Leyes de misericordia

“Bienaventurado el que piensa en el pobre; En el día malo lo librará Jehová”. Sal 41.1.

En nuestra sociedad occidental, con lujos que para otros son inimaginables (como agua potable, electricidad, sanidad, o tres comidas al día), estamos obsesionados con la seguridad. Tenemos temor del futuro y del sufrimiento.
Para ello tenemos productos que podemos comprar y que nos ofrecen seguridad, desde planes de ahorro, planes de pensiones, inversiones “garantizadas”, seguros de todo tipo. Lo cierto es que nada nos puede dar seguridad. En este mundo convulso, sólo la mano invisible de Dios pone orden y lleva a cabo Su voluntad.
Pero Él nos ha dado leyes y promesas para que las entendamos y vivamos por ellas. Una de estas leyes es: la ley de siembra (Gal 6.7) y las leyes de misericordia (Pr 19.17 “a Jehová presta el que da al pobre”).
La Biblia nos enseña que Dios es el padre de los huérfanos y las viudas (Sal 68.5), es decir, aquellos que están totalmente desprotegidos (en el mundo antiguo no había pensiones de viudedad ni de orfandad) Dios se hacía cargo de ellos. Por lo tanto Dios consideraba que si alguien les hacía algún bien a estos que nada podían hacer por devolver el favor, era Dios mismo Quien personalmente se ocupaba de devolver esa misericodia.
Esto concuerda plenamente con la enseñanza de nuestro amado Señor Jesucristo, Quien dijo que cuando demos limosna lo hagamos con tal discreción que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace nuestra mano derecha (Mt 6:3). De esa manera, esa ofrenda, ignorada por los hombres, pero conocida por Dios, es recompensada justo en el momento de mayor vulnerabilidad. Es una promesa: “en el día malo, lo librará Jehová”.

Relaciones restauradas

Nuestra relación con Dios es más importante de lo que parece, tiene consecuencias porque nos separa de Él, y nos separa de nuestros semejantes. Dos relaciones rotas por nuestra desconfianza de nuestro Creador: nuestra relación con Dios, y nuestra relación con otras personas. ¿Cómo pueden ser restauradas?, sólo Jesús tiene el poder para volver a restaurar nuestra conexión con otros, y para que podamos amar a nuestros semejantes.

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¿Qué vas a hacer este verano?

Un verano para consagrarte a leer la Biblia.

Dime, ¿qué vas a hacer este verano que tenga algún valor?. ¿Vas a ver películas, nadar, pasear?, pero ¿qué vas a hacer
de provecho para tu alma?. ¿Cuanto vas a ganar de Dios?, ¿cuanto vas a progresar en el conocimiento del Único Ser que
vale la pena conocer por encima de todos los demás?.

La Biblia es el tesoro de la humanidad, es el libro más valioso, allí están los pensamientos de Dios. ¿La atesoras?.

Vienen las vacaciones de verano, tendrás tiempo de sobra, ¿lo aprovecharás?. ¿Tienes ya un plan?, ¿sabes cuantos capítulos
y libros vas a leer?, ¿sabes qué vas a memorizar?. Tu tiempo es también un regalo, y será de un eterno provecho si lo
dedicas a las cosas sagradas, al libro que habla de Dios, y el libro en el que Dios habla?. Trae tu corazón y tu alma
delante de Él y déjate empapar de sus historias, de sus discursos, de sus proverbios, sus oraciones. Déjate cautivar por
las luchas de los santos de Dios, de las derrotas de aquellos santos hombres y mujeres, de sus victorias. Observa como
toda la Biblia conduce al punto culminante y glorioso en el que El Hijo de Dios es presentado, nadie como Él, acompaña
a sus discípulos en aquellos tres años y medio, mira las señales que hace, oye las palabras que dice. Obsérvalo en el
huerto luchar por cumplir la voluntad del Padre en la cruz. ¡Eres una persona más que afortunada!, tienes una Biblia
completa y puedes conocer bien aquellas cosas que los ángeles han mirado con deleite a través de los siglos.

Vuelvo a mi pregunta anterior, ¿tienes un plan?, ¿tienes un cuaderno?. Toma nota de todo, escribe qué libros quieres leer,
toma nota de las metas que deseas alcanzar, he aquí algunas ideas:

-leer el Nuevo Testamento completo.
-leer y releer durante todo el mes, además de tu lectura habitual, un libro o carta. Para que releyéndolo, puedas entrar
en el pensamiento de Dios en ese libro.
-memorizar secciones completas de la Biblia.
-escribir tus oraciones a Dios, tus observaciones de lo que lees, los versículos por los que Dios te ha hablado.

