La
veneración de María y las festividades religiosas Marianas.
Día 15 de Mayo- El “día de la virgen” en
España.
Hoy España celebra, entre fiestas,
verbenas, canciones, comidas y peregrinaciones religiosas el “día de la
virgen”. Sin duda con un contenido más festivo que religioso (sin menospreciar
la base religiosa de esta fiesta), no hay pueblo que quede al margen en estas
fiestas en las que la gente está unida, algunos en su devoción a María, otros
en la amistad y la fiesta.
Con esto no queremos mostrar nuestro
desacuerdo al mero hecho de que estar entre amigos, disfrutando de buena compañía
y de una comida apetitosa sea algo negativo (¡más bien todo lo contrario!),
sino que no es nada saludable mezclar lo que se llama “cristianismo” con festividades
que nada tienen que ver con el cristianismo bíblico saludable.
Estos comentarios deseamos hacerlos
desde el respeto y con el único ánimo de mostrar qué es lo que el cristianismo
enseña acerca de ellas. Los puntos que vamos a comentar pueden ser contrastados
con la Biblia que el lector tenga en su casa, además de estar abiertos a un
respetuoso debate que podrá ser publicado en estas páginas siempre y cuando se
haga de forma educada y tolerante, aun cuando las posiciones no estén de
acuerdo.
En
Colosenses 2.16 dice: “Nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días
de fiesta, luna nueva o días de reposo...”. Los cristianos no pueden ser juzgados
por otros para que guarden festividades especiales, las únicas festividades especiales
que en la Biblia se han guardado son aquellas que corresponden al calendario levítico
del Antiguo Testamento, y de ellas se nos dice: “todo lo cual es sombra de lo que
ha de venir; pero el cuerpo pertenece es de Cristo”. Es decir, todas las fiestas
prefiguraban y nos enseñaban de forma parcial en cuanto a la venida de Cristo y
Su Obra, de modo que pertenecen al pasado, el cristianismo ya no está regulado por
distintas festividades.
Dice Efesios 5.18: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, antes bien sed llenos del Espíritu Santo”. El creyente no debe ser dominado por el vino, ni debe ser lleno de vino, su alegría no debe ser confundida con la falsa alegría que tienen los ebrios, sino con el gozo que da ser lleno del Espíritu Santo. Comprendemos el rechazo que muchos piadosos católico-romanos sienten al ver los excesos que se producen entre aquellos que dicen estar en una fiesta religiosa y lo único que están haciendo es dar rienda suelta a sus peores vicios.
Ella reconoció que necesitaba de la persona bendita de Jesucristo nuestro Señor para ser salvada de su condición pecaminosa (Lc 1.47). María como un vaso precioso y escogido por Dios para llevar en su vientre al Hijo de Dios, era una mujer que como descendiente de Adán y Eva había recibido el pecado original (la Biblia no afirma que ella estuviera exenta del pecado original y no hay ningún texto que clara u oscuramente afirme esto). El mismo Señor Jesús, en su lucha con Satanás en las tentaciones que sufrió en el desierto (de las cuales salió victorioso) dijo: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás” (Lc 4.8, citando Dt 6.13). No hay mejores palabras para expresarlo que las que podemos leer en Deuteronomio 10. 20-21: “Temerás al SEÑOR tu Dios; le servirás, te allegarás a Él y sólo en Su nombre jurarás, El es el objeto de tu alabanza y Él es tu Dios”.
Es posible que algún amigo católico romano
nos diga que ella no es objeto de culto sino una mediadora por la cual podemos
acercarnos a Dios, que ella es quien media en todas las gracias (“mediadora de
todas las gracias” como dice el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica Romana).
Con esto salvaguardan a María de ser objeto de idolatría al presentarla como
una mediadora entre Dios y los hombres, esta afirmación lejos de honrar a María,
como pretenden nuestros amigos, no le hace justicia, puesto que la Biblia declara:
“Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo
hombre” (1 Tm 2.5), ¡el único mediador que hay es Jesús!, no necesitamos otro
mediador, alguien lleno de gracia y virtud que nos acerque a Dios, basta con la
persona de Jesucristo, Quien vino lleno “de gracia y de verdad” (Jn 1.14).
Cuando miras a Jesús no estás mirando al “dios inalcanzable” sino a Dios hecho
hombre, lleno de gracia y compasión hacia ti, puedes acercarte a Él, está
deseando que te acerques a Él, su sangre derramada en la cruz es el rescate por
tus pecados, es tu salvación, tu seguridad y el perdón. ¿Cómo puedes acercarte
a Dios?, por medio de Jesús (1 Tm 2.5) de Dios hecho hombre por medio de Quien
tenemos SEGURIDAD y ACCESO CON CONFIANZA (Efesios 3.12), ¡sólo en Jesús y en
nadie más tenemos seguridad de ser aceptados por Dios, sólo en Jesús y en nadie
más tenemos acceso con confianza, sin el temor de ser rechazados por nuestros
pecados!.
Para muchos el hecho de hacer una imagen de María, Jesús o algún santo es algo de un valor muy relativo, “no estamos en la edad de Piedra, sabemos que la escultura no es Dios, sabemos que Dios es un ser espiritual”, sin embargo, preguntamos ¿por qué hacer esculturas?, se nos responde: “la imagen nos ayuda a acercarnos a Dios, al poner los ojos en ella nuestra mente se puede orientar más fácilmente en Dios, del mismo modo que un novio puede mirar la foto de su novia mientras le escribe una carta de amor.
