Elección, Llamamiento y Predestinación.

 

Jn 6.44. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.

Mt 11.27. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce alguno sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

Hch 13.48. Y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.

Rm 8.29.  A los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo... (v.30) y a los que predestinó, a estos también llamó, y a los que llamó, a estos también justificó.

Rm 9.15-16. Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Ef 1.4. Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha...(v.5)...en amor, habiéndonos predestinado...(v.11) habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de Su voluntad.

2 Ts 2.13. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros...de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación.

Rm 1.6. llamados a ser de Jesucristo (1.7) llamados a ser santos.

2 Tm 1.9. quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo, y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

Hch 18.9-10. No temas, sino habla y no calles... porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.

Hch 11.18. ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!.

Hch 5.31. A este, Dios ha exaltado... para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.

2 Tm 2.25. que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad.

Rm 3.11. No hay quien busque a Dios.

Rm 9.24. a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros.

Hch 18.27. y llegado allá (se refiere a Apolos) fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído.

Mc 13.20. Mas por causa de los escogidos que El escogió, acortó aquellos días.

1 Cor 1.27. lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte.

Lc 8.10. A vosotros os es dado conocer los misterios del Reino de Dios.

Col 1.27. A ellos quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles.

1 Jn 5.20. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero.

1 Cor 2.7. Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria.

1 Jn 4.19. Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.

Sal 65.4. Bienaventurado el que tu escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios.

Stg 1.18. El, de Su voluntad, nos hizo renacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

2 Ts 3.2  No es de todos la fe.

Hch 16.14. (Lidia) ...y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.

2 Tm 2.10. Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos mismos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús.

 

Nota importante: Prácticamente todo este estudio es un resumen del libro de A. Pink “La soberanía de Dios”, cuando no es una copia literal me he tomado la libertad de resumir y adaptar algunas expresiones para acercarlas a un lector más contemporáneo. De cualquier modo toda imprecisión y error que se puedan encontrar son responsabilidad únicamente mía.

 

 

LA SOBERANIA DE DIOS EN LA SALVACION.

 

“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!, ¡Cuan incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos!”. Rm 11.33.

 

            LA SALVACION PERTENECE AL SEÑOR  (Jonás 2.10) Pero hay un problema, el Señor no salva a todos... ¿Y por qué no a todos?. ¡Ya está!, a lo mejor porque algunos son “muy” pecadores y malvados, bueno, hay un problema, dice la Palabra: “ Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Tm 1.15), es decir, que si Dios salvó primero a los pecadores, el hecho de que sean malvados no los excluye para ser salvados, ¿o no has leído eso de: “no... que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4.10). Fue Él quien nos amó a nosotros cuando nosotros éramos unos malvados y unos rebeldes que estábamos en guerra y enemistad contra Él.

            Entonces, ¡la respuesta es fácil!, no todos se salvan porque no todos lo aceptan como su Señor y Salvador, ¿verdad?. Esto es lo que nos han explicado durante mucho tiempo. Pero no es así. Antes de responderte déjame hacerte unas cuantas preguntas.

           

            ¿No es cierto que hubo un tiempo en que andabas en consejo de malos, estabas en camino de pecadores, te sentabas en silla de escarnecedores, y junto con ellos decías “No queremos que este reine sobre nosotros” (Lc 19.14)?. ¿No es cierto en que hubo un tiempo en que “no querías venir a Cristo para tener vida” (Jn 5.40)?. Tienes que reconocer que para tu vergüenza sí que hubo ese tiempo. ¿Y cómo es posible que hayas cambiado tanto?, ¿qué fue lo que te hizo cambiar de una persona orgullosa, independiente, altiva, en enemistad con Dios y que se consideraba sabia en sus propias opiniones, a una actitud humillada y suplicante, del odio al amor, de la desobediencia a la sujeción?. Como hijo de Dios nacido de nuevo nacido no de sangre, “ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Jn 1.13). ¿Fue acaso tu voluntad la que te llevó a Dios. esa voluntad que estaba enemistada con Él, ciega y  autosuficiente?,  no, no fue “voluntad de carne”, ¿o fue acaso porque te “lavaron el coco” algún predicador espabilado y con pico de oro?, no, no fue por “voluntad de varón”. Entonces, ¿cómo fue que te convertiste a Dios?. Puedes responder que: “Por la gracia de Dios soy lo que soy (1 Co 15.10). Fue Dios quien sometió tu voluntad rebelde, fue Dios quien te atrajo con cuerdas de amor hacia Él, quien te sacó de las tinieblas a Su luz admirable (Col 1.13).

