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El hombre en busca de sentido

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La segunda guerra mundial dejó algunas de las atrocidades más grotescas y crueles de nuestra historia, entre ellas, los campos de exterminio.

El psiquiatra Victor Frankl sufrió lo peor del régimen nazi desde los campos de exterminio, su experiencia le llevó a desarrollar una filosofía vital que hoy sigue estando tan vigente como el primer día. En este podcast hablamos de su libro más conocido: “El hombre en busca de sentido”.Este podcast forma parte originalmente de mi blog tecnológico, que hoy ha tenido este toque histórico y de reflexión.

Jóvenes

Pero…. ¿qué has visto en la iglesia para volver a ella?

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Una tarde de Sábado cualquiera. Un buen grupo de jóvenes escuchando un mensaje de la Palabra de Dios y un testimonio del poder transformador de Jesucristo. El predicador, un joven que pasó toda su juventud en la iglesia. Se apartó del Señor y de su iglesia, tocando fondo, pero el Señor tuvo un encuentro con él, lo restauró, y lo llevó a la iglesia de la que también se había alejado, lo que hace años le aburría, ahora le llenaba de gozo, lo que le asfixiaba, ahora era una fuente de vida.

Entre el público había una chica lo suficientemente valiente como para preguntar lo que quizás muchos no se atrevían a decir en voz alta. Ella comprendía eso de tener un encuentro con el Señor, pero lo que no le cabía en la cabeza era volver a la iglesia.

-Lo que no entiendo- preguntó- es ¿por qué volviste a la iglesia?.

El jóven predicador explicó que primero tuvo un encuentro con el Señor, y después pudo disfrutar de la vida de iglesia.

-Ya, pero… sigo sin entenderlo, ¿qué es lo que viste en la iglesia para quisieras volver a ella?.

Ante esa pregunta yo me quedé atónito. Entiendo perfectamente la pregunta. Tanto o más que ella. ¿Qué tiene que ofrecer la iglesia?, ¿largas oraciones, cultos interminables, censuras contínuas, actitudes poco cristianas de parte de algunos?.

Si te estás haciendo esa pregunta, hay varias cosas que debieras tener en cuenta.

1. Tu problema no es con la iglesia, es con Dios. Eso es lo primero que debes de arreglar. Le has dado la espalda a Dios y necesitas volver a casa, reconocer lo que has hecho, y hacer cuentas con Dios. Necesitas hablar con Él, y necesitas escucharle. Necesitas pedirle perdón, confiar en Él, y lanzarte a la aventura de conocerle. Eso es lo primero.

Quizás el problema es que has querido cambiar el orden: primero voy a reconciliarme con la iglesia y entonces, estaré bien con Dios. No. No es así.

Es a Dios a Quien has ofendido con tu pecado. Es Él Quien te ha creado, y Quien envió a su Hijo a este mundo para que tengas vida por medio de Él. La iglesia no tiene protagonismo en ese aspecto.

Algunos, pensando que su problema es con la iglesia van de una iglesia a otra, como el que prueba colchones en una tienda, intentando descubrir cual es el más cómodo. Y así pasan los años, en una continua mudanza, para más tarde descubrir que todas las iglesias albergan a alguien desagradable, o que simplemente la iglesia no está a la altura de sus expectativas (que es lo que diría un crítico gastronómico muy estirado visitando un restaurante). ¿Eres tú de esos?. Cuando te canses de buscar iglesias “cómodas” terminarás en tu casa, amargado, y dispuesto a contar todos los cotilleos que has ido acumulando a cualquier que se cruce en tu camino, pensando que eres muy espiritual porque has encontrado algo censurable en cada iglesia de tu ciudad, pero ignorando que vives de espaldas a Dios.

Tú problema, el problema de todos nosotros es con Dios, ni con la iglesia, ni con la música de la iglesia, ni con los pastores, ni con las genealogías de la Biblia. Sería mucho más útil que en tu habitación, a puerta cerrada, teléfono apagado, te pusieras de rodillas y le preguntaras a Dios: “Señor, ¿tú yo estamos bien?, porque hace tiempo que no hablo contigo….. háblame, Señor”. Y a continuación te dieras a la tarea de leer tu Biblia y conocer Quien es Dios y qué quiere de ti.

