Notas personales de 1ª de Juan 1

El Miércoles pasado en la célula a la que pertenezco animé a los hermanos a usar Youversion, le mejor app de Biblia para smartphones, y les animé a escribir sus reflexiones sobre la 1ª carta de Juan, ya que en la iglesia la estamos leyendo y siguiendo los consejos de uno de nuestros pastores, deberíamos leerla varias veces para así aprovechar mejor los estudios. Estas son unas notas que he escrito tras varias lecturas de 1ª de Juan cap 1.

No podemos separar nuestra manera de vivir de nuestra fe. La salvación que el Señor Jesús llevó a cabo es completa, no sólo afecta a nuestro destino eterno sino a nuestro andar diario, nuestra forma de tratar a otros, de manejar el dinero y el tiempo, nuestra sensibilidad hacia el pecado, nuestras prioridades.
Si leemos con cuidado 1a de Juan veremos que se repite mucho la expresión “si decimos que” o “si alguien dice”, sin duda había muchos afirmando ser creyentes sin serlo, afirmando ser hijos de Dios contra toda evidencia, ya que sus vidas en nada se diferenciaban de aquellos que no lo eran.
Si alguien usa la doctrina de la seguridad de la salvación como una excusa para justificar una vida descuidada esa persona se ha puesto a sí misma en una gran peligro espiritual, ignora su condición y se auto engaña. Una de las evidencias del nuevo nacimiento es una gran sensibilidad al pecado personal y un deseo de agradar a Aquel que lo salvó.
Un saludo a la iglesia en Suanzes y a la célula INEM que se está animando a usar esta aplicación para compartir nuestros estudios de las cartas de Juan.

Todo me va mal, ¿Dios me está castigando?

A menudo recibo correos de personas, creyentes y no creyentes con consultas sobre su vida, ¿por qué todo me va mal?, ¿acaso Dios me está castigando por mis errores?, ¿es que la oración no tiene poder?.

A continuación os adjunto la respuesta a un lector de esta página (omito el nombre para salvaguardar su identidad y confidencialidad):

Estimado XXXXXXXX,

en primer lugar pedirle disculpas por mi imperdonable retraso en responder a su correo.

Entiendo su preocupación. Por desgracia muchos creyentes están más cerca de la superstición que de la fe, pensando en castigos divinos por cada pequeño o gran error de nuestras vidas, cuando lo cierto es que, si bien Dios puede corregirnos y disciplinarnos, no todo lo que nos ocurre es fruto de algún tipo de venganza divina.

El propósito de Dios para su vida es que le conozca, a Él, no a una religión de hombres, sino que sepa Quien es Jesucristo y los motivos que Él tenía para visitar este mundo, que sepa cómo es Él, y que desea relacionarse con usted.

Más allá de su prosperidad personal, e incluso su salud, Dios está empeñado en proporcionarle bendiciones que son eternas, bendiciones que pueden disfrutarse en esta vida, y más allá de esta vida. Esto pasa por hacerse las preguntas adecuadas y por buscar a Dios, tal como se ha revelado a nosotros, en la persona de Jesucristo. Esto va más allá de una religión, es una relación personal de confianza, conocimiento, amor y dependencia.

Le recomiendo que escuche esta charla en mp3, creo que le hará mucho bien:

http://www.estudios-biblicos.org/?p=578

Estoy a su disposición, cuente conmigo,

Julio Martínez

 

¿Dónde estás tú?

perdidoHay muchas y muy importantes preguntas que podríamos hacernos, pero la más importante es la que Dios nos hace a cada uno de nosotros: ¿Dónde estás tú?. Esa fue la pregunta que Dios le hizo al primer ser humano, justo cuando se había alejado de Él, perdiendo el sentido y la identidad que antaño disfrutaba.

¿Dónde estás tú?, eso es lo que Dios te está preguntando ahora mismo, los ecos de esa primera pregunta aun resuenan en nuestros oídos esperando una respuesta.