            ¿No te das cuenta entonces que si hay otros que no conocen al Señor no es porque ellos no le dejan al Señor ser salvados?. Si Dios pudo someter tu voluntad y conquistar tu corazón, y eso sin quitarte tu responsabilidad moral, ¿no puede hacer lo mismo con otros?, entonces ¡qué absurdo decir que hay otros que no se salvan porque no le dejan a Dios salvarlo!.

            Pero tú dices, “¿no hubo un momento en que yo quise, estuve dispuesto a recibir a Cristo como mi salvador?”. Es verdad que fue así, PERO FUE EL SEÑOR QUIEN TE HIZO QUERER (Sal 110.3; Fil 2.13). ¿Y por qué -dirás- no hace que todos quieran?. ¿No será porque Él es el Soberano, el Rey de la Creación, el mismo Dueño de todo lo que existe y tiene todo el derecho de disponer de Su creación como a Él le plazca?.

            Otra pregunta que te puede surgir es: ¿Y por qué no todos creen?. Una respuesta convencional sería decir que porque no todos creen. Eso aunque es correcto, es sólo una parte de la verdad. Es la verdad vista desde nuestro diminuto punto de vista humano. Mejor plantear la pregunta de esta manera: ¿por qué creen?, ¿por qué unos ponen su confianza en Cristo y otros no?. ¿Será que se salvan los más inteligentes, o los que antes se dan cuenta de su necesidad de salvación?. Esa respuesta no se tiene mucho tiempo en pie, pues “¿quien te distingue?, ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (1 Cor 4.7). Es Dios mismo quien selecciona quienes han de creer y quienes no, no se trata de ser el más listo ni el más espiritual, “sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero” (1 Jn 5.20). Es Dios quien da el entendimiento.

            ¿Y qué ocurre con la fe?, ¿no es la fe el elemento humano en la salvación?, ¿no es la fe lo que Dios requiere de nosotros?,  ¿no es cierto que la fe depende de nosotros mismos, que podemos tener fe o no?. Pues no, porque “no es de todos la fe” (2 Ts 3.2), así que no vemos que Dios otorgue ese don a todos. ¿A quienes se lo concede Dios?, a Sus elegidos, dice Hch 13.48 “Y creyeron todos los que estaban ordenados para la vida eterna”. Por eso leemos de la “Fe de los escogidos de Dios” (Tit 1.1). ¿No es Dios soberano en la distribución de Sus favores?, ¿acaso no tiene derecho a serlo?, ¿cómo es que hay quienes murmuran contra el dueño, contra el padre de familia?, ¿no dice el Señor “¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío?” (Mt 20.15). ¡Dios puede hacer con lo que es suyo cuanto desee!, ¿no haces tú lo mismo con tus bienes y nadie te lo recrimina?.

 

La soberanía de Dios Padre en la salvación.

 

            Uno de los textos que con más claridad hablan de que Dios ha establecido el destino de sus criaturas es Rm 9. No lo vamos a comentar todo sino que sólo comentaremos los vs. 21-23: “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?. ¿Y qué si Dios queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria..?” Estos versículos nos muestran a la humanidad como una masa de barro, sumisa y dócil a las manos de Dios, inerte e impotente, sin vida. Demuestran que “no hay diferencia” entre los escogidos y los que no lo son, son “barro” de la misma masa, algo que concuerda con Efesios 2.3 donde se nos dice que por naturaleza somos “hijos de ira”. Se nos enseña que el destino final de cada individuo lo decide la voluntad de Dios, y gracias a Dios que así es, porque si dependiera de nosotros nuestro destino sería el lago de fuego.

            La clara enseñanza de la Biblia es un duro golpe para el orgullo humano, considerar que estamos en las manos de Dios, pero eso es lo que se enseña con toda claridad. En esta época de soberbia humana en la que los anuncios nos dicen cosas como: “Hazte a ti mismo”, “toma las riendas de tu propia vida” es necesario insistir en que somos vasos de barro en Sus manos. Da igual que no estemos de acuerdo o que luchemos con todas nuestras fuerzas. Dios afirma que todo derecho es indiscutiblemente suyo.

