martes 7 de marzo de 2000           ¿Llamamiento o deseo?

 

 

      El mundo de los deseos, anhelos y emociones es un mundo inestable. Si realmente te has consagrado a Dios tu deseo será vivir para Él, pero, ¿qué quiere Él de tí?, es es el problema. Dejemos que la imaginación vuele... ¿cuales serían tus deseos de servicio a Dios?, puedes pensar en un ministerio alegre entre jóvenes sonrientes y agradecidos por tus consejos de sabiduría, o predicando en estadios a multitudes, o cantando y grabando discos de música cristiana para millones.

      Es "agradable" soñar con un ministerio "cómodo". Es agradable soñar con un ministerio feliz y sin tensiones. Los ejemplos que puse antes eran muy malos, claramente egoistas, es el equivalente mundano a soñar que eres estrella del rock o famoso.

      En mi cortísima experiencia, lo más gratificante (y a veces lo más sufrido) es trabajar con personas. El tú a tú. La relación personal es muy gratificante, pero el ver vidas transformadas también lo es. No soy un experto, de hecho soy bastante "manazas" y no tengo demasiado tacto, pero me gustar trabajar con las personas. ¿Cómo dice el rey de Sodoma a Abraham dice Gen 14.21 "Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes". Dame las personas. Las personas son lo más valiosos, no los bienes. Las sectas no piensan así, tampoco las empresas de este mundo (salvo honrosas excepciones, muy raras). ¿Me preocupo yo de las personas, o de mi éxito personal?, ¿estoy tan preocupado por ellas que me olvido de mí mismo?, huelga decir que no siempre es así.

      Pienso en Jesús, es cierto que las multitudes le seguían y escuchaban Su palabra, pero veo que Él prefiere un trato más cercano, muy lejos de la figura pública que querían hacer de Él, de toda la multitud escoge a doce, le gusta llevarlos a lugares desiertos a enseñarles, el Nuevo Testamento recoge conversaciones con Nicodemo, la samaritana, etc.. Su vida era estar entre la gente, escucharlos y ayudarles, por eso Él es el "buen pastor", uno que conoce a sus ovejas individualmente, que está entre ellas, que vive con ellas y las aprecia.

      Me encanta el lema que tienen en mi iglesia local, decimos que sólo hay tres cosas que merecen la pena: Dios, la Palabra de Dios y las almas de los hombres (o las personas). Yo quisiera ser más como Jesús, dejar de preocuparme tanto por mis cosillas y preocuparme más por Dios, por Su Palabra, y por las personas.

      Hoy en día me encuentro con muchas personas que necesitan urgentemente atención, necesitan del evangelio, pero necesitan también del "calor" del evangelio, de ser escuchados, de tener un amigo de verdad. Bajo máscaras de felicidad se esconde el miedo, el pecado oculto, la desesperación y el ansía de ser amado. El desorden que el pecado ha causado es terrible, y afecta totalmente a la persona por completo, sus emociones, su mente, su espíritu y también su cuerpo. Debemos ocuparnos de todos sin eliminar ninguno.

      La gente no sabe nada de Dios, no sabe lo que es tener comunión con Dios, hablarles de esto en u principio puede ser como hablarle a un ciego de nacimiento de los distintos colores. Primero tenemos que ser como Dios para ellos. No, esto no es una blasfemia, lo único que ellos conocen de Dios va a ser por medio de nosotros, por medio de nuestra amistad y amor, nosotros, con nuestra forma de ser les vamos a hablar de Cristo. Ellos lo van a ver en nosotros. Seamos buenos amigos, compartamos el amor y la misericordia de Cristo, ellos están deseando ver la belleza del evangelio, no estoy diciendo que debemos ocultar la realidad del juicio al pecado y al pecador, sino mostrar que esos anhelos que ellos tienen de verdad, belleza y nobleza, están cumplidos en Cristo.

      En primer lugar nuestro "llamamiento" debe ser el de manifestar a Cristo resucitado en este mundo podrido y lleno de fealdades. Brillar como luces en medio de esta generación malévola y perversa.

 

 

jueves 16 de marzo de 2000    No puedo leer novelas.

