lunes, 17 de julio de 2000    CRISIS DE FE Y SENILIDAD ESPIRITUAL                   

 

 

 

 

                No me refiero a esas crisis de perder la fe, sino a esos momentos en los que dudas si realmente creiste, si llegaste realmente a convertirte. Son experiencias angustiosas, tristes, fases de agotamiento tras una caida o tras luchas que te dejan exhausto, los motivos pueden ser muchos. Tal vez es porque llevas tiempo en los caminos del Señor, y te das cuenta la hipocresía que hay en tu vidaa, y los motivos que incluso te ocultas a tí mismo.

                Si miras hacia tí mismo en un ejercicio de introspección, probablemente te des cuenta de que no hay mucha fe en tí, incluso que las evidencias de una nueva vida no son todas las que quisieras. Y si sigues mirando en ese espejo oscuro que eres tú mismo no encontrarás muchas cosas de tu agrado. Si cometes el error de llegar a alguna conslusión, puede  ser que no te guste. No importa. Hay más cosas que valorar.

                Primero. No despreciemos el autoexamen. Es saludable. Muchos son los que se van al infierno por confiar en una falsa profesión de fe. Muchos son los que confían en sus muchos años en la iglesia, su responsabilidad en ella o sus antepasados  creyentes que se remontan hasta el mismo Adán. Es necesario el autoexamen, ¿qué crees que está Dios haciendo cuando te manda pruebas?, además de refinar tu fe, te está dando a conocer a tí mismo en tu calidad de creyente. Siempre hay tiempo para dudas razonables.

                Segundo. No despreciemos el examen de la Palabra de Dios. Si somos salvos no lo somos porque nuestros sentimientos nos lo dicen. Ro 10.9 deja claro que si "cumplimos" ciertos requisitos somos salvos. Basta con poner la Biblia como única medida de lo que tú eres. Pero no basta con hacer un examen Bíblico DESPROVISTO de aplicación. Tenemos que pasar el examen de la Escritura, ser examinados por la espada de la Palabra, desnudados por ella.

                Tercero. No despreciemos el valor del arrepentimiento. Como creyentos ortodoxos en la dosctrina de la seguridad de salvación, podemos caer en el peligroso extremo de poner esta por encima de nuestra continua necesidad de perdón y restauración. Somos santos posicionalmente, pero debiéramos crecer en santidad, y eso implica caer, levantarse, y volver a empezar esa lucha continua contra el pecado. Si hay algo que obstaculice el avivamiento espiritual es esta falta de arrepentimiento, de llorar tu pecado delante de Dios.

                Como creyente de muchos años probablemente pienses que has ganado una posición espiritual de "intocable", al alcanzar el estatus de veterano, crees que no debes "volver a empezar" por el humillante arrepentimiento, como si fueras un recién nacido. Lo necesitas imperiosamente. Si pudiéramos vernos como Dios nos ve, nos avergonzaríamos de la imagen que presentamos, tan orgullosos y sabihindos, con esos aires de madurez, pero tan lejos de esta. La levadura de los fariseos nos impide crecer, nos impide volvernos como niños que necesitan la corrección, y el "mal hecho" en público, y es que ¡nos creemos tan aventajados en medio de la situación de declive espiritual de la iglesia!.

                El problema de "senilidad espiritual" consiste en vivir de las "batallitas" del pasado, de los logros, campañas, triunfos y cánticos gloriosos de épocas que no podemos revivir, de no ser porque tengamos la misma actitud humilde que en ellas. ¿Qué podemos hacer para evitar las serias taras de la senilidad espiritual?:

1. Política de oidos abiertos. El que cree que lo sabe todo nunca va a crecer. Supongamos que un hermano cualquiera, tal vez un recién convertido se le acerca para contarle qué preciosas verdades está aprendiendo en su estudio bíblico, verdades elementales, si el senil adopta la actitud de "eso ya lo sé desde hace tiempo", se va a privar del provecho de ser edificado y refrescado espiritualmente. Esto es un gran peligro si llevas algunos años en el Señor. Volvamos a escuchar con interés las primeras cosas, de hecho, como me dijo un hermano, en el cristianismo no hay nuevas verdades, sino una vuelta a las verdades básicas y una profundización de estas. Además, así no habrá "aburrimiento" por creer que ya lo sabes todo.

2. Dejando el miedo a cambiar. Imagínate un hermano que su tiempo devocional lo pasa así: lee una hojita del calendario bíblico, luego un páarafo de su Biblia, y finalmente ora. Lleva haciendo eso durante SIGLOS, y como ha recibido bendición, no está dispuesto a dejarlo. Si ahora vienes tú planteándole una forma de tener el estudio devocional, de forma sistemática, cubrir toda la Biblia en el año, esta persona te mirará como quien le ofrece nuevas y extrañas doctrinas.