            Vamos a ver siete textos bíblicos que enseñan claramente que Dios hizo una selección y predestinación. Son muchos más los que lo enseñan, pero tomaremos los más representativos.

            1. “Creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hch 13.48). Aquí aprendemos cuatro cosas. La primera es que creer es consecuencia y no causa del decreto de Dios. En segundo lugar que sólo un número limitado ha sido ordenado para vida eterna. En tercer lugar, que esta ordenación no son méritos externos, sino que es “para” vida eterna. Y cuarto, que “todos los que”, es decir, ni uno más ni uno menos de los que han sido ordenados por Dios, creerán para vida eterna. Dice Spurgeon sobre este texto: “¿Es  injusto que Dios de gracia?, si es justo que la de,  ¿es injusto que se haya propuesto darla?, ¿acaso prefieres que la diera por accidente, al azar?, si es justo que quiera dar gracia hoy, era justo que se lo propusiera antes de esta fecha”.

            2. “Así que también en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si  por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Rm 11.5-6). Esta intervención e iluminación de Dios no es por razón de algún mérito que hubiera en ellos. La base sobre la cual Dios escogió este remanente no era la fe prevista de ellos, porque una elección fundada en la previsión de buenas obras estaría exactamente tan basada en buenas obras como cualquier otra, y en tal caso no sería “de gracia”.

            3. “Pues mirad hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (1 Cor 1.26-29). En este pasaje se hace referencia tres veces a la elección, y elección suponía una selección, es decir, tomar a unos y dejar a otros. El que escoge aquí es Dios mismo. Y la razón de ser de esta selección es “que ninguna carne se gloríe en Su presencia”, de modo que toda alabanza ha de ser tributada a Dios por su infinita gracia.

            4. “Bendito sea el  Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad... En Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. (Ef 1.3-5, 11). Fue antes incluso de que Adán fuera creado y cayera que Dios nos escogió, y también descubrimos el motivo que le indujo, fue por amor que nos predestinó, afirmación esta que contesta a que es tiránico que Dios escoja a unos y a otros no, y finalmente se nos dice que es según su sola voluntad, no había otro factor en la elección sino su sola y única voluntad soberana.

            5. “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad” (2 Ts 2.13). Hay tres cosas que queremos recalcar. Primero, que los elegidos lo son “para salvación”. no podía haberlo dicho más claro, aquí no existen los argumentos retorcidos que balbucean cosas como: “aunque dice eso, no se refiere a lo que está diciendo claramente”. En segundo lugar, se nos habla de los medios: la salvación se alcanza por medio de la santificación del Espíritu y la fe en la verdad. El mismo Dios que predestinó, también ha designado los medios para alcanzar su propósito. En tercer lugar, el hecho de que Dios nos haya escogido es causa de alabanza y acción de gracias a Dios, en lugar de horror, miedo y el silencio tabú que llena los corazones de muchos.

            6. “Quien  nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo, y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Tim 1.9). ¡Se puede decir más alto, pero no más claro!. Nuestra salvación no es conforme a “nuestras obras”; es decir, no es debida a nada que haya en nosotros, ni recompensa de algo que hayamos hecho, sino que es el resultado del “propósito suyo” y la “gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”. Además, se nos dice que esa gracia no se nos dio una vez que creímos, sino que fue antes de haber creído, ¡incluso antes de haber nacido!.