 

 

 

      Ya no puedo leer novelas. Al menos no como las leía antes. Hay algo que me ocurrre de vez en cuando. Cuando ya llevo leidos una serie de libros espirituales, me entra el deseo de leer algo más intrascendente, al estilo de una novelita, como me gustan los géneros de la ciencia ficción y cosas por el estilo, suelo elegir algo de ese estilo.

      Recuerdo en 1º de BUP (secundaria en España), leerme la trilogía de "Fundación" de Isaac Asimov, envuelto en una manta, con el caleccfactor encendido y una cinta de vangelis sonando. Me lei seguida la trilogía, cuando me terminaba un volumen, me bajaba al "Vips" a comprarme el siguiente. Recuerdo que los sábados me levantaba a las siete de la mañana para seguir leyendo, uno de esos sábados mi padre me pilló, él se pensaba que me había levantado para estudiar, pero no fue así.

      Lo mismo me ocurría con la saga de "Lucky Star, ranger del espacio", con las crueles novelas de S. King, cuando me leí por primera vez "La rebelión de las salamandras", o algún que otro libro de Julio Verne (De la tierra a la luna lo leía conforme me merendaba unos suculentos bocadillos de salchichón), recuerdo subrayar "Campos de concentración" de Brian W. Aldis (no se cuantas veces lo leí, pero hoy cuando lo hojeo en alguna librería no me provoca las mismas reacciones, y eso me decepciona), ese libro se lo presté a una chica y aun espero que me lo devuelva. Recuerdo leer "Estudio en escarlarta" de Conan Doyle y sentirme tan satisfecho como el gato que se come a un canario, en fin.... recuerdos de un entusiasta lector.

      Pues a lo que iba, ahora intento revivir esas emociones, y rara vez afloran. Mi conversión ha supuesto un antes y un después, estos días he estado reflexionando un poco sobre este tema y estas son mis conclusiones:

 

1) Leer es entrar en la mente del escritor. Cuando leo la novela escrita por una persona que no conoce a Dios, siento lo que ella siente, y sufro lo que ella sufre. Hace poco leí un relato de Stephen King titulado "Ventana secreta, jardín secreto", y terminé deprimido, además de la historia principal, lo que se cuenta allí es el drama de una ruptura, de un divorcio, claro, visto por un inconverso. Eso te deja el alma muerta. Te das cuenta lo frágiles que somos sin el Señor, y qué poca esperanza tenemos, qué malvado es el "azar" y que la vida es un absurdo lleno de angustias que terminan en... la nada.

 

2) Hay situaciones que no me agradan en absoluto. Si en la novela hay un asesino atemorizando o descuartizando a una persona (es un ejemplo un poco extremo), me siento asqueado y totalmente violento. Estas cosas me resultan más fuertes de leer que de ver en la TV, porque en los libros te metes en la cabeza de la gente. No podemos beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios.

 

3) No hay diferencia. Si eres creyente lo verás claro. Coge "A orillas del rio Kwai", un libro cristiano que habla de como Cristo puede transformar las vidas de las personas en circunstancias tanmiserables como un campo de concentración, y devolverles la alegría, la esperanza y recibir verdadero amor. Ahora léete "El jugador" una novela de Dostoievsky, que habla del drama humano y moral de un hombre esclavizado por el juego y por el amor a una mujer que lo desprecia. No hay color. Es como comparar la fría noche con el día, como comparar la belleza de un campo primaveral, con la gris soledad de una celda carcelaria.

 

      Es cierto que hay buenas novelas, libros que no necesariamente son cristianos, y que te pueden hacer pasar un buen rato, este verano me leí "El socio" de John Grisham y me lo pasé pipa. Claro, que he escuchado por ahí que Grisham es cristiano. Pero hay otros buenos libros. ("¿Cuales?", me preguntas, "venga, di uno solo". OK, la rebelión de las salamandras es un fenomenal ejemplo, las novelas de Arthur Conan Doyle, por supuesto las de C.S Lewis (vale, ese es cristiano), me gusta mucho Michael Ende (no consideraría sus libros como infantiles), Tolkien es engorrosillo pero engancha, en fin, ahora no "macuerdo de todas").

