6/9/99 Lunes

APROVECHANDO Y DESPERDICIANDO EL VERANO.

  ¡Vaya vacaciones!. Con todos mis planes de tener actualizada mi página al final todo ha quedado en agua de borrajas. Aunque no todo ha sido culpa mía, tuve un problema con el ordenador y me tuvieron que formatear el disco duro, con lo cual perdí el programa con el que edito páginas web.

Un reflexión sobre las vacaciones. Para mí son un tiempo especial, en la biografía de Moody vemos como él aprovechaba para levantarse temprano a estudiar la Palabra. Se dispone de mucho tiempo, de demasiado tiempo, y, por desgracia, de un tiempo que suele ser desperdiciado. Hermanas de la iglesia que están casadas con hombre no creyentes tienen problemas incluso para hacer el devocional, o para sacar ratos para leer la Biblia, el marido llega y le dice:

- Deja ya la Biblia, que estás todo el día leyéndola y está un poco de más tiempo con la familia.

Lo cual implica dos grandes mentiras: 1) Que esta mujer no está todo el día con la Biblia, sino que lucha por estar media hora tranquila e intentando concentrarse en la Palabra, 2) Que su familia no es desatendida por ella, este mismo marido (hablo de un caso real) le dice a la mujer: "no vayas al culto, que NUNCA estás con la familia", pero cuando ella no va al culto por amor al marido se da cuenta de que el marido está en el bar con los amigos toda la mañana.

El verano tiene un problema adicional: los desfases de horario. Seamos sinceros: uno suele acostarse más tarde, y te levantas más tarde. A veces estás en un piso con la familia con lo que tienes menos intimidad. Ese es otro problema: la vida social, para muchashermanas significa tener que salir a alternar con amigos de la pareja, trasnochar, salir a cenar fuera. Todo eso roba tiempo. Pasa el verano y te preguntas: ¿Qué he hecho?, ¿cómo es posible haber perdido tanto tiempo?.

Pero yo no quiero justificarme, ni yo estoy casada con un inconverso (¿eso es evidente no?), ni he tenido compromisos sociales al tener que estar en la ciudad todo el verano. He tenido mucho tiempo y creo que lo he desperdiciado vilmente. ¿Y por qué?, recuerdo que me pasa como cuando estaba de exámenes, decía "cuando acabe de exámenes tengo ganas de hacer esto y lo otro, etc.." pero acababan y.... toda esa energía y ganas de hacer cosas desaparecía.

He tenido tiempo de escribir dos breves folletos con un pequeño programa, uno un poquito más extenso sobre la oración, y otro más bien breve que es una exhortación. He escrito cartas a hermano y amigos y.... la verdad que no mucho más, a partir del día quince reaccioné y empecé a orar un poco más, pero la verdad es que este verano me ha dejado un mal gusto. El gusto de saber que he perdido el tiempo, de saber que he dispuesto de mucho tiempo y que este ha pasado mayormente en vano.

Para mí esto es desalentador, porque los dos últimos veranos pude acabarlos de forma satisfactoria (al menos para mí), hice lo que me propuse en gran parte, pero este verano sí que tenía tiempo y... ¡fíjate!. El verano pasado salí con los jóvenes a evangelizar, escribí un estudio sobre el dominio de la mente y el estudio bíblico y unas cuantas cosas más.

En fin, creo que si tengo que sacar alguna lección de este verano la moraleja es que aproveche bien el tiempo presente, porque los días son pocos y cortos, y vuelan.

 

 

7/09/99 Martes.

 

SOBRE EL ESTUDIO BIBLICO, LOS CUADERNOS Y LOS BOSQUES.

 

Puedes llevar muchos años de creyente pero no avanzas mucho en lo que se refiere a tu estudio de la Palabra. Los primeros años todo era nuevo, el Señor te estaba mostrando cosas maravillosas en tu estudio de la Biblia, pero.... ocurre que has leido la Biblia varias veces (y si no deberías haberlo hecho), has oido miles de predicaciones, etc... y ahora cuando lees la Palabra te da la sensación de que todo lo que lees es un repaso de lo que ya sabes desde hace tiempo, y esto, claro, degenera en aburrimiento, pereza y una vida devocional algo seca.