            7. “Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”(1 P 1.2). Otra vez se nos dice que la obra de la elección de Dios el Padre precede a la obra del Espíritu Santo en los que son salvos y a su obediencia a la fe. Dios no “previó” que ciertas personas cuando oyeran el evangelio lo creerían independientemente del hecho de haberlas “ordenado para vida eterna”. La “presciencia” de Dios está basada en lo que Él ha decretado y establecido (mira Hch 2.23 “ a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, matasteis clavándole en un madero...” su presciencia va unida a su decreto. Veamos otro caso: Rm 8.28-29: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó, para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo”. Los que “antes conoció y predestinó son los mismos que29 de setiembre de 2000”conforme a su propósito son llamados”. Tenemos que explicar que cuando la Biblia dice que Dios “conoce” a alguien lo usa en un sentido muy distinto a cuando nosotros decimos que “conocemos” a alguien. Piénsalo un momento, ¿cómo es posible que la Biblia dice que Dios conoce a unas personas determinadas?, ¿es que a las otras no las conoce?, ¿acaso hay cosas que Dios no sabe?. El sentido de la palabra “conocer” aplicada a Dios es “mirar con amor y aceptación”, mira este texto: “Mas si alguno ama a Dios, el tal es conocido por Él” (1 Cor 8.3), ¿y cuando Jesús dice a los hipócritas: “Nunca os conocí, apartaos de mí”?, ¡Él nunca los eligió! (¡no es que nunca los conociera!). “Elegidos según la presciencia de Dios el Padre” significa “escogidos por El como objeto especial de su aprobación y amor”.

           

 

 

 

 

¿Predestinación o Pre-conocimiento?.

 

            Son muchos los que piensan que la elección consiste en que Dios “ve” la fe de los creyentes y en base a eso los escoge. Se suele usar también el texto (Ef 1.4) que dice que la elección es “en” Cristo, es decir que la base de la elección es el preconocimiento de Dios, o su presciencia. Eso es tanto como decir que realmente Dios no escoge a personas determinadas, sino que escoge a los ellas decidieron creer. A esto responde Thomas Goodwin en su gran comentario a Ef, caps 1-2, 11

 

            “Que Dios en su amor toma a personas. Dios nos toma proposiciones de tal manera que diga: “Amaré al que cree, y le salvaré” como sostienen los de la opinión arminiana; no, Él toma personas. Y Cristo no solamente murió por las proposiciones, sino por las personas... Nos amó sin tapujos, nos amó a nosotros, no a cosas nuestras. No fue por nuestra fe, ni por nada que hubiera en nosotros, “no por obras” dice el apóstol; no, ni tampoco por la fe,... Él toma personas desnudas.

 

            ¿Pero que ocurre cuando en la Biblia se usa la palabra “conocer” relacionada con la elección, por ejemplo: “a los que antes conoció, también los predestinó” (Rm 8.29)?, ¿qué significado tiene ahí la palabra “conocer”?.

            Estas son las notas de la edición de estudio de la Reina- Valera del 95 acompañadas de algunas referencias:

 

<<Conocer, conocimiento. Además de su significado más común (saber, entender) estas palabras pueden tener en la Biblia el significado de reconocer, aceptar, ELEGIR, amar, incluida la relación sexual entre hombre y mujer.

 

            [AT]      (a) Propio de Dios. Sal 139; Jer 11.20; Os 5.3.

                        (b) Con el sentido elegir, amar, Jer 1.5, Am 3.2.

                        (c) Conocer, reconocer a Dios. Sal 9.11, 36.5-9; Is 1.3; Jer 22.15-16; 24.7;                                  31.34; Ez 38.16; Is 1.3.

 

            [NT]      (a) Propio de Dios. Mt 11.27; Jn 2.24-25; Hch 1.24.

                        (b) Con el sentido elegir, amar. 1 Cor 8.3; Gal 4.9.

 

Escoger, escogido. Referido a los creyentes. Mt 22.14; 24.22, 31; Rm 8.33; 9.11; 1 Co 1.27-28; Ef 1.4; 1 Ts 1.4; Stg 2.5.>> Fin de las notas de la RV95.

 

            Si el sentido de pre- conocer es como muchos dicen, que Dios ve la fe de muchos, los siguientes textos muestran que en la Biblia cuando la Biblia dice que Dios “conoce” a su pueblo se está refiriendo a Su elección soberana.

 

Am 3.2 A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra.

En este texto vemos que ese “conocer” no se refiere a “saber su existencia”, de lo contrario sería absurdo que Dios dijera que de todas las naciones de la tierra sólo conocía a Israel. Lo que el texto está diciendo es que Dios sólo escogió a Israel de todas las naciones de la tierra. Hay otros textos que abundan en la misma idea.

Os 13.4. Yo te conocí en el desierto, en tierra seca.

No es que Dios conociera a Israel cuando llegó al desierto, Él ya sabía de su existencia, otra vez esta palabra se relaciona con la elección.