En el punto anterior hemos visto cómo la Biblia no autoriza a nadie como mediador con excepción de la persona gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, con lo cual quedan descartadas todas las imágenes de santos y vírgenes que abundan en nuestro país y en el resto del mundo.
Pero,
¿qué piensa Dios en cuanto a ser ayudados por algún tipo de imagen en nuestra adoración?:
Dice
Éxodo 20.4-5: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba
en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra, no te
inclinarás a ellas, ni las honrarás.... porque yo soy Yahveh tu Dios, fuerte,
celoso...”.
¿Qué
es lo que nos prohíbe la Biblia?:
a.
Hacernos imágenes relacionadas con la adoración (es decir, la Biblia permite
que hagamos imágenes, no está en desacuerdo con el arte, pero sí que prohíbe
que hagamos imágenes para ayudarnos en nuestra adoración a Él).
b.
No inclinarnos ante esas imágenes. Esto implica tenerles un respeto reverente,
hacer inclinaciones de cabeza, de rodilla (genuflexiones), santiguarnos, etc...
c.
No honrarlas. ¿Qué es honrar a una imagen?, es vestirla, limpiarla, danzar
delante de ella, cantarle (saetas o canciones de culto), darle ofrendas
(ofrendas florales como las que se entregan a las imágenes marianas), encender
velas, hacerles votos (promesas del tipo: “si curas a mi sobrino rezaré tantos
avemarías, o te encenderé una vela), sacarlas en procesión para que sean
admiradas.
Es
posible que algún lector amigo nos diga: “Las prohibiciones que encontramos en
el Antiguo Testamento en cuanto al hacer imágenes se refieren a los cultos
paganos de la época, no al cristianismo”. En cierto sentido el contexto en el
que se escribe el Pentateuco es un contexto fuertemente politeísta y pagano,
pero eso no anula la prohibición de hacer imágenes, si en esa época un judío
dijera: “De acuerdo, no voy a hacer imágenes de ídolos paganos, voy a hacer una
imagen de Yahveh, que es el Dios verdadero”, ¡eso seguiría estando prohibido!,
Dios prohibe hacer una imagen, postrarnos, honrarla, usarla en nuestro culto a Él.
Otro
argumento adicional es este: si la prohibición de hacer imágenes se limita a los
cultos paganos, el Nuevo Testamento sería muy condescendiente a la hora de usar
imágenes “cristianizadas” para nuestra adoración (o veneración). Vamos a citar
dos textos ciertamente claros en relación al tema que consideramos:
Jn
4.24: “Dios es espíritu;
y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren”. Dios
no tiene una imagen, es más ¡no hay nada ni nadie semejante a Dios! (1 Cr 17.20).
Que Dios sea un ser espiritual significa que intentar hacer de Él una imagen es
rebajarlo, o tener un concepto inferior de Él, ¡además de ser absurdo!, Dios es
un ser eterno e infinito. La verdadera adoración debe ser espiritual, nosotros
somos seres espirituales en parte, y es en nuestro espíritu en que debemos
adorar a Dios.
1ª
Jn 5.21: “Hijitos,
guardaos de los ídolos”. La amonestación del apóstol no se limita a los ídolos
de las naciones paganas, o los ídolos del mundo greco-romano, ¡sino a todo tipo
de ídolos!. Cuando alguien utiliza el argumento de: “sí, aquí dice ídolos, pero
sólo se refiere a los ídolos que había en esa época”, está usando el mismo
argumento que usan los partidarios de la homosexualidad que cuando leen textos
como 1 Co 6.9 que condenan la homosexualidad dicen: “sí, aquí dice homosexuales,
pero sólo se refiere a la homosexualidad de la época, que estaba asociada a
cultos paganos”. No, cuando dice “ídolos” se refiere a cualquier tipo de ídolo,
y esto implica ídolos paganos e ídolos “cristianos”, ninguno de ellos es
aceptable a Dios y de todos ellos debemos “apartarnos”.
A
menudo, cuando se presentan estos argumento, buenos católicos se sienten
heridos y atacados personalmente, o que está siendo atacado el honor de la virgen
María. Cuando se trata de la búsqueda de la verdad no debemos de mezclar
sentimientos y afectos (a veces exacerbados por letanías y cultos religiosos)
junto con las sencillas enseñanzas recogidas en la Palabra de Dios y dadas por
nuestro Señor Jesucristo a sus apóstoles. Muchos se limitarán a saltar de sus
sillas airados y zanjar así la cuestión, pensando que la mejor forma de actuar
como cristianos es sentirse indignados, otros, siguiendo el ejemplo de piadosos
cristianos como los de Berea (Hch 17.10-11) examinarán estas cuestiones en sus
Biblias, es posible que estemos creyendo algo equivocado, ¿podemos admitir esa
posibilidad?, y si lo que creemos es correcto ¿qué perdemos con mirar nuestras
Biblias? (y sólo nuestras Biblias, no otros libros o catecismos) la investigación
personal en cualquier caso será enriquecedora.