Ora a Dios que Él te lleve a un conocimiento más exacto de Él, a una fe más genuina, a una obediencia más perfecta, a un
amor más sincero. Que cuando un día te presentes ante el Juez y te pregunta qué hiciste con tu tiempo en la tierra, le
respondas: no dejé de buscarte un sólo día de mi vida.

La voz del Amado

¡La voz de mi amado! He aquí él viene Saltando sobre los montes, Brincando sobre los collados. (‭Cantares‬ ‭2‬:‭8‬ RVR1960)

Todo hijo de Dios ha sido salvado en esperanza, la feliz esperanza de encontrarse con su Amado Salvador. Un día bien cercano oiremos su voz llamándonos a su encuentro. Ese día parecerá que soñamos, de pura felicidad. El nos conducirá a la conclusión de todas las cosas, al cumplimiento de cada propósito divino en El. Una boda, un banquete, un Reino inconmovible. Eso nos espera. Anhelamos oir esa voz.

Perdiendo lo central de nuestra fe

El mundo cristiano está sujeto no sólo a falsas doctrinas, sino a la perversa y carnal práctica del culto a la personalidad, esa enseñanza que quita a Cristo Jesús del centro de nuestra vida y fe, y en su lugar pone a un pastor o a uno de esos falsos apóstoles.

Pero también hay otro peligro, y es que en nuestra predicación, desconectemos las verdades que exponemos de la centralidad de Jesucristo, y nos convirtamos en moralistas, predicadores de ética, religiosos, en lugar de testigos de Jesucristo. Por supuesto, debemos enseñar todo el consejo de Dios, pero debemos tener presente que toda enseñanza de la Palabra conecta con la persona y la obra de Jesucristo.

Y ahora piensa, ¿cómo llevas a la práctica esto en tu testimonio personal?, por ejemplo, cuando le hablas a un amigo no creyente, ¿estás presentándole a Jesucristo, o estás “vendiéndole” lo estupenda que es tu iglesia local?, ¿estás hablando de los evangélicos o estás presentando el evangelio?.

Quizás parezca una cuestión de matices, pero en realidad no lo es, es una cuestión de fondo, del eje sobre el que orbita nuestra fe, que mueve nuestro testimonio.

¿Qué es ser humano?

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. (‭Colosenses‬ ‭1‬:‭16‬ RVR1960)

Colosenses 1 habla de la primacía de Cristo sobre todas las cosas. Jesus es el origen y el destinatario de todo, a Él le pertenecen, el sentido y el propósito de todo es Jesus.

A menudo las películas y libros se plantean una cuestión aparentemente sin respuesta: ¿cual es el sentido de la vida?. En un programa de radio decían que esa era una pregunta absurda, que el sentido de una flor, era ser flor, por lo tanto el destino de un hombre, es ser un hombre, nada mas. Pero, ¿qué es ser un ser humano, en que consiste?.

Nuestro texto nos da respuesta: el propósito de ser un hombre es conocer a Dios, tener relación con El, adorarle como nuestro Dios, y que Él sea el centro de todo. Cuando Dios no es el centro y el fin del ser humano nada tiene sentido, cuando Dios es el centro del ser humano, el ser humano es entonces verdaderamente humano.

Y dejadme decir algo mas, cuando Dios es el todo del ser humano, es cuando mas feliz es el ser humano, mas completo, más gozoso, y mejor ser humano es.

Poder para adaptarnos

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Fil 4.11 y ss

Lo que más nos cuesta a los seres humanos es adaptarnos a las circunstancias que cambian. Los cambios, para muchos de nosotros, suponen un transtorno, nos hacen temerosos, vulnerables, irritables.
El apóstol Pablo vivía en continuos cambios, además, cambios muy extremos que lo llevaban de la abundancia al hambre, él comparte con nosotros una lección: Cristo le había dado poder para adaptarse y estar satisfecho en medio de cualquier situación, le había dado la capacidad de disfrutar de la situación en la que estaba.

¿Cual es el secreto?, apoyarnos en Aquel que vivió a merced de la voluntad del Padre, confiar en el que dejó la Gloria del Cielo por la miseria de Nazaret, del que abandonó la gozosa compañía del Padre, por la cuadrilla de pecadores que sorteaban sus ropas a los pies de su cruz. Sólo la íntima comunión con Él nos puede dar paz en medio de los cambios, contentamiento en medio de una economía cambiante, gozo a pesar de la pédida.