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Renovarse o morir.

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“Renovarse o morir” es el título de Pablo Wicham Ferrier, al que se le añade un esclarecedor subtítulo: “Pasado, presente y futuro de las Asambleas de Hermanos”. 

Recuerdo asistir hace años a un encendido debate entre ancianos de AAHH (Asambleas de Hermanos) sobre cuáles eran los elementos distintos de las mismas. Una cuestión como esa no debería ser mayor problema en una familia denominacional, sin embargo aquello generó un confuso debate en el que no hubo acuerdo sobre los rasgos comunes de identidad. Para mayor delirio, parte del tiempo se debatió si la letra H de “Asambleas de Hermanos” debería ir en mayúscula o no. Dejaré una pausa para que el lector se recupere de este dato. Curiosidades a parte, las AAHH necesitamos una reflexión como la que nuestro querido Pablo Wickham ha hecho, esta reflexión es necesaria, no sólo porque el número de AAHH en España está retrocediendo, no sólo porque la vitalidad de muchas de ellas está apagándose, sino porque debemos ser fieles al evangelio que hemos recibido de hermanos que han pagado un alto precio personal por llevárnoslo.

La premisa que da pie a este libro es la necesidad de una mayor vitalidad espiritual y crecimiento en estas iglesias que tanto crecieron hace no demasiados años. Creo que todos podemos estar de acuerdo en esto, pero ¿quien se atreve a señalar cuales son los obstáculos en nuestra renovación?. Pablo Wickham se ha atrevido, y sospecho que su reflexión le traerá entusiastas y detractores, es lo que suele ocurrir con las voces proféticas que señalan nuestras vergüenzas. 

El libro resume magistralmente el pasado de las AAHH, aquellas primeras crisis que ayudaron a definir los verdaderos rasgos distintivos, tan fieles a las enseñanzas del Nuevo Testamento, y que permitieron crear congregaciones saludables y misioneras, estos principios figuran en las páginas 42 y ss, tales como:

La centralidad de la Cena del Señor.

La Sola Escritura. 

La iglesia local compuesta sólo de creyentes.

La devoción total a Cristo.

El sacerdocio de todos los creyentes.

La libertad del Espíritu Santo.

El supremo imperativo de la predicación del evangelio y la obra misionera.

La total dependencia de Dios para cubrir todas las necesidades financieras de la Obra.

La esperanza del pronto retorno del Señor. 

Debería haber añadido que estos principios son los de las Asambleas de Hermanos Abiertas, aquellas que tras el debate entre Darby y Muller, pusieron en práctica los saludables principios neotestamentarios, en lugar de buscar la unanimidad en aspectos formales. Además, de manera concisa, enumera los nombres de algunos destacados hermanos cuyas vidas y ministerios fueron de enorme bendición para las iglesias. 

Estamos ante un libro valiente que no duda en cuestionar aspectos que para muchas AAHH son esenciales, como son el dispensacionalismo, el silencio de las hermanas o una visión de la autonomía de las iglesias locales (que se traduce en una ausencia de colaboración entre iglesias). Esto es sumamente peliagudo, para los que nos hemos criado espiritualmente en este contexto denominacional, tomar la distancia suficiente para hacer un análisis crítico es sumamente difícil. Y es difícil porque se mezclan elementos afectivos poderosos, me refiero al profundo respeto que muchos tenemos por siervos de Dios que tanto nos enseñaron. Sin embargo esto no quita un ápice a la necesidad de este análisis.

Algunos de estos temas a los que el autor apunta merecerían un análisis más detallado, algo que no pretende esta obra, y aunque en muchas congregaciones algunos de esos temas no se cuestionan (por ejemplo el velo y el silencio de las hermanas o el dispensacionalismo), en otras sí que se han analizado, e incluso se ha llegado a posiciones distintas a las tradicionales. Pero no nos quedemos en esos aspectos, sino que vayamos más allá de la mano del autor al corazón de nuestro estancamiento, la necesidad de un encuentro personal con Dios mismo para poder llevar a cabo la cooperación entre iglesias y el fortalecimiento de lazos de comunión, el necesario papel de los jóvenes, el evangelismo y las misiones… 

Las palabras anteriores carecen de mérito como resumen del libro, tampoco pretenden serlo. Creo que Wickham hace un trabajo respetuoso con nuestro pasado, recordando nombres no muy conocidos de siervos que redescubrieron verdades fundamentales, y que las pusieron en práctica. Creo que el autor acierta al señalar que los elementos contextuales (como él los llama) han ocupado el lugar de verdades fundamentales. Deberíamos ser capaces de “abrir el melón” de las tradiciones decimonónicas y énfasis que muchos hemos aceptado como válidos, en un debate que: 1) sea respetuoso y equilibrado,  2) no se eternice, llegando a agriarse, y 3) no perdamos de vista los fundamentos espirituales que sustentan toda renovación espiritual. 