No hace mucho un hermano me decía que cuando estudió griego en el Instituto Bíblico, al no ser inicialmente muy ducho en la materia, eso le obligaba a leer muy lentamente, pero ¡sorpresa!, su estudio Bíblico era muy provechoso.

Te dejo pensar un rato en lo que he dicho.... ¿qué es lo que sacas en conclusión?. Yo te cuento mi experiencia, lo que me resulta útil y lo que yo hago. Cuando leo la Palabra me gusta tomar notas de lo que leo, hacer mis propias observaciones, copiar los textos y anotar pequeñas reflexiones, me gusta hacer un breve esquema o bosquejo del texto, eso me hace leer repetidas veces la porción que leo y me es de mucha bendición (estoy preparando una sección en la que D.m pienso compartir con vosotros mis devocionales, las notas que tomo en mi cuaderno de anillas). A mí esto me hace ir más lento, porque tengo el feo vicio de leer muy rápido, demasiado rápido, a veces tan rápido que tengo que leer varias veces las cosas para entenderlas. El Señor me está dando tesoros que luego puedo releer y compartir con vosotros para edificación del Cuerpo.

¿A dónde vamos tan rápido?, ¿no nos damos cuenta de la prisa que tenemos?. Las cosas del Señor no se toman con prisa, se necesita tiempo, Moisés necesitó unos cuarenta años para entender lo que el Señor le pedía, ¿somos nosotros más grandes que Moisés?. Leer unos cuantos capítulos de la Biblia tumbados en la cama mientras nuestra esposa se prepara para dormir, o mientras nosotros acallamos nuestra conciencia después de un día ocupado y tal vez desperdiciado. O tal vez leer apresuradamente intentando acabar un capítulo que (para colmo) consiste en una genealogía, o en los turnos sacerdotales, o en la distribución de Canaán... ¡no nos engañemos!. A veces pienso, ¿por qué la única (o una de las únicas)manifestaciones corporales del Espíritu Santo fue en forma de paloma?, las palomas son dóciles y mansas, es fácil espantar a una paloma, también es fácil acercarla, si nosotros somos personas agitadas y bruscas "espantaremos" al Espíritu Santo, si somos como María, dóciles y buscamos al Señor Él viene a nosotros para tener comunión.

No soy lo suficientemente viejo, pero me voy conociendo a mí mismo. Tengo que decirme: "Julio, basta ya, ahora te paras y te sientas, vale, coge tu Biblia y el cuaderno, coge tu boli y ahora concéntrate en el Señor" oro y .... una vez sosegado empiezo a tener mi tiempo apartado con el Señor. ¡Oblígate a aminorar tu paso!, la Biblia es como un fabuloso bosque, si lo cruzas a 120 km/h no verás más que borrones verdes y marrones, pero si te das un tranquilo paseo puedes ver multitud de detalles, detenerte ante los magníficos robles, oler la hierba mojada, cruzar arroyos cristalinos, y tal vez, si te estás muy quieto ver una ardilla en una rama. Dios tiene enormes tesoros en Cristo que quiere mostrarnos, pero solo nos pide nuestro tiempo.

 

 

8/09/99 Miércoles. LAS RELACIONES PERSONALES.

  Esta es la gran piedra de tropiezo para los creyentes, lo que determina qué tipo de creyente eres tú. Puedes leventarte en la asamblea y soltar una magnífica esposición que deja a las multitudes asombradas y a las viejecillas con los ojos húmedos y enrojecidos, pero luego eres incapaz de dominar tu mal genio, sencillamente no soportas que tus hijos te dejen las toallas tiradas en el cuarto de baño y les gritas fuera de control.

Mis problemas en ese aspecto son varios, yo siempre he pensado que era una persona paciente.... hasta que me casé, doy gracias una u mil veces a Dios por la mujer que tengo, ella es una persona perfeccionista, las cosa que hace las hace bien, se toma su tiempo para hacerlas y el resultado es perfecto, en cambio yo soy un desaliñado, hago las cosas rápidamente y claro... no me salen también, eso es un problemilla. Tenemos multitud de defectos ocultos, ni siquiera nosotros sabemos que los tenemos puede que incluso ni siquiera los demás lo sepan (estos defectos ya se manifestarán en los momentos de tensión) pero Dios los conoce perfectamente, creo que fue David quien dijo: "¿Quien conocerá sus propios errores?, ¡líbrame de los que me son ocultos!". Esa es una oración que muchas veces hago mía "¡Señor líbrame de mis errores ocultos!".

