaban no me dejaron tranquilo y volví a pasar un año entero”perdido” sin certezas reales, pero el camino estaba abierto, así que al verano siguiente (otra vez en Granada), buscando un libro sobre los testigos de Jehová, dí con una librería cristiana evangélica y empecé a curiosear, tenían además libros de préstamo y empecé a acudir a la librería. La librería la gestionaba un misionero holandés con el que entablé amistad, con él comencé a estudiar de nuevo la Biblia y a conocer más de la persona de Jesús, sólo así comencé a salir realmente de los testigos de Jehová, todavía conservo los estudios de la Biblia que hice, además, me dediqué a apuntar todas las referencias de la Biblia acerca de la divinidad del Señor Jesucristo, este fue el estudio más importante que hice, recogiendo todos los textos que encontré en el Antiguo y Nuevo Testamento. Todavía conservo ese estudio y lo regalo a todo aquel que me lo pida. Junto con ese estudio hice otro acerca de la salvación por gracia, por medio de la fe en JesuCristo, aunque otros creyentes me obsequiaron con cursos bíblicos por correspondencia, folletos y libros repasé todo el Nuevo Testamento varias veces, subrayando cada texto o porción de la Escritura que hablaba de la salvación. Algo muy importante es que para experimentar la completa liberación cada mentira de la secta tiene que ser sustituida por la verdad de la Palabra de Dios para que puedas desalojarla de tu mente. Esta idea quiero desarollarla un poco más:

El testigo medio, el que no es muy celoso está soberbiamente adoctrinado, creo que pocas sectas en el mundo hacen un trabajo tan bueno como el de la Sociedad Atalaya. Considerad la trayectoria que tiene el testigo: entra en la secta y hace un estudio del libro “Vivir para siempre” (ahora “El conocimiento que lleva a la vida eterna”), ha estudiado cada página de ese libro, lo ha subrayado, anotado y ha respondido todas las preguntas a pie de página, al testigo se le anima a leer el material antes de exponerlo en la sesión de estudio, también ha leido la mayor parte de los textos bíblicos de cada lección y puede que le hayan hecho memorizar uno por lección (a mi me animaron a hacerlo y me lo preguntaban), huelga decir que el texto está despiadadamente fuera de contexto. Además, empieza a leer las revistas “la Atalaya” y “¡Despertad!”. Para mantenerse al día hay que ser diligente en la lectura, ya que sus actividades son múltiples. Tiene las conferencias, un total de cinco reuniones semanales, estudio de la Atalaya: donde se analizan los artículos de esta revista por el mismo sistema de preguntas y respuestas , el Discurso público en el que se repite la misma idea semanalmente (que el fin está cerca y que solo hay salvación en la Organización de los testigos), la escuela del ministerio teocrático (donde se enseña a hablar en público y a predicar eficazmente), el estudio del libro (en el que se estudia un libro editado por la Sociedad) y la reunión de servicio. Estas son muchas reuniones. Súmale el texto del día, que consiste en leer un versículo de la Biblia y un comentario de este basado en la Atalaya, si tiene un estudio Bíblico familiar….pero hay más: probablemente tenga que prepararse “asignaciones” (discursos públicos o exposiciones de sus doctrinas) y además tendrá que atender sus “estudios”que son otros estudios que mantienen con otras personas interesadas, en los que va a enseñar y repasar una y otra vez el libro “El conocimiento…”, no se me olvidará un testigo muy sencillo que se llamaba José, en particular celoso en la obra de hacer proselitismo, a lo largo del año conducía tantos “estudios” que los testigos le decíamos: “José, si alguna vez se te olvida el libro no pasa nada, solo tienes que recitarlo”.

Piensa en todo esto que te estoy diciendo. ¡Eso es mucha información! y muy poco tiempo para analizar, meditar, contrastar. Es una lucha constante por mantenerte al día y eso hace que la mente sacrifique la capacidad de análisis y raciocinio. Pocas personas conocen el poder del “lavado de cerebro”. Esos argumentos se dan por hechos, no se cuestionan, además el ambiente en el que vives es muy propicio a ello, vives inmerso en unmundo de testigos que no tienen duda de lo que creen, que han puesto la lealtad a una organización humana por encima a la lealtad a la Palabra de Dios, inmerso en esa corriente te quedas atrapado. Todavía hoy, años después de mi relación con la secta, cuando busco una palabra en la concordancia (un índice de palabras de la Biblia) a veces me vuelvo loco al no encontrarla, ¿cómo es que esa palabra no está?, ¡y es que era de la versión del Nuevo Mundo!. Recuerdo muchísima información, si cierro los ojos puedo “ver” páginas de la Atalaya o de otros libros que dejaron una profunda huella en mí. a veces, cuando hablo con alguna persona que me dice: “Yo a los testigos los dejo planchados, los puedo dejar con la boca cerrada” le puedo adoptar el papel de testigo y recitarle los argumentos de la sociedad para demostrarle que ellos saben haceer muy bien su papel.