      El nuevo nacimiento es sumamente peculiar. Realmente es un NUEVO nacimiento. Cambias desde dentro hacia afuera. Hay muchas cosas que no han muerto en tí (se me viene a la cabeza la escena del libro "Entrevista con el vampiro" cuando Louise empieza a completar el proceso de transformación vampírico, lo mismo, pero al revés). Cosas como el orgullo, la carnalidad, cierto gusto por las cosas del mundo. Para los de "fuera" es incomprensible que una persona se lea la Biblia continua y diariamente, que lea libros cristianos, que se trage predicaciones hasta en cassetes, etc... lo ven todo como que muy aburrido, como la peor forma de perder el tiempo, habiendo cosas tan divertidas...

      Al revivir espiritualmente, desarrollamos un gusto por lo espiritual que no puede ser sustituido por nada que se le parezca. Es un hambre que no se sacia con nada que no sea la Palabra de Dios, o en su ausencia temas espirituales. Antes pensabas que la mortadela era el manjar más exquisito, el nectar de los dioses, pero ahora que has probado el jamón serrano ya no quieres ni oir de la vulgar mortadela.

      Me resulta muy dificil pensar cómo es posible que haya cristianos (?) que se pasen días y días inmersos en el fútbol, la TV, u otras cosas, y pasan los años y los sigues viendo así. Es cierto que yo tengo mis rachas, me obsesiono con ciertos temas, pero al poco tiempo mi alma se queda sedienta y reseca. No quiero juzgar a nadie (pero voy a hacerlo solapadamente), el creyente que no se deleita en Cristo, ¿es creyente?.

      Donde más lo noto es en lo que escribo. Tengo carpetas llenas de relatos, se remontan a los tiernos años de la infancia, hay una variedad de temas (según mis gustos de moda), ahora ya no podría tratar con los mismos temas, de hecho ahora todos los relatos que me salen tienen cierto "olor" a evangelio... (en muchos casos más que olor es una columna de humo asombrosamente evidente).

      ¿No es maravilloso?, Dios nos ha transformado y nos está renovando hasta el día de nuestra glorificación. Me gusta saber que tengo la "mente de Cristo", es una auténtica liberación tener a mi disposición el poder para vivir libre de los patrones mentales que me conducían a autotorturarme. Ahora conozco un mundo que es infinitamente más hermoso que el que me ofrecía la fantasía en general, he visto lugares y personas tan bellas que enmudezco de solo pensarlo, he visto a Dios cambiando a seres miserables y transformarle en hijos suyos, seres hermosos y nobles, seres que llevan sangre real en sus venas. He visto las cosas que Dios ha prometido para los que le amamos, y conozco a Alguien que no tiene nada que ver con todas las personas que conozco juntas. Esa persona es un ser lleno de amor y misericordia, de hecho ES amor y misericordia, es tan sabio que me hace sentir un completo ignorante, no obstante me trata con gran consideración y respeto, a pesar de mi torpeza infantil, es tan justo y recto que tiemblo de terror al considerar lo lejos que está de mí... de no ser porque sé que estoy perdonado y hecho justo por la sangre de Su Hijo. Y cada día estoy con Él, no me aburro de estar con Él, ni me canso.

 

martes 21 de marzo de 2000    La lucha de oración.

 

 

      Estamos leyendo un libro sobre el liderazgo cristiano. Lo estamos estudiando en grupo con los ancianos de mi iglesia local. La verdad es que me estoy volviendo un poco escéptico con los libros cristianos (me explico), sale tanto libro nuevo (de hecho salen muchísimas novedades) pero muy pocos valen la pena. Los libros que han pasado la prueba del tiempo, los verdaderos clásicos, estos los están dejando de reeditar. Y es una pena. Es una pena porque me da la sensación de que las editoriales "cristianas" (una editorial no es cristiana ni pagana, es una editorial, los editores son los cristianos o no) les interesa más vender libros con fabulosas portadas y mejores recomendaciones de "grandes" personalidades y estupendas tiradas (más de 200.0000 ejemplares vendidos, como si eso fuera garantía de que el libro que pasa de un número de ventas por arte de magia se transforma en un gran libro).