2. ¡Pero si ya soy creyente!, lo que pasa es que no me atrae mucho mi iglesia. Ok, quizás ya lo has hecho, confesaste tu pecado y has confiado en el Señor Jesús, no sólo como tu Salvador sino como tu dueño, con autoridad en tu vida. ¡Amas al Señor!, entiendes que has sido perdonado, pero aún así, hay algunas cosas de tu iglesia que no te entusiasman. No es tan extraño, a mí tampoco me entusiasman algunas cosas de la iglesia, si te soy sincero tampoco me entusiasman algunas cosas de mí mismo, de mis contradicciones, de mis caídas, de mi orgullo, de mi pereza, supongo que otras personas tienen que soportarme. La iglesia está llene de gente normal.

Dice Tim Keller en su fantástico libro: “La razón de Dios” que la iglesia es una comunidad de personas heridas por el pecado. No somos una comunidad de chicos guapos y perfectos, cada uno hemos venido a Jesús con nuestros problemas, y en ese sentido es posible que como comunidad la iglesia tenga algunas carencias.

Te propongo que mires a tu iglesia de una manera diferente. En lugar de mirarla como el que mira un cuadro, buscando defectos, observa a cada persona, individualmente. ¿Conoces su pasado?, aquel hermano que se enrolla tanto cuando ora perdió un hijo en un accidente de tráfico, sus heridas son grandes, pero ¡míralo!, su fe en el Señor lo mantiene fuerte. Esta hermana que no habla con nadie y que viste con ropas del siglo pasado es tan tímida que acercarse a una iglesia hubiera sido imposible para ella, pero ¡aquí está!, pese a su timidez. Cada hermano encierra una poderosa historia de transformación y encuentro con Dios, individualmente son un pequeño milagro, y cuando todos cantan juntos están reconociendo que Dios es poderoso para salvar, y ¡ellos son una buena muestra!.

3. He visto cosas terribles en mi iglesia, no quiero saber nada más de ninguna iglesia. Amigo/a, sé de lo que hablas. He sufrido dos dolorosas divisiones de iglesia siendo un recién convertido. Tengo amigos que me han sido testigos de creyentes diciendo tales cosas en una reunión de iglesia, que ni siquiera la gente “del mundo” diría. Un amigo me dijo que en una reunión de iglesia la situación se puso tan tensa que los jóvenes tuvieron que salir fuera, porque lo que escuchaban les estaba haciendo mucho daño. Cuando salieron fuera, uno de los vecinos les preguntó: “¿Qué pasa, se matan o no se matan?”.

Te podría contar una historia detrás de otra del comportamiento vergonzoso a algunos que se llaman hijos de Dios, seguro que tú también podrías contarme algunas historias semejantes. ¿Qué hacer cuando tienes recuerdos tan dolorosos, quizás de gente a la que admirabas?.

Por desgracia estas cosas no son nuevas, desde el principio del cristianismo hubo personas así (3 Jn 3.19), un fabricante de electrodomésticos la tenía tomada con el apóstol Pablo (2 Tm 4.4) y le había hecho algunas jugarretas. Así que: número 1: no te sorprendas de estas cosas.
Lo siguiente que debes de tener en cuenta es algo muy importante: ¿en Quien has puesto tu fe, en Jesucristo, el Hijo de Dios que murió en la cruz por tus pecados?, ¿o quizás has puesto en la cruz en grupo de creyentes muy majos, pero que un día te decepcionaron?. Jesucristo nunca me ha fallado. Policarpo, cristiano de quien se dice que era discípulo del apóstol Juan antes de ser quemado vivo le pidieron que negara a Jesús, a lo que él respondió:

“ “Durante ochenta y seis años he servido a Cristo, y nunca me ha hecho ningún mal. ¿Cómo quieres que reniegue de mi Dios y Salvador? Si lo que deseas es que jure por el César, he aquí mi respuesta: Soy cristiano.”

Piensa en eso: ser cristiano significa confiar en Dios, ¿te ha fallado Dios?, si la respuesta es no, ¿vas a alejarte de él por personas que llevando el nombre de cristianos le han desobedecido?.