Asistencia ciudadana

El viernes pasado nos habíamos tomado la tarde libre. Mi esposa llevaba 4 años preparando unas oposiciones y había decidido descansar la tarde antes para tener la mente despejada (¡no se puede decir que es un gran descanso!!). Habíamos ido a comer al centro, a la zona de Ópera y nos dirigíamos a casa, a tomar el coche para ir a comprar las latas de refrescos para la el aperitivo después de la reunión del Domingo.

Nuestra alcaldesa, a modo de despedida decidió quitar las paradas de autobús, que están en perfecto estado, sustituyéndolas por otras nuevas (alguien ha debido salir beneficiado), la parada en la que estábamos seguía en obras, y un señor de 80 años al bajar del autobús se cayó de frente, golpeándose en la ceja. Lo levantamos y lo sentamos. La herida le dejó de sangrar. Decidimos acompañarle hasta que se recuperara, así que perdimos el autobús. El señor nos contó que había sido policía toda su vida:

-En fin, me he pasado la vida haciendo lo que ustedes esta tarde, alguna vez me tenía que tocar estar al otro lado.

Cuando decidió que estaba mejor se puso de pie, y a los dos pasos vi que estaba mareándose, así que antes de que cayera lo agarré y lo tumbamos, poniéndole las piernas en alto. Era el momento de llamar a la ambulancia. Mi esposa, siguiendo años de hábitos profesionales, le tomó el pulso y le preguntó si tomaba alguna medicación.

Mientras venía la ambulancia ví que el hombro hacía el gesto de dar arcadas, así que lo pusimos de lado y vomitó varias veces. No sé por qué pero mientras el pobre hombre devolvía le sostenía la frente, quizás porque cuando yo era pequeño y mi madre me ponía la mano en la frente me sentía muy aliviado. Fue algo instintivo, aprendido de mi madre por la experiencia. Ojalá ese gesto le aliviara tanto como mi madre me ayudaba cuando estaba enfermo.

Y en ese momento vi que el ex agente de policía de 80 años, vestido con un traje azul y corbata, era un hombre que seguramente vivía solo y sin ayuda, sus pantalones tenían zonas rotas, sin coser, desgastadas de hace tiempo. Me dio una pena enorme.

Nuestra condición moral no es mejor delante de Dios. Estamos enfermos por el pecado, desorientados, y profundamente necesitados. La religión puede provocar cierto alivio, al menos al principio, pero lo que necesitamos es una completa sanidad, moral y espiritual. Eso es lo que Cristo Jesús ha hecho por nosotros, auxiliarnos, sanarnos, darnos vida, justo cuando estábamos en nuestra peor condición, en el punto más profundo de nuestra miseria.

No hay mayor historia de amor, ni ejemplo más completo de ayuda desinteresada que Cristo Jesús, ofreciendo su vida para que nosotros, enfermos desahuciados, pudiéramos tener vida.

Un poco de humor es bueno

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Ahora estoy muy centrado en Tiempo de Valientes, un grupo de jóvenes de distintas iglesias. Cuando uno organiza algo es muy difícil motivar a que los jóvenes asistan, quizás un toque de humor puede ayudar. El “Meme” es para una salida de senderismo a una ruta en La Pedriza, en la Comunidad de Madrid.

En el contexto en el que vivimos, con unos medios de comunicación que han hecho que la capacidad de atención disminuya a niveles alarmantes, y con los hábitos de lectura por los sueles, tenemos que ser especialmente cuidadosos por ser fieles al mensaje del evangelio, sin que la pureza sea sinónimo de negligencia a la hora de comunicar con habilidad el mensaje. Alguien dijo que tenemos el mejor mensaje del mundo, pero que los cristianos no somos los mejores “comunicadores”.

Que nadie se escandalice: estamos comunicando algo muy importante, ¿es eso una excusa para descuidarnos o para pensar que es más espiritual no prestar atención a la hora de exponer el evangelio?. Ojo, no creo que en los excesos, frivolidades, o entretenimientos que licúan la Palabra, creo en la EXCELENCIA, y esa excelencia puede incluir el uso del humor de manera controlada.