      Todo esto hace que recele mucho de estas novedades. Pero este libro no es ni mucho menos una novedad. El lunes me terminé un interesante librito sobre la oración de un hermano coreano de nuestra iglesia "madre". Y ayer mismo comencé con este libro sobre el liderazgo.

      Es interesante ver cómo cuando Dios quiere enseñarte algo, va dirigiendo tus lecturas, conversaciones, predicaciones que oyes, cintas, y pensamientos (meditaciones bíblicas, etc) alrededor de ese tema.

      Creo que Dios me está dirigiendo hacia el tema de mi propio crecimiento espiritual, la oración y la vida de santidad. Siempre me hace volver a lo básico (es como eso que cantan los niños de la escuela dominical de: "lee la Biblia y ora cada día"). Me doy cuenta de que mi lucha constante es eso. Me doy cuenta de las trampas que me pone el diablo y de las debilidades de mi carne. Te puedo contar miles de esas trampas. Son sutiles porque van mezcladas con cosas que son neutras.

      Y esto va unido con cierto entusiasmo (se lo llevo pidiendo al Señor). Estoy haciendo un estudio de 1ª Ts, estoy siguiendo el método de los navegantes, a lo que le añado cosas del estudio inductivo. Luego, sobre esto estoy orando. Estas son las dos áreas problemáticas de mi vida. Leer me gusta leer la Biblia, y estudiar también, también hacer un estudio más o menos sistemático. Orar ya no es tan fácil. O por lo menos a mi parte carnal no le resulta tan apetecible. Sin embargo me pasa como los trenes, una vez que arranco y cojo velocidad, ya no hay quien me pare. Ahora lo que estoy haciendo es que una vez que he estado estudiando, después me pongo a orar (me gusta hacerlo así porque de esa manera reuno "material de oración" que me da temas de oración y hace que la Palabra se me afiance), una vez que he empezado a orar ya no puedo parar (o no quiero), incluso cuando me ovoy a la cama (lo suelo hacer de noche), aunque me gusta escuchar la radio un rato, prescindo de esto porque me apetece seguir orando. ¡Estoy disfrutando muchísimo!, y lamento ser tan tonto como para olvidarme de lo importante que es permanecer en comunión con el Señor.

      Más sorprendente aun me resulta porque tengo una fuerte tentación que podría distraerme de esto, y es un juego, un simulador de vuelo de la 1ª guerra mundial (aviones de combate ligeros, pesados de cola, biplanos legendarios) que ahora mismo no me está suponiendo ningún problema a la hora de apartarme de esta gozosa comunión (y le pido a Dios que sea así).

      Volvemos a lo del principio: el libro sobre liderazgo. Me gusta que enfatice la necesidad de que el siervo del Señor debe ser un hombre dedicado a Dios, de una vida secreta profunda en Dios. Ahí está la clave. Lo que veo en mi vida, y lo que me da la sensación que hacemos demasiadas cosas en la carne. Hagamos un test sencillo:

 

·         Antes de predicar, ¿cuanto tiempo pasate orando la semana antes?.

      a) Más de una hora en total. No es mucho pero, cuando he terminado el       bosquejo y después de cada sesión de estudio dedico unos diez       minutos a orar.

      b) Sobre todo oro cuando ya tengo listo el bosquejo, eso es el Sábado       antes o el Domingo por la mañana, por los nervios, ya sabes.

      c)Más de tres horas, incluso más, por lo general paso casi tanto       tiempo orando como estudiando, me parece vital.

·         Diariamente, ¿cómo calificarías tu tiempo de oración?:

      a) Unos diez minutos antes de acostarme (bueno, y camino del trabajo       también oro).

      b) A veces ni eso.

      c) Oro aproximadamente media hora al día.

      d) Suelo pasar más de una hora diaria orando, es algo normal en mí y       lo veo imprescindible.

·         ¿Sueles prepararte para orar reuniendo material de oración?:

      a) Oro por los temas que se me vienen a la cabeza y me preocupan.

      b) Apunto en una libreta temas de oración y los repaso para que no se       me olvide ninguno.

      c) Me gusta orar con la Biblia, conforme voy leyendo voy meditando y       orando con la Palabra de Dios.

      d) De las notas de mi estudio bíblico saco temas de oración.