                Hay lugar para los cambios, para dejar lo que  ya no funciona y tomar aquellos medios que el Señor piensa usar para bendecirte. Por supuesto no me estoy refiriendo a cambiar por las nuevas doctrinas falsas, o las instrucciones que Dios ha dejado para las iglesias neotestamentarias. Hay una amplísima gama de cosas que pueden cambiar y mejorarse sin perjuicio de las cosas que deben permanecer. Desde el momento del día en que haces tu devocional, el tiempo que empleas en él, la forma de llevarlo, a nuevos desafíos que el Señor lance en tu vida, personas a las que testificar, nuevos compromisos, etc...

 

 

miércoles, 19 de julio de 2000             REBAÑO PEQUEÑO EN EL DESIERTO.

 

 

                Somos una minoría. Siempre lo seremos. Un rebaño pequeño. Pero eso no importa. Lo que importa es que seamos leales a nuestro Rey y Señor. Eso es lo fundamental. Lo que me sorprende es que cada vez comos menos. Muchos falsos profetas hablan de gran cosecha, o de avivamiento sin par. La Biblia nos profetiza apostasía, falsos hermanos, cizaña mezclada con el trigo. Esta obsesión de ser grandes y pactar con las naciones me pone enfermo. Aunque los locales evangélicos se multipliquen, los medios de comunicación vayan a "nosotros", seguiremos siendo pocos.

                La Iglesia del Señor es y seguirá siendo un estandarte de la verdad. Un Iglesia fiel y pura a su Señor. No le preocupan los números o el prestigio, sino el reconocimiento de su Salvador, que Él la confiese delante de los ángeles.

                Lo que hoy vemos no es nuevo. Mucha cizaña que se pega al trigo y dice: "Yo soy tan trigo como tú, no me juzgues". Esto ya se manifestó en los principios. Iglesias muy numerosas donde la gran mayoría no son convertidos, esto será la norma.     Gente atraida por el espectáculo y la diversión. Personas que no están dispuestas a llevar el vituperio de Cristo. Ni Su cruz.

                Hoy el creyente vive como un cordero rodeado de lobos. Sus enemigos son  muchos y sanguinarios. Más su secreto se halla en la sangre del Cordero, en la palabra de su testimonio, y en que menosprecia su vida hasta la muerte. ¡Esto es el todo del creyente!, no le importa morir con tan de mantener en alto el estandarte, no le importa morir físicamente, socialmente o económicamente. El testimonio de Cristo es más importante que él mismo.

                Atravesamos el desierto como pueblo de Dios. Un desierto de medios de comunicación, tan seco que no nos habla e Dios sino de Egipto. Un desierto de largas horas en un trabajo con personas que no temen a Dios, y se burlan de la fe en Cristo. Sus armas son sutiles, si los deja lo harán sentirse avergonzado hasta el punto de disimular el evangelio, callará delante de ellos, y se avergonzará e usar palabras como infierno, pecado, resurrección, etc... Si en una conversación menciona que la homosexualidad es un pecado a los ojos de Dios le dirán que es un intolerante, si la conversación habla de las religiones y dice que sólo hay un camino a Dios le dirán que es un fanático, si se habla de la libertad sexual y de las parejas de hecho y dice que eso a Dios no le agrada le gritarán que es un retrógrado. Es un desierto. El paisaje que le rodea es un paisaje muerto, sin vida y triste. No ve a Dios en ninguna parte, y si los necios toman Su nombre en sus labios es para profanarlo.

                Pero gloria a Dios que en este desierto tenemos oasis de vida. ¡Qué alegría es tener compañerismo cristiano!.  Cuando dos verdaderos creyentes se cruzan palabras de estímulo y fe en Cristo. Cuando el nombre del Salvador es pronunciado en la boca del Hijo de Dios, ¡cuan dulce es!. La comunión entre dos o más siervos del Rey, nos hace pensar en la gloriosa reunión de las bodas, el gran acto de compañerismo, en la presencia de nuestro mismo Señor, a quien veremos comer y beber con nosotros.

                Tenemos el oasis de la Palabra y la oración. Este es el maná que cada mañana Dios pone en el desierto, la mesa que el Señor prepara delante de nosotros antes de empezar la jornada. Todo lo que pueda decir de esto es poco. El creyente que sale al mundo sin haber comido la Palabra, y haber pasado tiempo en la presencia de su Padre, corre  serio peligro. La Palabra es la puerta que nos permite ver las glorias del nuevo mundo, las misericordias fieles de Dios, y el trono celestial. Esta nos habla del mundo al que pertenecemos, nuestro verdadero pais de origen, y nuestro gobernante deseado.