También es posible que cometamos ese error tan grande que es meter a todo el mundo en el mismo saco. Es una forma de silogismo que razona de la siguiente manera: he visto a cristianos ser crueles con otros, por lo tanto, todos los cristianos son así.

El Señor me salvó cuando tenía 18 años, en el momento de escribir esto tengo 42 años y he conocido a muchos creyentes, personas con una fe y un valor increíbles, pero también he de decir que he conocido a unas pocas personas que han usado la iglesia para hacer realidad sus ambiciones. Lo cierto es que los que más ruido hacen son los menos, y aquellos que llevan vidas de fe, muchas veces son los más silenciosos.

Ten cuidado de idealizar a los creyentes, porque no vamos a tardar en decepcionarte, el mejor antídoto contra esto es ser realista, y no perder de vista al Señor Jesús, el único que no falla (Heb 12.2). El cristianismo es mucho más que un club de amigos, es vivir bajo los propósitos de Dios, teniendo una tarea vital. Nada nos puede distraer de vivir para Él, nada debe desanimarnos, ni nuestras caídas, ni las caídas de otros.

Reflexiones personales

Cómo tener la victoria en medio de dificultades

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Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.

Ap 12.11

Esta mañana leía el capítulo 11 de Apocalipsis, libro que me FASCINA. En medio de una persecución terrible, ¿dónde está el apoyo?. Cuando el nuevo imperio romano renacido se levante, los que tienen el testimonio de Jesucristo y guardan los mandamiento (judíos salvados por la predicación de los 144.000)  sufrirán una terrible persecución, un sistema económico opresivo que excluye a los que no formen parte de la adoración mundial al hijo de Satanás (lo que la Biblia llama el misterio de iniquidad), eso les impedirá optar a un empleo, pagar suministros como luz, ir a comprar a una tienda, tener un vehículo, sanidad, se verán obligados a subsistir viviendo del trueque, fuera de las ciudades, fuera del sistema económico. Además, estará la represión policial y judicial, que pondrá todos los poderosos recursos de un estado totalitario y populista a perseguirlos, detenerlos y encerrarlos y ajusticiarlos.

La forma de vencer una oposición tan grande que te roba el sueño y la paz mental está encerrada en el versículo 11. La sangre del cordero, la victoria que Cristo llevó a cabo en la cruz y bajo la cual estamos seguros, intocables en las promesas eternas. Cristo Jesús efectuó un TRASLADO al salvarnos, no sacó de la potestad de las tinieblas y nos llevó a Su Reino (Col 1.13), podemos ser perseguidos, sufrir todo tipo de pérdida, podemos incluso estar angustiados, pero ¡estamos seguros! porque nuestra salvación ha sido ganada, y no nos puede ser robada. Nuestro testimonio aun en medio de duras pruebas es una victoria sobre el mundo espiritual que desea oirnos maldecir a Dios. El cristiano que sufre y que alaba a Dios está mostrando que la vieja mentira de el Enemigo a Dios (que le amamos por interés) es falsa. Nuestra muerte honra a Dios, si hemos vivido una vida  en la que, a pesar de las pruebas, no hemos dejado de alabar a nuestro buen Salvador.

Estos días tengo en mi memoria a mi amada hermana Isabel María, quien fue a los brazos de su Padre celestial tras una dura enfermedad. Conocí a Isa en la universidad, donde unos pocos estudiantes dábamos testimonio del Señor, y para mí ella mi ejemplo, como cristiana más madura. Ella me decía que no, pero lo cierto es que ella era la que estuvo animando a los novatos y asistiendo a estudios y mesas de literatura. Fueron días de mucha bendición, pese a lo solos que estábamos.

Durante un tiempo luchó con el Señor, la enfermedad de su hijo fue un durísimo golpe. Pero tras unos años, volvió a la comunión de su familia espiritual, más viva que nunca, más animada que nunca, resplandeciendo en ánimo y hambre de Dios. Y fue tras volver a integrase en la familia de la fe cuando le descubren una enfermedad que no dejó de avanzar. Pero siguió luchando. Ahora la lucha se acabó para ella, y está disfrutando del cumplimiento de las promesas por las que se sostuvo toda su vida. Ha vencido, por la sangre del Cordero, por la palabra de su testimonio, y por su vida y muerte, confiando en Aquel que le amó hasta la cruz. Desde aquí quiero recordarla con un profundo cariño.