 

Una fe que prevalece

El mensaje a la iglesia en Filadelfia nos da las claves para cuidar de nuestra fe para que tengamos una vida espiritual firme y saludable. ¿En qué está basada tu fe, en el Dios de la Biblia o en un dios superficial que consigue deseos?. En el mensaje a Filadelfia vemos cómo el Señor Jesús se presenta a sí mismo, para que así los creyentes puedan conocerlo mejor y relacionarse con Él. También se nos habla de la esperanza que alimenta nuestra fe: la seguridad de que el Señor Jesús volverá por segunda vez, ¿alimentas esa esperanza con esa certeza?.

Si deseas leer las notas de este estudio puedes consultarlas y descargarlas en formato PDF.

Puedes escuchar el audio del mensaje usando el reproductor más abajo:

Somos frágiles

 

Urgencias  photo 20140907_230705_zpshijd8okf.jpg
Son las ocho. Ha sido un intenso día de iglesia, la reunión de la mañana, yo tengo una comida con amigos de la misma iglesia, mientras mi esposa tiene una larga reunión de trabajo con el equipo de profesores de Escuela Dominical. Terminamos a las seis de la tarde y llevamos en el coche a algunos profes a sus destinos, una vez en casa nos duchamos y nos preparamos para descansar.

Entonces suena el teléfono. Es mi cuñada Rosa. Mi hermano Jorge ha sufrido un accidente doméstico. No vio que la puerta de cristal de la terraza estaba cerrada y la atravesó rompiendo el cristal, tiene un enorme y feo corte en la pierna derecha, es profundo, parte del músculo también ha sido cortado. Tuvieron que aplicarle un torniquete y poner toallas sobre la herida, mientras una ambulancia del 112 venía a darle los cuidados básicos. Una vecina entretuvo a los niños en la otra parte de la casa, mientras la otra era una especie de boudeville con policías nacionales, sanitarios y equipo médico.

Vamos al hospital, son las once de la noche. Allí está, mi cuñada, en la zona de urgencias, mi hermano está estabilizado y esperando que lo metan en quirófano, aun no pueden porque poco antes del accidente se comió un enorme sandwich (y como él confesó más tarde, un plato de macarrones). Entro a verlo, está en una cama, incorporado y muy tranquilo, ya no tiene dolor. Me describe con todo lujo de detalles innecesarios cómo fue su todo y cómo pudo verse el hueso de su pierna. Esa es, amigos míos, la marca de la familia ¡nos encantan los detalles macabros!.

-Cuando partí la puerta de cristal me quedé mirando la herida, pero seguían cayendo enormes pedazos de cristal encima mía, Rosa -su esposa- estaba detrás y me dió un empujón… creo que me salvó la vida.

Mi hermano hace una emotiva pausa.

-Somos más frágiles de lo que parece. Esa noche pasaron muchas cosas más, mi hermano entró en quirófano, no sin antes hacer chistes con el anestesista. Recuerdo esa mirada entre su esposa y él al salir de la operación. Mientras volvíamos a casa, yo seguía recordando esas palabras: somos más frágiles de lo que parece.

Pero no lo vemos así, ¡nos sentimos invulnerables!, tomamos decisiones temerarias, asumimos peligros irracionales, nuestro exceso de seguridad se torna en soberbia a menudo. Nos creemos eternos, pero no lo somos, somos frágiles, sí, y también efímeros, nuestra vida es corta, apenas nos da tiempo a aprender mucho, somos frágiles. Ser consciente de ello es ser saludable realismo. Ser conscientes de esto debería movernos a ser humildes, y reconocer que no somos dioses. Nuestra vulnerabilidad va más allá de lo físico y se extiende a lo moral, a nuestra voluntad débil, y nuestros valores torcidos. Nos creemos nobles y generosos, no lo somos. Y si nos comparamos con las perfectas leyes de Dios nuestra debilidad se muestra enfermiza.