La última conferencia toca una renovación necesaria en la función de los ancianos, y en la vida espiritual de los mismos. ¡Otro tema delicado que el autor no evita!. He re leído el libro y reconozco que una de las partes que más me han gustado a sido precisamente esta. Debemos replantearnos qué es ser anciano. Una vez más tenemos que poner el foco en la Palabra de Dios y no tanto en ejemplos cercanos entre los que habrá piadosos ejemplos y en algún caso, excesivo personalismo, autoritarismo e intransigencia. Los ancianos, como los padres de familia, son imitados en sus formas y en sus errores por los que les siguen: hagamos ese análisis crítico a la luz de la Biblia para evitarnos esto.

En estos tiempos en los que echa mano de todo tipo de estrategias, nuevos métodos, Pablo Wickham apunta a sencillas, profundas y poderosas verdades de la Palabra de las que nunca nos debimos haber apartado. Estas verdades son la comunión y vida en santidad, y la visión expansiva del evangelio.

Ahora bien, como congregaciones locales, ¿cómo podemos aprovechar las reflexiones de este libro?. Creo que una tentación es caer en extremos tales como: 1) un negativismo poco provechoso que reniega de nuestra herencia espiritual, eliminando el inmenso tesoro espiritual que hemos recibido de hermanos y  2) quedarnos en los elementos que es necesario desbrozar, ignorando los retos que tenemos que asumir, como la renovación espiritual, la visión evangelística y la incorporación de jóvenes aptos en los ministerios. 

En el aspecto positivo hay retos que debemos asumir. Y es que a la hora de hablar de renovación espiritual no solemos mirar dentro de nosotros mismos. Pero lo cierto es que esos tiempos de refrigerio espiritual comienzan por una renovación personal, en oración privada y santidad. El otro aspecto que debemos asumir como iglesia es que la obediencia salir fuera a llevar el evangelio. Pocas cosas son tan renovadoras como compartir las buenas noticias de salvación. Somos los principales bendecidos al obedecer al llamado de evangelizar porque somos renovados, y porque esto nos previene de los males que derivan de centrarnos en nosotros mismos. 

Quiero pensar que el Autor de la Iglesia haya comenzado ya a obrar en nosotros por libros como el que comento en esta entrada. 

Libros

Ernesto y Gertrudis Trenchard. Reseña de la obra de Tim Grass.

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¿Quienes fueron Ernesto y Gertrudis Trenchard?, ¿cómo fue el trabajo de los misioneros ingleses?, ¿cómo eran las asambleas en los difíciles años del régimen de Franco?, ¿cuales eran sus necesidades?, ¿quienes fueron los obreros nacionales que se fueron añadiendo y cómo creció la obra de Dios en la España nacional católica?.

Siempre he sentido curiosidad por conocer más de aquellos hermanos que nos han precedido y que tanto han hecho en favor de las Asambleas de hermanos. Sin embargo, apenas he podido recoger más que alguna anécdota piadosa. Hace unos años, predicando en un retiro de una asamblea de Madrid, aproveché la pausa de la merienda para acercarme a dos hermanos veteranos y les pregunté si habían conocido a los Trenchard, y qué podían contarme de aquellos tiempos. Escuché con asombro lo que para ellos habían sido esos años de crecimiento y empuje, cómo los jóvenes iban a casa de los Trenchard a comer los Domingos, así como cantidad de detalles que me tuvieron atento y disfrutando de esos tiempos que no viví.

Para mí, que estoy más cerca de los 50 años que de los 40, este libro es un tesoro porque habla de nuestra historia, una historia que desconocemos y al que esta obra hace un justo tributo.

Las biografías misioneras tienen el riesgo reseñar sólo las victorias y triunfos de estos héroes de la fe, ocultando con una amorosa discreción aquellas partes que quizás hacen a estos obreros “demasiado humanos”. Miramos a esos gigantes de la fe con admiración, veneración, y seguramente ajenos a sus luchas reales, flaquezas y errores, también a sus derrotas, porque no debemos olvidar que eran seres humanos. La honestidad con la que el Sr. Grass refleja la vida de los Trenchard, es inspiradora, porque refleja una realidad que es, en muchos sentidos, la misma que vivimos hoy en la obra de Dios, y eso hace que su libro sea no sólo creíble, sino un relato de fe sin exaltaciones ni silencios que distorsionarían la vida de unos siervos que dieron lo mejor de sí mismos, con sus debilidades y enfrentando muchas veces la oposición y las contradicciones con las que nosotros nos vemos desafiados. 

El libro de Tim Grass, editado por el CEFB es un formidable trabajo que rebosa rigor y un concienzudo análisis de las fuentes. Pero no creáis que sólo estamos ante una obra académica, cada página de este libro es fascinante, recorre las vidas de Ernesto y Gertrudis, sus familias, estudios, su llamado a la obra en España, y lo hace de una manera amena. Veremos la España previa a la guerra civil, asistiremos a la creación de FONDEVAN, de la Alianza evangélica en España, escucharemos nombre que nos son conocidos y queridos en las AAHH, Pablo y Catalina Wickham, Pedro Gelabert, Jaime Stunt, Fernando Pujol,y una larga lista de nombres. Creo que estamos ante un libro necesario, porque nos muestra la riqueza de nuestra historia, y nos enfrenta con los errores y énfasis en los que antaño otros cayeron y en los que nosotros podemos caer: el problema de la carnalidad en forma de personalismo y celos, la necesidad de vivir conforme a los principios de iglesias neotestamentarias.