Personal

Alentando a todo un autobús

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Ayer Martes terminaba mi trabajo en el barrio de Ciudad Lineal, tomé un autobús rumbo a casa. Contento por lo bien que el día había marchado. Apenas habíamos avanzado doscientos metros recibí una llamada al teléfono de un número desconocido.

-Hola, ¿este es el número de la iglesia?.

En la web de la iglesia tengo dos números de teléfono, ambos son míos. Para aquellos que me leéis de otros países, la iglesia en la que sirvo es una pequeña congregación, por lo que el teléfono que figura es el de mi domicilio y mi móvil personal.
La persona que me hablaba era un hombre jóven, latino. Sin rodeos me dijo que no sólo por la crisis le iba mal económicamente, sino que había cometido muchos errores, se había bautizado hacía pocos meses, pero había fracasado como cristiano.
Le pregunté si tenía esposa, si sus padres vivían, y le pregunté cómo se sentirían ellos al perder un hijo. Pero aquello evidentemente no servía de ayuda. El hombre me dijo que estaba pensando quitarse la vida. Personalmente no me alarmo cuando alguien me dice eso, de hecho lo he oído varias veces y gracias a Dios siempre han sido llamadas de atención de personas que sufrían más allá de lo que pensaban que podían soportar.
El autobús comenzaba a llenarse de gente, aunque yo estaba sentado en la última fila ya había personas próximas a mí, una chica de algo más de veinte años estaba sentada frente a mí, escuchando música con los auriculares, dos chicos estaban a mi derecha, charlando, y varias personas mayores entraban en la nueva parada e iban ocupando sus asientos.

-Pastor, creo que Dios no me va a poder perdonar.

Os confieso, con vergüenza, que el entorno no me parecía el más adecuado para dar aliento espiritual. El ruido del motor del autobús era ensordecedor, y me obligaba a levantar la voz. Pero, finalmente pensé: ¡qué más da!. Le pregunté el nombre a la persona con la que hablaba y me dirigí a él.

-Escuche, Cristo Jesús murió en la Cruz por nuestros pecados, no sólo por los suyos o los míos, sino por una incontable cantidad de seres humanos que vivimos de espaldas a Dios, ¡Él es un Dios de amor que envió a su Hijo, Quien es el único inocente, sacrificado para darnos vida y reconciliarnos con Dios!.

A estas alturas la chica que estaba sentada delante mía se quitó los auriculares y escuchaba muy atenta, una señora mayor se mantenía cerca de mí. Ya había empezado, así que seguí ofreciéndole a ese hombre lo que necesitaba y me había pedido: palabras de aliento. Le hablé de cómo podemos reconciliarnos con Dios, de nuestra incapacidad para agradar a Dios, que Jesucristo es el Salvador, no sólo un maestro de religión que nos enseña cómo ser buenos chicos.
Llegó mi parada y me levanté mientras seguía hablándole en medio del ruido, una mujer mayor estaba delante mía, bloqueándome la salida, quizás tan pendiente de lo que hablaba que ignoraba que me estaba impidiendo salir. Por fin pude salir a la calle y entonces le pedí permiso a mi interlocutor para orar por él. Estuve unos minutos intercediendo por él mientras al otro lado escuchaba unos sollozos contenidos. Cuando terminé el hombre me dio los gracias,

-Eso era lo que necesitaba, pastor.

A continuación le animé a buscar al Señor, a que reconociera su fracaso en su intento de ser un buen cristiano y que le pidiera a Jesús que fuera su Salvador y su dueño. Le dije que le llamaría al día siguiente para saber cómo estaba. Que buscara su Biblia, que hablara con Dios.

Esta tarde espero llamarle para saber cómo está. Pero no pienso sólo en mi amigo, sino en todas las personas que ayer a las ocho y media de la noche escucharon a un tipo miope y con barbas hablando a gritos por teléfono sobre el amor y la Gracia de Jesucristo.