Meditaciones en cuanto a la guerra.
Hasta este momento
nunca habían entrado comentarios políticos en mi página, orientándola más bien
a contenidos bíblicos y de vida cristiana, ¿he cambiado la orientación?, creo
que no, la guerra no es política, son personas, son familias llenas de dolor,
son mutilados, huérfanos, viudas, y... empresas que consiguen buenos
contratos ganados a la sombra del dolor de estos miles de seres humanos.
Hay algunos
interrogantes que para los ciudadanos de a pie quedan un poco en el aire, y que
los medios de comunicación nos ocultan, aunque me parece que no es demasiado dificil averiguar:
* ¿Es
realmente Sadam una amenaza para la seguridad de los
EEUU?, ¿no lo es también Corea del Norte con sus misiles de largo alcance y sus
cabezas nucleares?.
* ¿Son los
intereses comerciales el único móvil de naciones en crisis como los EEUU?.
*¿Es lícita
una guerra realizada con la oposición de la ONU y de la opinión pública del
resto del planeta?.
Y una
cuestión más: ¿cual debe ser la posición de un cristiano ante la guerra?. (Esta
última pregunta puede parecer fuera de lugar, pero me explicó más adelante).
Guerra lícita.
La
posición: "un cristiano nunca debe estar de acuerdo con la guerra",
es muy cuestionable. Cuando leo algunos libros de C. S. Lewis
y su defensa de la las guerras "justas", me doy cuenta que choca con
la opinión del ciudadano del siglo XXI. Para Lewis,
hablar de guerra era hablar de una amenaza como Hitler
y la imperiosa necesidad de parar lo que podía haber sido la conquista de
Europa (¡y quien sabe si del mundo entero, si consideramos las campañas de Rommel en el desierto de Africa!).
Lewis se había curtido en las trincheras de esa
guerra y militaba contra el cándido pacifismo que hubiera sumido a la humanidad
en una oscura era Nazi. Sin embargo cuando hoy en día escuchamos la palabra
"guerra", directamente la asociamos con intenciones comerciales
(petróleo), o militares (posiciones estratégicas, hegemonía mundial).
Creo que
como cristianos tenemos que evitar el maniqueísmo simplista y juzgar con
madurez (1 Co 14.20). El soldado cristiano tiene que
obedecer a Dios y a los dictados de su conciencia por encima de las órdenes de
sus superiores, considerando que sólo Dios está por encima de todos y de todo (Hch 4.19; Ef 1.20-21). Esto es
francamente difícil, sobre todo considerando lo extremo de las situaciones que
se pueden producir en un combate.
Oración y movilización civil.
Hay un
punto medio entre el activismo social y el inmovilismo casi
"místico". Los cristianos somos luz del mundo y sal de la tierra.
Somos los cristianos los que estamos conteniendo los juicios de Dios en este
mundo, al no poder lanzarlos Dios sobre sus hijos. Hay una zona de equilibrio
entre el manifestante con el altavoz y sus consignas violentas, y el monje
ermitaño.
El problema
de las manifestaciones es que muchas están tan politizadas como las guerras, si
caminas alrededor de una manifestación encontrarás a madres con sus hijos,
gente sincera que quiere poner su granito de arena contra la guerra, hasta
republicanos con carteles "Por la República y contra la guerra", o
abortistas ("Aborto sí, guerra no"), hay todo un colorido en las
manifestaciones, que lo ponen las fotos del Che Guevara, los sindicatos, y los
violentos ultraderechistas y agitadores. Todo esto nos habla de las condiciones
de una humanidad sin Cristo, que se agita como un mar en tempestad (Ap 13.1).
¿Inmovilismo?,
ni hablar, hace poco leí un libro que, entre otros hablaba de cómo fué un cristiano el que luchó y trabajó para conseguir
abolir la esclavitud en el Reino Unido, estamos llamados a no callar, pero
¿cómo?.
Hace
algunos años vi algo que me inquietó en una revista
de informática que compraba asiduamente, y que se jactaba de ser una revista
para toda la familia: estaban anunciando Cd roms eróticos (más bien pornográficos) a sus lectores.
Escribí una carta protestando, y argumentando. No han vuelto a permitir que
anunciantes ofrezcan material obsceno en sus páginas, ¿casualidad?, la verdad,
me consuela pensar que un cristiano pudo cambiar el contenido injusto de una
publicación y ser un poco de sal en este mundo.
Ser sal y
luz es algo más que estar en una manifestación, es ser lo suficientemente
creativo e inteligente como para hacerse oir de una
forma respetable. Puede ser comenzar a enviar cartas a las autoridades, puedes
animar a los hermanos a escribir masivamente al presidente del Gobierno, a los
medios de comunicación (periódicos, televisión...), puede ser que entre unos
cuantos hermanos paguéis un anuncio en el diario dominical bien visible
declarando de forma respetuosa vuestra protesta. Hace poco leí que la iglesia
metodista unida (denominación a la que pertenece el presidente Bush, pagó una serie de anuncios en cadenas de televisión
norteamericana, diciendo que Cristo no aprueba esta guerra).
Podemos
colaborar enviando ayuda médica y humanitaria por medio de excelentes
organizaciones a estos pueblos en guerra, hay excelente ONG´s,
cristianas y no cristianas que trabajan llevando asistencia a niños,
refugiados, enfermos, ancianos, etc... Debemos
mostrar que somos cristianos, al dar sacrificadamente para nuestro prójimo, no
se trata de dar limosna (de lo que nos sobra véase Lc
21.4; 2 Co 9.7), sino de dar con el corazón lleno de
gratitud a Dios y de amor a los más débiles.
Pero como
cristianos evangélicos hay algo más que podemos hacer: orar. Creemos en Dios
Todopoderoso, y creemos que por medio de Jesucristo, nuestro único Mediador y
Salvador tenemos libre acceso a Dios Padre (1 Tm
2.5). Creemos que Dios está al control de la historia, de las naciones y de los
gobernantes, y que si oramos conforme a Su voluntad Él actuará más eficazmente
en este mundo, porque Él quiere que seamos Sus colaboradores. Por eso es bueno
que convoquemos reuniones de oración a este efecto, que hagamos vigilias de
oración y ayuno para emplearlo en orar más y buscar la dirección de Dios en
medio de tanta confusión y tanto mal. Podemos hacer reuniones espontáneas de
oración, juntándonos en hogares de otros creyentes, reuniéndonos como familias
para orar.
Un
cristiano no se queda quieto ante la guerra, ni ante la injusticia, ni ante la
necesidad, sino que comienza a orar, a dar, a pensar, a soñar, en maneras en
las que Jesús puede tocar y amar a otros por medio de nosotros, su Iglesia. De
lo contrario no estaremos viviendo a Cristo, sino jugando al cristianismo.
Madrid, 25 de Marzo de 2.003.