·         ¿Sueles practicar el autoexamen del día?:

      a) A veces, pero en general no.

      b) Suelo hacer un repaso del día completo delante del Señor, fijarme       en los aspectos positivos y negativos.

      c) Además del punto b, llevo un diario espiritual en el que anoto las       áreas en las que he fallado en el día de hoy, las luchas, los éxitos       y los pensamientos.

·         ¿Qué importancia le das a la oración?:

      a) Muy importante, aunque no le dedico el tiempo que debiera (estoy       muy ocupado), pero oro cuando ando por la calle, cuando trabajo en la       casa, y antes de dormir.

      b) Muy importante, oro antes de mi estudio o lectura bíblica y       después.

      c) Muy importante, además de dedicar al menos media hora a la       oración, me preparo en oración para cualquier cosa que haga, oro por       los pastores, por mis hermanos, oro por campañas, mi familia, ¡tengo       tantas cosas por las que orar que a veces mi tiempo de oración se       alarga mucho!.

·         A la hora de tomar decisiones, ¿qué papel tiene la oración en ellas?:

      a) Me preocupa tanto tomar la decisión correcta, que le pregunto al       Señor qué quiere de mí. Eso es todo.

      b) Durante todo el día intento estar en comunión con el Señor,       pidiéndole sabiduría.

      c) Además del punto b, me pongo a orar hasta que tengo paz en ese       asunto, esta lucha puede durar bastante tiempo, días o semanas.

·         ¿Cómo calificarías esos momentos perdidos del día en los que la mente divaga?:

      a) Se me va la olla. Mi mente es una especie de sartén en las que se       hacen palomitas, mi pensamientos saltán de uno a otro, me gusta       quedarme impasible y distraido observándolos.

      b) Me doy cuenta de que es una lucha. Me fuerzo a orar o meditar en       la Palabra, pero generalmente termino cediendo.

      c) No soy perfecto, pero con todo mi comunión con el Señor no se       suele interrumpir, más que pensar me mantengo en un continuo diálogo       con el Señor. Esto me resulta fácil por el tiempo que le dedico a la       oración en privado.

·         ¿Has leido algún buen libro sobre la oración últimamente?:

      a) Sí, recuerdo que leí alguno hace unos años... aunque no me acuerdo       del título.

      b) Me gustó mucho la biografía de George Muller... pero creo que es       el único que leido, creo.

      c) Me encanta el tema, en mi biblioteca siempre tengo buenos libros       sobre la oración que me gusta releer, y nuevos que voy añadiendo. Me       motiva y anima mucho.

·         ¿Cómo definirías la situación de la iglesia en cuanto a la oración?:

      a) Regular tirando a mal. Tenemos reuniones de oración y todo eso,       pero supongo que se podía hacer más.

      b) Mal. El problema está en que no oramos en privado lo suficiente,       vamos, hablo por mí mismo.

      c) Mal. No nos hemos dado cuenta de que la oración es vital, es el       aliento de la iglesia, una iglesia que no ora ni individual ni       colectivamente es una iglesia destinada al fracaso espiritual.

·         Cuando se organiza una reunión de oración el Jueves por la noche (p. ej), ¿cual suele ser tu respuesta?:

      a) ¿El Jueves por la noche?, es que es una hora un poco mala, ya       sabes, entre semana hay tantas cosas que hacer, y es que me viene       fatal porque me parte el día, imagínate la hora a la que llegaría a       casa, y a esa hora me tengo que poner a hacer la cena.

      b) Estupendo, casi seguro que voy a ir, no digo que no vaya a faltar       siempre, no creo, pero tampoco voy a poder ir siempre, a veces se       presentan imprevistos.

      c) Muy bien, ¿por qué no lo hicimos antes?, contad conmigo, estoy       seguro que con estas reuniones Dios va a obrar y bendecirnos.