Mi segundo gran problema es el orgullo, y no creas que sea muy consciente de esto, a veces tengo mis serias dudas de ser orgulloso.... de hecho ¡hasta me siento orgulloso de mi humildad! (lo cual, como puedes ver es una contradicción). Una cosa es el diálogo interior que mantengo conmigo mismo "claro, claro, todos cometemos errores... esta persona está desempeñando bien su ministerio, yo no podría hacerlo mejor... no se ha dado cuenta de lo que ha dicho, no tenía intención de hacerme daño....", pero otra cosa es la actitud que muestro ante los demás. Durante mucho tiempo pensé que soy una persona sensible a los demás, incapaz de hacer daño a nadie.... hasta que empecé a trabajar. Mi compañera de trabajo durante tres años fue una excelente persona, con los mismo defectos y virtudes que tenemos cualquier ser humano, pensaba que mi trato hacia ella era extraordinario... hast que me descubrí a mí mismo haciendo comentarios hirientes. Sí, he dicho bien: comentarios hirirentes.

Lo peor de todo es que mi cinismo y mi lengua venenosa se manifiesta de forma completamente "casual", a veces ni siquiera tengo la intención de soltar ese comentario tranquilo y aparentemente inocente, pero el puñal se clava en la espalda de mi interlocutor. Luego me sorprendo de porqué el otro se siente herido. Todos esos comentarios y malos sentimientos afloran cuando has estado acumulándolos durante días y meses en tu interior, esa es la raiz de amargura de la que habla Hebreos, que brota y contamina a muchos.

Los malos pensamientos son enemigos que al igual que los cananeos (los enemigos de Israel) han de ser destruidos uno a uno. ¿Cómo puedes destruir la influencia nefasta de los malos pensamientos? por la acción del Espíritu Santo:

1º) Sacándolos a la luz. Estos malos pensamientos son obra en muchos casos del enemigo, sus obras se desvanecen cuando salen a la luz. Esto significa que debes confesarlos al Señor y en la medida de lo posible (en esto hay matices) tratarlos con la persona de forma amigable y humilde.

2º) Haciendo confesión. Debes pedirle al Señor un corazón contrito y humillado, un santo aborrecimiento de esos pensamientos, que producen cierto placer a la hora de jugar con ellos pero que te dañan.

3º) Hacer un estudio de la Palabra, buscando cual es el consejo de Dios en ese área en particular. Si tu problema es con los celos (cierto tipo de envidia hacia otra persona) mira la concordancia, intenta recordar los textos de la Biblia que hablan de esto y repásalos, ora con ellos, medítalos, pregúntale al Señor cómo puedes mejorar, pídele sus fuerzas.

Cada mal pensamiento es una semilla de cizaña, creo que es Isaías el que los llama huevos de áspid (serpiente), ponerte a meditar en esos sentimientos de rencor es como incubar un huevo de serpiente, cuando el huevo se rompe salen cientos de serpientes que pondrán a su vez otros tanto huevos.... y el círculo es interminable.

Relaciones personales, qué dificil y a la vez que enriquecedor es tratar con las personas, cuantos disjustos y cuantas alegrías. Básicamente creo que el problema de tener malas relaciones no es que los de tu alrededor sean un puñado de gente insoportable, sino que radica en tí, en el tipo de persona que tú eres. Te habrás fijado en esa gente que hay por ahí tan agradable, gente que siempre prefieren oir a hablar, gente que se interesa sinceramente por los demás, gente de buen talante y buen humor, que no publica las faltas de los demás, sino que las disimula, ellos siempre suelen estar rodeados de personas y hay un buen ambiente por donde ellos andan.