Hubo momentos de verdadera lucha, tiempos en los que recuerdo haber estado escribiendo cuales son las ventajas de los testigos y las de los grupos cristianos evangélicos. Hoy puedo afirmar con total convicción que la abrumadora evidencia demuestra que la Sociedad Atalaya es una secta muy peligrosa, y que la única verdad y liberación se encuentra en la persona bendita del Señor Jesucristo, Él es el Salvador y en ningún otro hay salvación (Hch 4.12), Él es el cordero de Dios (Jn 1.36) la victima inocente ofrecida por nuestros pecados, no hay otro camino a Dios, los que están en Cristo no tienen ninguna condenación (Rm 8.1), si confiesas con tu boca que Jesús es el SEÑOR (con plenos derechos sobre tu vida) y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos serás salvo (Rm 10.9-10), Jesús dice que el que oye su palabra y cree al que le envió tiene vida eterna y no vendrá a condenación, pues ha pasado de muerte a vida (Jn 5.24), Su sangre derramada en la cruz nos limpia de todo pecado (1 Jn 1.7), Él es el Jehová del Antiguo testamento, llamaba a Dios su propio Padre haciéndose igual a Dios (Jn 5.18) e invita a cada persona a beber de las aguas vivas que Él ofrece, Él es el pan de vida, quien viene a Él nunca tendrá hambre, y quien cree en Él, no tendrá sed jamás (Jn 6.35).

Hoy en día me encuentro plenamente feliz, el amor de Dios me halló y me salvó (1 Jn 4.10), vivo una vida sencilla y plena en Cristo Jesús, fue Él quien me ha hecho libre de verdad. Reconozco mi pecado y mi imposibilidad de salvarme por mis obras, le confesé a Él mi pecado y he puesto fe en su completa obra salvadora de gracia. Fue Él quien me halló y me salvó cuando estaba muerto en mis delitos y pecados, mi buen pastor dejó a las noventa y nueve y me buscó con amor, ¡jamás he conocido ni conoceré otro amor como el de nuestro Dios! Él es mi Señor (Aquel con plenos derechos sobre lo que tengo y lo que soy) y mi Salvador. No echo de menos a los testigos de Jehová, no siento añoranza en absoluto por volver a ellos, cualquiera que volviere a beber del “agua” de los testigos, o de la religión o filosofías humanas, volverá a tener sed, pero el que beba del agua que nuestro Señor Jesús da no tendrá sed jamás (Jn 4.13-14).

¿Qué puedes hacer ahora? Si eres testigo de Jehová, o estás estudiando con ellos, o saliste hace tiempo y dudas si volver otra vez, me gustaría darte algunos consejos para ayudarte a encontrar la libertad que hay en Cristo, así como el gozo y la salvación que Él te ofrece:

Hazte con una buena Biblia. La Traducción del Nuevo Mundo está claramente viciada, el anónimo comité de traducción que se presenta en su primera página estaba compuesto por personas que no sabían una sola palabra de las lenguas originales en las que se escribió la Biblia, a excepción de Fred Franz, quien apenas estudio algo de griego de forma autodidacta (el libro de Eugenio Danyans Proceso a la Biblia de los Testigos de Jehová muestra los fatales errores de esta Biblia, errores básicos e intencionados de traducción).

Pídele al Señor en oración que te guie a la verdad, Él es la única solución a tu necesidad espiritual, pero antes debes recibirlo por la fe, creyendo que Jesús murió por tus pecados, que resucitó físicamente, y que él te ofrece vida eterna si te arrepientes de tus pecados y dependes sólo de Él y de su justicia para tu salvación, debes de confesarlo como tu único Señor y Salvador.

Empieza a estudiar la Biblia, léela consecutivamente, estudia la divinidad de Cristo, la salvación por fe, el propósito de la ley, la seguridad de la salvación, etc… comienza por lo principal y no te vayas por las ramas.

Busca una buena iglesia cristiana evangélica donde se estudie la Palabra de Dios, se adore y se evangelice, una iglesia donde la autoridad REAL sea la Palabra de Dios y Cristo como su Señor y Salvador, la cabeza de la iglesia.