                Debemos portarnos como guerreros que saben que van a ganar, en el último momento, su Señor irrumpirá  trayendo gran victoria. ¿Y mientras?, su Señor está en ellos, y sigue siendo el soberano rey del Universo, al control de todo. Son invencibles.

                La batalla es dura, las fuerza flaquean, y a veces parece que va a durar eternamente, ¡pero nuestra liberación se acerca!.

 

martes, 25 de julio de 2000           EL PELIGRO DE DISGREGAR LAS COSAS

 

 

            Releyendo el libro de Paul Tournier "El mito de una sociedad sin Dios" (hay ciertas cosas que me obligo a leerlas del mismo modo que me obligo a comer verduras, y sé que es bueno), he pensado en unaas cosas que me han hecho reflexionar seriamente.

            Vivimos una sociedad que ha desterrado a Dios de su entorno. No quieren que Dios tenga nada que decir en los asuntos de los hombres. Han enclaustrado a Dios en capillas y monasterios, en iglesias y lugares parecidos. Una misma persona que afirme ser "Religiosa" o creyente, lo que está diciendo realmente es que los Domingos se dedica a ir a misa o a reuniones religiosas, pero hay una linea muy definida que separa lo que es su vida secular de su vida religiosa, cada una tiene su lugar pero una no interfiere en los asuntos de la otra. Esto causa transtornos y mucha angustia.

            Estamos de acuerdo en que Dios tiene mucho que decir en nuestra vida personal, Dios tiene mucho que decir en la elección de tu futura esposa, de tu profesión, de tus amigos e incluso de tu coche y de la casa en que vas a vivir.

            Me imagino que no os estoy diciendo nada nuevo. Para mí sí lo es, al menos en cierta medida, porque tiendo a olvidarlo. Inmerso en la vida de iglesia y en mi vida laboral, me muevo entre dos mundos muy, pero que muy distintos, cada uno me arrastra, y soy tentado a ser influenciado por el mundo. A veces caigo en el secularismo religioso, aunque intento vivir una vida recta, me zambullo en el frenesí de la vida laboral, y cuando tengo mi devocional intento zambullirme en la vida espiritual. Es un error inconsciente que repito.

            La tentación de deslizarse y separar incluso en tu mismo horario qué actividades son para el Señor y cuales son para tu tiempo de ocio es de lo más fácil. Que Dios nos ayude a vivir continuamente en su presencia.

            Esa "secularización" (separar lo que es de Dios de tu vida) trae angustia, pesar y la sensación de que los días pasan sin GOZO.

            ¿Cómo podemos unir nuestra vocación celestial con nuestra vida en esta tierra?.

1º Viviendo en oración. Los católicos hablan de "jaculatorias", estas son invocaciones breves a María, a Dios o a los santos. Son breves por necesidad de nuestras ocupaciones. Tomemos ejemplo de esto, como las breves pero intensas oraciones que Esdras hacía. Oremos en cada rato que podamos, en la calle, en el metro, en el ascensor, ¡mientras te afeitas!. El otro día me quedé sin libro cuando volvía a casa en metro. Fue terrible. Me estaba terminando un libro y me lo acabe al poco de empezar mi viaje de vuelta a casa. Odio eso porque no me gusta estar quieto y aburrido, sin saber a donde mirar durante el largo trayecto. Creo que Dios usó eso para decirme "¡ora Julio, ora!" y me puse a orar todo ese rato, la comunión con Dios fue (permitidme que lo diga así) reparadora.

2º Un estudio Bíblico consecuente. Si eres de los que estudian la Biblia cada día (y espero que sea así). Puedes caer en la "profesionalización" de tu estudio Bíblico, es decir mejorar tus técnicas, tus apuntes y tus archivos de estudio, de forma tal que te sientas tan satisfecho de tí mismo como el hombre que recogió su cosecha, almaceno su grano y se dijo "Alma mía, muchos bienes tienes almacenados para muchos años" y el Señor lo llamó a Su presencia en ese momento. Almacenas tus estudios, pero los metes en graneros (¡en vez de comértelos!).

            Esto implica un enfoque eminentemente práctico. Acudir a la Biblia buscando el consejo para el día de hoy (por eso es mejor estudiar y tener el devocional temprano). Tienes que pensarlo así: Si en este devocional, no he sacado nada que no pueda aplicar a mi vida, corregir, redarguir, comenzar a hacer MI ESTUDIO NO VALE UN PIMIENTO. No vale nada. ¿De qué te vale tener un devocional que te eleve a las alturas si no te transforma por dentro) esa misma comunión es vana (mira 2 Co 3.18). Si no oyes la voz de Dios en Su palabra dirigiéndose a tí y a tu situación personal, ¿de qué te vale?. Ojo: no estoy diciendo que no haya momentos de exaltación y verdadera adoración a Dios, pero hasta esos momentos sublimes no nos dejan siendo los mismos.