Mt 7.23. Nunca os conocí; apartaros de mí, hacedores de maldad. (cfr. con Rm 8.29).

            ¡Otra vez esa palabra “conocer” se refiere a la elección de Cristo!. Jesús nunca los escogió a estos hacedores de maldad.

            Por tanto, cuando en la Biblia se dice “a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” Rm 8.29, lo que afirma es que a los que Dios escogió, también los predestinó.

 

EL VALOR DE ESTA DOCTRINA.

 

            Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil....” (2 Tm 3.16). Hoy en día no se da mucho énfasis a las doctrinas, se ha dicho que las doctrinas lo único que hacen es dividir al pueblo de Dios, traer confusión y enfriarnos, pero nada más lejos de la realidad: la Palabra de Dios nos da la verdadera sana doctrina (saludable, llena de vida). Importa mucho lo que creemos y nuestro concepto de Dios, porque “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Prov 23.7), si somos guiados por doctrinas que no son sanas, sino perversas y extrañas seremos extraviados y esclavizados por el engaño.

            Las consecuencias hoy en día son: superficialidad, una vida cristiana vacía y anhelante de experiencias, y una predicación del evangelio muy pobre. Muy pocos creyentes están arraigados en la fe, al no conocer las doctrinas de la Gracia, bien porque nadie se las explicó, o bien porque no hicieron un estudio personal de las mismas. Gran parte de esta pobre predicación del evangelio hace que entre nosotros haya muchos convencidos más que convertidos, gente que piensa que porque podían acudir a Dios cuando ellos querían o porque siguieron una serie de pasos alcanzaron la salvación por seguir un método. (Nota: No estamos diciendo que aquellos que como Wesley u otros que no reconocen las dosctrinas de la Gracia no sean salvos, sino que predicaciones pobres, deficientes y adulteradas del evangelio dan lugar a meros profesantes que no son salvos).

            Por lo tanto la doctrina de la Gracia soberana es más que una mera enseñanza abstracta, algo que no tiene mucho que ver con tu vida, sino precisamente lo contrario, tiene mucho que ver, más de lo que piensas, de hecho es uno de los pilares del verdadero evangelio de Jesucristo, uno de los pilares de carácter y el correcto andar del cristiano. Esta doctrina produce gratitud, un conocimiento cierto de la verdadera Gracia, de la persona de Dios mismo y su exaltación y dominio sobre toda la creación. Veamos algunos puntos acerca del valor de esta doctrina:

 

1. Hace más profunda nuestra adoración a Dios.

           

            Nos presenta a Dios como Dios, no como alguien al que podemos “manipular” a nuestro antojo, estamos en sus manos, para vida o para permanecer en muerte. Él es el Creador y conserva plenos derechos sobre su creación, “todas las cosas son para Él” (1 Cor 8.6). Afirma que nadie tiene derecho a pedirle cuentas a Dios por lo que hace, y que nuestra actitud ante Él debe ser la de un temor respetuoso y reverente.

            Nos muestra el carácter inescrutable de su sabiduría. Hay muchos que dicen que “no entienden la doctrina de la elección soberana”, ¡claro que no!, tampoco comprenden la trinidad de Dios, ni su omnipresencia, ¡y mucho menos su eternidad, que no tiene principio ni fin de días!, sin embargo lejos de ser eso un obstáculo ¡es una clara muestra de nuestra pequeñez en comparación con la majestad divina!. En la doctrina de la gracia soberana Dios nos muestra misterios que no están a nuestro alcance comprender ¡pero sí que podemos alabar y darle gracias por habernos hecho tanta misericordia!.

            Esta enseñanza engrandece Su Gracia. Hasta que no comprendí por la misericordia del Señor su plan de elección, no comprendí en qué consistía la Gracia de Dios. Gracia no es que yo coopere con Dios para mi salvación. Gracia no es que Él tiene que salvar y está obligado a hacerlo a quienes hacen ciertas cosas o toman decisiones que lo vinculan. Gracia es que Él otorga su favor a quien quiere, gracia es que Él interviene y escoge, de entre la humanidad perdida, un pueblo para su nombre.