·         Imagínate que los pastores te dicen que van a organizar una vigilia de oración (orar por la noche), empezará a las doce de la noche del Viernes, y se prevée que durará hasta las dos o las tres, ¿cual sería tu respuesta?:

      a) ¿A las doce el viernes?, no sé... ¿no es un poco tarde?. Bueno ya       veré. [Pero lo que estás pensando es: a esa hora estoy viendo la       película de Tele 5, ¡ay!, este viernes ponen "Locos violentos 4"].

      b) Mmmmmm... pero... ¿eso que es, que va a ir toda la iglesia?, ah,       que vamos a ir todos, pues bueno, vale, allí estaré. [Pero lo que       está pensando es: vamos, voy porque va a ir fulano, y no quiero que       se note que no estoy, pero como se tome por costumbre esto de la       vigilia, me parece a mí que voy a faltar].

      c) Fenomenal, ¿a las doce?, contad conmigo. [Pero estás pensando: Es       un poco tarde, tenía pensado hacer una cenita tranquila en casa, que       no paro en todo el día, pero esto tiene prioridad, ¡oh, Señor!,       bendice esta reunión y avívanos].

 

 

viernes 24 de marzo de 2000   Las pruebas y el testimonio de D. Brainerd.

 

 

      En el plan de Dios no hay lugar para las improvisaciones. Todo está medido y estudiado, en particular en lo que se refiere a la vida del creyente. Las pruebas son en buena medida una expresión de la misericordia de Dios hacia nosotros. El propósito de las pruebas es:

1) Crecer y madurar espiritualmente.

2) Aumentar nuestro deseo de orar continuamente.

3) Buscar nuestro gozo en el Señor, y gozarnos en la vida venidera.

      Cuando me examino, me doy cuenta de que soy tanto un entusiasta, como una persona propensa a tener "bajones" de ánimo. Ciertas dificultades, dependiendo de mi estado de ánimo, pueden parecer mayores (supongo que a todo el mundo le pasa). Dios se sirve de todo eso para que mi cercanía con Él sea mayor.

      Si nos acercamos a las dificultades con el espíritu correcto, podremos verlas desde una perspectiva saludable. Se trata de hacer las preguntas correctas:

 

·         ¿Cual es el propósito de Dios en esta circunstancia en la que me encuentro?.

·         ¿Cual es la lección que Dios quiere que aprenda?.

·         ¿Cuales son las carencias en mi vida espiritual que me hacen necesitar de esta prueba?.

·         ¿Cómo estoy respondiendo a esta prueba?, ¿qué medidas tendría que tomar para salir triunfante de ella?.

 

      Claro, una cosa es escribirlo y otra aplicarlo, pero estoy convencido que por la Gracia de Dios podemos salir triunfantes y fortalecidos de toda prueba. Sólo si te apoyas en Su Gracia.

      Y aunque no tiene que ver con el tema con el que comienzo, quería comentaros un librito que me he releido (y que creo que no he puesto en el "índice de libros santos"- es decir, en la lista de libros que recomiendo). Se trata de "El testimonio personal de David Brainerd" compilado por Walter Serse, Ed. Clie. Un libro:

 

FENOMENAL

 

      Apenas cien páginas, para mi gusto demasiado breve, pero eso no es una mala crítica, sino una buena señal (mejor quedarte con más ganas que contar las páginas para ver cuanto le queda).

      Me da pena que no se conozca más la vida y la obra de David Brainerd, llamado "campeón de la oración y de la comunión con Dios". Su diario íntimo refleja sus luchas de oración, y sus deseos de vivir y andar más en santidad. Leer este libro es motivarse y desear vivir una vida de íntima comunión con Dios. Me gustaría que hubiera una versión electrónica de este libro, pero como no es posible me contentaré con algunas citas.

      David Brainerd hijo de padres piadosos, fue expulsado del seminario injustamente, estudió bajo la tutela de un ministro, y su vida fue extremadamente corta, murió a los 29 años, debido a los continuos viajes y malas condiciones de vida. Fue a predicar el evangelio a los indios, cosa que no le ganó las simpatías de muchos de sus contemporáneos, pero lo que nos llama la atención, más que sus éxitos, es su ejemplo, orando en las montañas, intercediendo durante horas, ayunando, etc... los éxitos que siguieron a su predicación son buena muestra de que fueron ganados ante el Trono.

      Este es de los libros que me releo cada año. Leerlo es meterte en el corazón de David Brainerd (un poco atormentado a veces), pero también experimentar el gozo de su comunión y de sus luchas.

 

 

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