 

9/09/99 Jueves. LA PREPARACION DE LA PREDICACION

 

No hace falta que seas predicador, puede ser que el líder de jóvenes te dijera que dieras un pequeño pensamiento en la reunión de jóvenes, o que la mujer de un anciano te pidiese que dieses testimonio en la reunión de hermanas, etc, etc, las ocasiones son múltiples. Tal vez no hayas tenido que hablar en público en tu vidad, y no tienes la más mínima intención de hacerlo, ya te pueden venir el pastor de rodillas y con un cirio en cada mano. Bueno, aun así es posible que el comentario de hoy te diga algo.

A mí lo que menos me preocupa es el miedo escénico. De verdad. Al principio, cuando ni siquiera predicaba, tenía ese deseo. ¡Tantos hermanos me hacían tanto bien con sus predicaciones!, en mi corazón ese deseo se iba forjando, otra cosa es el amor a la Palabra de Dios, desde antes de convertirme sabía que la Palabra era un milagro en sí misma, y eso me fascinaba. Ahora vamos a la parte negativa: ¿había orgullo y deseo de preeminencia cuando deseaba predicar?, ¿me lo preguntas honestamente?, sí. ¿Cómo no iba a haberlo?, un puñado de polvo, un sencillo hombre hablando en nombre de Dios, ¡qué privilegio tan grande!, no en vano dice la Escritura "hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación" (Stg 3.1) (observación, lo que dice aquí es que los maestros recibirán un juicio más riguroso, la Reina Valera Actualizada lo vierte así). El hombre no es nada... en comparación con Dios, el hombre no es Dios ni puede ser Dios. Sin embargo Él nos concede privilegios, junto con la advertencia de que esos privilegios no se nos suban a la cabeza. No quiero hacerme ciego al orgullo, soy consciente de él (en una mínima parte, pero le doy gracias a Dios por esa visión de mí mismo).

Primero comencé en las reuniones de jóvenes, ¡en Granada!, los pobres jóvenes escuchaban estoicamente mis apasionadas (al menos a mí me lo parecía) charlas, luego me invitaron a compartir en los cultos libres del Domingo (si no has visto una reunión que sigue el modelo neotestamentario deberías ver una), ¡eso fue más emocionante!. La cosa ocurría así, ya en casa me había preparado una iuntervención breve, estaba entusiasmado con ella, así que cogía mi bici (era un préstamo de uno de mis hermanos) y salía para el culto repasándola mentalmente). Cuando llegaba el momento del culto libre yo abría la boca pensando "ahora diré, hermanos vamos a leer en el Salmo tal...." pero mi boca no respondía, cuando juntaba algo de valor un hermano pedía un himno y yo me desparramaba agotado en el banco. Esperaba ansioso que terminara el himno, pero yo quería que hubiera un periodo de silencio, para que no fuera terminar la canción y salir disparado como si me hubieran puesto un petardo en mi asiento.... pero siempre esperaba demasiado. Esto se repetía durante una y otra vez hasta que la reunión terminaba con las amrgas palabras de despedida. Volvía derrotado a mi casa, pedaleando gravemente sobre mi vieja bici.

Bueno, no todo fue así, por fin empecé animarme y al fin me invitaron a predicar, mi primera predicación, un Domingo por la tarde, ¿por qué el Domingo por la tarde?, los ancianos son sabios, primero, no suele haber mucha gente (son las reuniones de evangelización) y hay menos tensión para el que predica que si fuera el Domingo por la mañana. Mi anciano, hombre prudente, me invitó a dar mi testimonio, hablar de tí mismo siempre es más fácil y te da más confianza. Se suponía que iba a ser un breve testimonio, pero duró más de cuarenta minutos. estaba lanzado. Además empezó a manifestárseme un problema médico que sólo ataca a los predicadores que se llama: "Elefantiosis homilética", hablaba y hablaba y hablaba, más allá de la barrera de las miradas aburridas y de los bostezos mal encubiertos, más allá de los ojos enrojecidos por el cansancio. Un hermano bondadoso, después de oirme durante un verano casi entero (¡pobrecito!, supongo lo difícil que sería para él decírmelo, y aun más tener que escucharme!) se acercó a mí y me dijo en términos diplomáticos algo así como "Julio, como sigas predicando en plan Fidel Castro me hago budista".

¿Y ahora qué?, no puedo decir que me haya enmendado mucho, mi excusa favorita está revestida de cierto barniz de espiritualidad: "Dios no me ha dado el don de la brevedad". Digamos que es una lucha. Una lucha continua.