Existe un Dios que es invulnerable, pero que se ha hecho vulnerable por nosotros, para que nosotros podamos disfrutar de la inmortalidad. Jesús en la Cruz sufrió la debilidad y el castigo por nuestras debilidades morales, para que nosotros, por medio de la confianza en Él, seamos disfrutemos del perdón y la paz que nuestra frágil naturaleza no puede ganar.

Mirar hacia el otro lado

 photo 20140901_150959_zpsklhmabcs.jpgA ver, que no estoy tan mal. Tengo que guardar reposo y me estoy recuperando de una tonta y vergonzosa caída. Puedo apoyar algo el pie, y tengo algunas molestias, pero más vale que me tome en serio la recuperación, o tendré lesión para largo.

Un buen amigo y hermano en la fe me prestó unas muletas, algo fundamental, de lo contrario mis paseos al metro serían una agonía, ya que al no apoyar bien el pie, apoyo partes del pie que se terminan agotando, y los músculos que no están diseñados para sostener todo el pie se acalambran con el esfuerzo.

Lo interesante son las cosas que estoy aprendiendo de ir por la vida con muletas:

1. Andar con muletas es un arte. Vale la pena fijarte bien en cómo colocar el peso, coordinar el paso, mantener el ritmo.
2. Caminar con muletas es un ejercicio intenso. Me pongo a sudar como un pollo, noto el agotamiento en los músculos, tríceps, pectorales, antebrazos….. ¡me voy a poner hecho un toro!.
3. Cómprate unos guantes. Fui a El Corte Inglés y me compré por 9,95 Eur unos guantes de ciclismo de buena calidad, con almohadillas en las zonas que entrar en contacto con la agarradera de las muletas.
4. Cuando vas con muletas te vuelves invisible. Para la gente que camina por la calle eres un obstáculo, una especie de molestia que detiene su velocidad, para la gente que va en el metro eres un ser invisible. A esto le quiero dedicar un tiempo.

Las crónicas del hombre invisible.
 photo 20140902_091200_zpsnfnorq5j.jpgComo he dicho no estoy mal, podría estar de pie en el viaje en Metro, es más molesto que para una persona normal, me canso antes, pero nada que sea insoportable. No obstante mi aspecto con mis muletas es el de alguien en peores condiciones.

Hoy entré el el vagón y todos los asientos estaban ocupados. Quise irme al fondo, un sitio discreto (y cómodo, porque puedes apoyar la espalda en la pared) pero ya había personas leyendo. Así que me quedé en el centro, donde está la barra horizontal y comencé a notar como todos los que estaban sentados, de manera sincronizada, desviaban la mirada.

En el Metro hay sitios habilitados para embarazadas y para falsos cojos, como yo, es por eso que otros miraban fijamente a los que con toda tranquilidad ocupaban esa plazas sagradas. Tras unos segundos de desconcierto, y con mis muletas señalando sus conciencias, una mujer de otra fila más distante de asientos me cedió su sitio. Yo no sabía qué decir:

-Le agradezco mucho su gesto, en realidad me hice daño jugando al láser combat en la Campus Mac, no es tan grave como parece.

NO, no podía decir eso.

-¡Escuchad conciencias culpables!, ¡mirad el ejemplo de esta noble mujer de Hispania, cediendo un sitio que por derecho era suyo para que yo, pobre tullido, lo ocupe!, ¡escuchad, vosotros que con vuestras nalgas mancilláis ese lugar consagrado a matronas, venerables ancianos, o míseros como yo!, ¿acaso no os da vergüenza robar al menesteroso?, ¡yo os acuso, gentes ruines y mezquinas que no merecéis el nombre de humanos!, vosotros que….

NO, tampoco podía decir eso.

Esta es la triste historia de la humanidad. Es más fácil mirar para otro lado, que ceder tu lugar al que lo necesita. Espero que cuando me libre de mis muletas no olvide la lección.

Pienso en el Señor Jesús, Él no miró al otro lado al ver un mundo hecho pedazos por la maldad y la injusticia. Él se presentó voluntario, dijo “envíame a mí”. Se levantó de su sitio y se acercó a nosotros, y cargó con nuestro problema.