Ernesto Trenchard fue un incansable obrero en la mies del Señor, sus maratonianas jornadas de trabajo, estudio, enseñanza, el cuidado de otros, organización de campamentos, pastoreo hacen que uno entienda por qué su salud comenzaba a resquebrajarse. Me admira comprobar que Trenchard era un erudito, a quien el mismísimo F. F. Bruce estimaba, y eso me hace ver mi necesidad de profundizar en el conocimiento de la Palabra de Dios y en mi comprensión de este mundo y del momento actual. Y es que Ernesto se ocupó de conocer la realidad de España. Conocía a fondo su literatura, lo cual le permitió trabar amistad con un agente de la policía enviado para investigar las actividades de los evangélicos, en esta amistad compartían su amor por la literatura española y con un profundo respeto compartía las enseñanzas de la Biblia, ya que el agente era un devoto católico romano. 

El precio que estos obreros tuvieron que pagar fue elevado. La descripción de los angustiosos momentos  que el matrimonio vivió en Toledo al inicio de la guerra civil así como la miseria de nuestros compatriotas en la posguerra, las dificultades de los hermanos que aun con dos trabajos (los que disponían de empleo) apenas cubrían sus necesidades básicas, la ignorancia de esos primeros conversos sin apenas medios y cómo este matrimonio trabajó incansablemente editando cursos, libros y formando a los que habían de liderar las asambleas, es encomiable. La vida de los Trenchard tampoco fue ajena a las dificultades que sufrieron internamente, estas, obviamente, mucho más dolorosas. 

En lo personal, este libro me ha ayudado en varios aspectos:

  1. Las circunstancias históricas cambian, pero nuestra realidad interior es la misma: las dificultades de la obra pionera, la necesidad de los creyentes de estar bien cimentados en la Palabra de Dios. Pero también nuestros desafíos y miserias son las mismas, y mucho podemos aprender de nuestros mayores para evitar caer en los personalismos y tradiciones no bíblicas que tantas trabas ponen al crecimiento y expansión de las iglesias.
  2. Mis ancianos me enseñaron que la Palabra de Dios no sólo es inerrante e inspirada, sino esencial para vivir vidas de santidad y para edificarnos saludablemente. Todos los esfuerzos para crecer en el conocimiento de Dios conforme a Su Palabra, nunca son suficientes.
  3. El movimiento de las AAHH descubrió las verdades neotestamentarias en cuanto a la iglesia, el sacerdocio de los creyentes, la Santa Cena, etc… hoy en día aparecen nuevos paradigmas para el crecimiento de iglesias, pero el plan de Dios es uno sólo: la iglesia local. Todas estas modas pasarán, ¡pero la iglesia permanecerá!.
  4. Sólo tenemos una vida, ¡y hay tanto por hacer!. Me emociono al leer todo lo que estos hermanos hicieron en favor del Reino de Dios, su incansable trabajo, estudio y servicio. ¡Sin duda no ha sido en vano!, frente a este mundo que busca la felicidad en el egoísmo y está cada vez más deprimido, podemos comprobar que la verdadera felicidad se encuentra en estar completamente rendido a la causa de Dios.
  5. La curiosidad y el hambre intelectual no están en absoluto reñidos con la verdadera espiritualidad. 
  6. El evangelismo implica conocer al receptor del mensaje. No se trata de adulterar el evangelio, sino de comunicarlo de manera más efectiva, Trenchard sabía muy bien cómo hilar un mensaje evangelístico para presentar el evangelio. 
  7. Muchos hermanos que se congregan en AAHH ignoran su historia. Quizás por un sentido de humildad, no hemos querido exaltar al movimiento de los hermanos para no restar protagonismo al Dios de la obra. Con todo, creo que las nuevas generaciones hacen bien en sentir interés en conocer cómo la obra de Dios ha llegado hasta ellos, y cuánto podemos aprender de los gigantes sobre cuyos hombros estamos sentados. 

“Ernesto y Gertrudis Trenchard. La enseñanza que permanece”. Editorial: CEFB. Autor: Tim Grass. 254 págs. Disponible en: https://www.libreriacristianaelrenuevo.es/

Julio Martínez

Iglesia cristiana evangélica en Suanzes, Madrid. 

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El poder de nuestras palabras

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La lengua, nuestras palabras tienen un inmenso poder de destrucción, o de bendición. ¿Cómo usarla correctamente?.

Audio Estudios

Taller sobre Redes Sociales y evangelismo

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Os comparto el taller que di el pasado 2 de Marzo en la iglesia Vida Abundante en Sevilla con el tema “Evangelismo y Redes Sociales” donde explico mi visión de la situación de la red, oportunidades, recursos y estrategias para hacer uso de las RRSS, dar visibilidad a tu iglesia, ofrecer los recursos de la congregación y contactar con personas.