 

2. Es el fundamento sólido de la verdadera revelación cristiana.

 

            Todas las religiones enseñan la salvación por obras. El genuino y verdadero cristianismo bíblico no enseña eso: enseña salvación por Gracia. La salvación es una iniciativa tomada unilateralmente por Dios, llevada a cabo antes de los tiempos de los siglos, sobre personas que ni querían acercarse a Dios, ni tenían el poder de reconocerse pecadores.

            La creencia de la salvación por obras es típica de nuestra naturaleza humana. Todas las religiones enseñan esto. Decir como por desgracia dicen muchos predicadores, que Dios quiere hacer su parte si tú quieres hacer la tuya, es una lamentable e inexcusable negación del evangelio de Su Gracia. Decir que Dios ayuda a los que se ayudan, es rechazar una de las más preciosas verdades de la Biblia, y es que: Dios ayuda a los que NO pueden ayudarse a sí mismos. Decir que la salvación depende de la acción de la propia voluntad del pecador, es formar el dogma de la salvación por el esfuerzo humano. Si lo analizáis veréis que todo movimiento de la voluntad es una obra: es algo que procede de mí, algo que yo hago. La Biblia dice: “No depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia” (Rm 9.16). Esto nos lleva a una desesperación (¿y eso es malo?), en absoluto, mientras el pecador confíe en sus propias fuerzas (“hoy no, me decidiré por Cristo más adelante, cuando me apetezca”) no caerá en brazos de la misericordia soberana; pero una vez que el Espíritu le convenza de que no hallará ayuda alguna en sí mismo, reconocerá que está perdido, y clamará: “Dios, sé propicio a mí, pecador”.

 

3. Es profundamente humillante para el ser humano.

 

            Hablando francamente, al ser humano caído no le gusta esta doctrina, no nos gusta que Dios esté al control, no nos gusta que Dios tome decisiones por sí mismo, sin consultarnos. Al yo caído le gusta pensar que él está al control, el hombre vive embriagado por la tecnología, por sus avances, le gusta pensar que se hizo a sí mismo, que puede superarse, que es independiente, que nadie le puede influenciar. Las doctrinas de la Gracia soberana, golpean la jactancia humana hasta atontarla, y nos conducen a un espíritu de humildad. Que nuestra salvación es por gracia, mediante la fe, y que nuestras obras, sean buenas o malas no cuentan nada en favor de ganarnos la salvación, es humillante. Nos dice que: “no somos engendrados  de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.

            Pero en cambio todo esto nos lleva a la alabanza a Dios, a decir: “Todas mis fuentes están en ti”(Sal 87.7). Piensa que fuiste hijo de ira, heredero de la condenación, hijo del diablo y enemigo de Dios, y que por la sola voluntad de amor de Dios fuiste trasladado de una justa condenación a Su familia, siendo justificado por la sangre de Su Hijo y santificado por la acción del Espíritu Santo, ¡cómo se ensancha el corazón, cómo se eleva el espíritu, cuanta gratitud hacia Dios al pensar en esto!. Isaac Watts escribió:

 

Por qué, Señor, se me llevó a oír tu dulce voz,

Por qué se me hizo entrar a mí, mientras había lugar

Habiendo miles por doquier que escogen lo peor,

Y antes prefieren sucumbir que en tu mansión posar.

 

Fue el mismo amor que preparó el celestial festín,

Quien dulcemente me tomó y me obligó a entrar;

Pues de otra forma yo jamás hubiese ido allí,

Y en mi pecado y corrupción habría muerto ya.

 

4. Inspira un canto de alabanza.

 

            ¿Por qué yo?. Sin duda hay gente más preparada, gente más abnegada, gente más amable. ¿Qué me diferencia del resto de la humanidad caída?, ¿no somos todos una misma masa de barro?. Si me pongo a pensar, y a pensarlo durante un buen rato, me doy cuenta que en mí no hay nada que me distinga, nada que me haga “merecedor” de Su Gracia. Es más, me doy cuenta del inmenso peligro del que he sido rescatado, Dios me sacó del horno de condenación, y me libró de Él, ¡ni siquiera era consciente del peligro en que estaba!.

            Pero hay más, fue antes de que yo naciera que el Padre me escogió en Cristo, el mundo no había sido creado aún. ¿Por qué tantos favores para una persona como yo?. Mi mente no alcanza a entender, pero mi corazón si puede cantar al Señor por las riquezas de Su Gracia.

 

 

 

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