Hizo mucho más que “ceder” un sitio”, Él sufrió en la cruz el castigo por nuestro pecado, para que nosotros, libres de nuestra sentencia condenatoria, pudiéramos ocupar una plaza en primera clase. Esa primera clase que es un lugar cerca de la fuente del Gozo y la alegría verdadera: Dios.

Mi vida como ex miembro de una secta

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Los ex sectarios, como todos los adictos, viven existencias bastante solitarias. Nadie es capaz de entender al ex miembro de una secta, excepto otra persona en la misma situación. Cuando sales de una secta te das cuenta de que ya no puedes volver a la vida que tenías antes, diversiones, deportes, fiestas, etc…. no tendrán la misma importancia, porque están marcadas por la intrascendencia. No hay nadie con quien hablar de los temas que realmente te inquietan, Dios, Sus planes, el futuro de la historia, el mundo espiritual, los propósitos de la providencia. Si intentas hablar con alguien de esos temas en el mejor de los casos recibirás miradas de extrañeza, o en el peor de los casos te encontrarás con un coro de risas.

Así era mi vida.

Recuerdo a uno de mis hermanos, quien con bastante atino me dijo al ver que seguía devorando revistas de la secta, así como libros: “dijiste que habías salido de la secta, pero la secta no había salido de tí”.

Cada vez que en la TV alguien hablaba de la Biblia yo daba un salto e iba al salón a ver qué decían, si encontraba tirado en el sueño una revista o un folleto de la secta lo recogía, sacudía la suciedad y lo aplanaba, llevándome esa pieza de literatura para leerla con devoción. Me guardaba mis pensamientos para mí mismo, ya que sabía que nadie entendería mis pensamientos. ¿Y qué hay de los evangélicos? algunos ven a los ex sectarios como bombas de relojería a punto de explotar, una especie de peligro latente, una pérdida de tiempo y una amenaza, porque, por lo general, el ex sectario dispone de la misma batería de argumentos que el sectario en armas, por lo tanto es difícil debatir con él si no estás suficientemente preparado.

Salía de fiesta con mis amigos, pero no encontraba la más mínima diversión. Me resultaban patéticas las borracheras o los excesos nocturnos. Mi concepto de la vida, la familia, iba contra corriente, pero estaba fuera de la comunidad, era un parias para ambos grupos.

No hay salida de esa situación de no ser por el pastoreo diligente, por el estudio de la Biblia, y por medio de una comunidad cristiana que te pueda acoger. Mi entrada en el mundo “evangélico” fue muy lenta, temerosa,  y paulatina. Ya me había estrellado antes, así que fui con mucho cuidado, no fuera a ser que esas personas fueran más de lo mismo. Diría que mi “reinserción” duró al menos dos años. Dos años con pasos atrás y pasos adelante. Con muchas luchas y momentos de confusión. Un par de veces volví a aparecer por los locales de la secta, para luego darme cuenta que mi lugar tampoco estaba allí.

Y desde entonces hasta ahora puedo decir que por la Gracia de Dios son casi 24 años que estoy en el Evangelio, no con ataduras humanas, ni con lazos religiosos de la manipulación, sino con la certeza de que el Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gal 2.20).

Quizás alguno piense que salí de una secta para entrar en otra. Recuerdo un compañero con el que entrenaba cuya definición de secta era: “gente que se reúnen para cantar y leer un libro”. A menudo esas distinciones superficiales no tienen clara cual es la diferencia entre una secta y un grupo religioso. Es lo que ocurre con el pensamiento simplista. Para la secta es más importante la supervivencia de su grupo. Para una iglesia saludable lo más importante es la persona y su relación con Dios. Estos últimos se alegrarán del bien de la persona y de la salud de su vida espiritual, aunque la comunidad salga perdiendo.

La pregunta es, ¿dónde está tu fe?, ¿está en Dios o en un grupo concreto?,  ¿defiendes a ultranza a tu grupo religioso y disimulas sus errores?, ¿sientes que tu comunidad es superior a otras personas?, ¿tienes deseos de venganza hacia aquellos que hacen daño a la reputación de tu grupo, te alegras cuando estos terminan sufriendo?.