Lo que más me preocupa ahora es el tema de la preparación de la predicación. A mis 27 años no me considero un predicador curtido, pero al haber predicado en varias iglesias hay veces que me cuesta saber cuales temas he predicado en cada una de ellas (y eso que lo anoto todo). Seleccionar el tema, entusiasmarme, orar lo suficiente, hacer una exposición clara y no demasiado recargada de puntos y subpuntos que pierdan al oyente. Quiero que los hermanos se lleven una idea clara de lo que se predicó y además que el Espíritu Santo obre en sus vidas y trate aspectos necesarios.

Creo que todos los predicadores tenemos el síndrome de "el atracón antes del exámen", el atracón no es solo ponerse a estudiar unos dos o tres días antes del Domingo, sino ponerse a orar con fervor unos pocos días antes y encima preguntarte por qué no te sientes en sintonía con el Señor. Esto es lo que más me frustra.

Guillermo Carey decía que no se preparaba para las predicaciones, el estudiaba constantemente la Palabra, bastaba con meditar un poco en lo que quería presentar y ya está. He leido varias veces el librito: "El predicador y la oración" y no dejo de sorprenderme de lo claro que es el llamado a orar, para tener mensajes frescos de parte del Señor. Por ahí es donde quiero enfocar este asunto. Con las bibliotecas no hay problema, en España por lo general un predicador tiene una biblioteca aceptable, algún comentario, concordancia, libros de temas variados, y lo que es peor, la seguridad de que solo necesita sentarse a escribir unas cuantas notas para sacar adelante una predicación.

La SUFICIENCIA, la AUTOsuficiencia es lo que nos tiene echados a perder, he predicado con más unción al principio, cuando me sentía desesperado y clamaba a Dios que me ayudara a predicar, que estaba muerto de miedo y que tuviera misericordia de mis hermanos, que ahora, cuando me siento relativamente seguro de mi capacidad para "enrollarme" como el estudiante que no sabe qué poner en el exámen y confía en su verborrea. Esta actitud está minando el púlpito, junto con la falta de disciplina espiritual, los predicadores (gente quemada por tener que predicar Domingo tras Domingo) estudian solo para sus sermones, y oran solo sobre sus bosquejos.

Recuerdo con especial cariño un momento muy especial que tuve con el Señor. Era verano (del 98 creo) y tenía que predicar ese Domingo. Me gusta levantarme antes para repasar el bosquejo y orar, pero en esa fecha tan calurosa en Sevilla, no solo me levantaba antes, sino que me iba al parque con mi Biblia para orar allí. La mañana era fresca y silenciosa. Apenas algún dueño paseando a su perro somnoliento (ambos, el dueño y el perro). Allí en el parque de los príncipes en Sevilla hay un rincón especial. La vegetación forma casi una bóveda tupida, dejando el ambiente en semipenumbra. Y delante un hermoso y gigantesco árbol lleno de ramas verdes, lleno de vida. Un ambiente así invitaba al recogimiento y a orar, y eso es lo que hice. Fue un momento muy bueno. Actualmente, desde el lugar en que vivo hasta el árbol hay casi seiscientos kilómetros, pero eso no es una excusa, el Espíritu del Señor está dentro de mí, esté en Logroño o en las islas Caimán.

Preparse para la predicación no es preparar un material para ese tiempo sino preparte TÜ mismo. Recuerdo en un estudio bíblico de los Jueves nos tocó ver la predicación de Esteban antes de que muriera como mártir. Hans, el que dirigía el estudio hizo la pregunta:

- ¿Cuanto tiempo le llevó prepararse esa predicación a Esteban?.

Yo sabía por donde iba Hans, él pensaba en ese texto que dice que cuando nos lleven presos delante de las autoridades, no nos preocupemos por lo que hemos de decir, que el Padre nos dará palabras con que testificar. Pero un hombre que nos estaba visitando dio la siguiente respuesta:

- Toda la vida.

Hans se quedó pensando y respondió:

- Buena respuesta, en un sentido podemos decir que no le llevó preparse nada, pero en otro vemos que fue toda su vida la que se dedicó al Señor y a estar fuerte en Él

 


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