Otra pregunta, ¿cual es tu orden de prioridades?, un veterano cristiano me dijo que el orden Bíblico es: Dios, en segundo lugar tu familia, y en tercer lugar tu iglesia local. Esta es una distinción importante, tu relación con Dios va antes que todo, Él es Dios, pero tu familia está por delante de la comunidad, la Biblia es MUY clara en eso. En las sectas una de las primeras cosas que te enseñan es: la secta por delante de la familia. Siempre.

Mi orden está claro. Mi fe está puesta en el Dios vivo, el Dios de la Biblia, el Dios que ama y envía a Su Hijo para reconciliarme con Él mismo. Si me señalan los muchos fallos de mi comunidad reaccionaré con la misma franqueza que si me señalan los muchos fallos de mi persona, no pretendo ser yo la verdad, tampoco mi grupo religioso pretende ser la verdad, Él, Jesús mismo es la verdad (Jn 14.6).

¿Es mejor una iglesia grande?

Como he comentado en alguna ocasión estamos inmersos en un proceso de unir dos congregaciones. Algo ilusionante, pero también un desafío que requiere lo mejor de nosotros. Es, en cierto sentido, lo más parecido a casarse, implica conocerse, ser flexible. El éxito de este camino está garantizado si ambos tenemos la misma meta, y eso es un hecho, somos iglesias con la misma meta en el corazón.

 ¿Es mejor una iglesia grande, o una iglesia pequeña?. Esta es una de las preguntas que en mi contexto denominacional nos hemos estado haciendo durante mucho tiempo. La cuestión es ¿qué es una iglesia grande?, porque lo que en España consideramos una iglesia grande, quizás en Brasil o en Ecuador se considera una congregación pequeña. Personalmente creo que una iglesia se vuelve demasiado grande cuando pierden la visión, dejan de predicar la sana Palabra de Dios, de pastorear y cuidar a los hermanos, de salir con el evangelio de salvación, de dar culto a Dios.

Nuestro lema es: No una iglesia grande, sino una iglesia eficaz. Eso es lo que deseamos, ser más eficaces a nivel ministerial, fortaleciendo ministerios que no podían salir adelante porque los hermanos están ocupando en varias cosas. Buscamos la excelencia, al procurar servir en aquello en lo que hemos sido mejor dotados por el Espíritu Santo. En congregaciones reducidas tenemos a hermanos dando clases de Escuela Dominical, ayudando en tareas de mantenimiento, haciendo de chófer, organizando campamentos, y cuidando células de matrimonios adultos (por poner un ejémplo) quizás hagan todas esas tareas bien, pero el tiempo que les exige quizás no les permite hacer con excelencia algo tan crucial como prepararse una clase de Escuela Dominical.

Los riesgos siguen siendo los mismos: correr de una actividad a otra. Cuando lo necesario es: hacer menos, orar más, pensar más, obrar con sabiduría, escuchar a hermanos que tienen que aportar. Una iglesia de mayor tamaño requiere más y mejor planificación a los responsables, y debemos evitar enredarnos en los detalles que nos hagan olvidar la perspectiva global. Es fundamental crear buenos equipos, formados por siervos, y por personas con carga en ese ministerio. Los  equipos, tal como el apóstol Pablo los concebía nos permiten liberarnos y ser más eficaces.

Y más allá de teorizar (antes de que penséis que soy una especie de experto) os comento que ya nos estamos reuniendo en el mismo local, en Calle Ricardo Ortiz 78, Madrid. Como pastor que vive con temores (siempre me pongo a pensar en las peores situaciones) estoy muy agradecido al Señor por la actitud de los hermanos, su entusiasmo, su responsabilidad, deseos de trabajar. Mil cosas pueden salir mal en un proceso así que está formado por seres humanos caídos, y en todo estamos viendo la mano del Señor. Eso me hace sentir muy pequeño (¡y muy feliz!).